Una pequeña luz se enciende en el afligido corazón del cartujo, una sonrisa relampaguea en su rostro sombrío, un recuerdo le entibia el alma.
Recorre las páginas del libro Dos veces intro: En la carretera con Patti Smith, de Michael Stipe, y vuelve al 5 de mayo de 2012 cuando, con la luna como testigo, la vio mágica y esplendorosa en la explanada del Museo Anahuacalli, en el sur de la Ciudad de México.
Los roqueros —según Francisco Umbral— son, con frecuencia, unos viejos muchachos y ella, a los 65 años, era esa noche la viva imagen de una adolescente rebelde contra el status quo, preocupada por la violencia y el futuro del mundo, cada vez más contaminado por la barbarie industrial. Pero también la de una mujer optimista cuyas canciones invitaban al arrebato y, como un bálsamo o un conjuro prodigioso, hicieron rejuvenecer a muchos de sus achacosos fanáticos.
En el libro, publicado por Sexto Piso, William S. Burroughs, legendario autor de El almuerzo desnudo, apóstol de la libertad y los excesos, no oculta su admiración por ella y escribe: “Patti Smith no es solo una cantante fantástica, es un chamán —es decir, alguien en contacto con otros niveles de la realidad—. Su efecto en la audiencia es eléctrico, comparable al de los rituales del vudú o de la umbanda, donde los miembros del público pasan a ser participantes y son literalmente elevados por encima de sí mismos”.
Dos veces intro: En la carretera con Patti Smith es un álbum fotográfico, el testimonio de su regreso a los escenarios —se había retirado en 1979 para dedicarse a su familia, pero la muerte de su esposo, el guitarrista Fred Sonic Smith, en noviembre de 1994, la hizo volver.
El retorno fue extraordinario, en una gira con Bob Dylan. Para ello juntó a una heterogénea banda con Lenny Kaye, su amigo y cómplice de tantos años, con quien comparte el gusto por la poesía y quien ha sido guitarrista imprescindible en todos —o casi todos— sus álbumes, Jay Dee Daugherty, Tony Shanahan, Oliver Ray y Tom Verlaine. A ellos se agregaron sus hijos y Michael Stipe, vocalista y líder de R.E.M., conocido por sus preocupaciones políticas y sociales, por su rechazo a la frivolidad de la farándula.
Stipe registró con su cámara la cotidianidad de la gira, los momentos íntimos, tensos o tranquilos, tristes o alegres; lamentablemente dejó fuera escenas como aquella cuando Patti interpretó con Dylan “Dark eyes”, lo hicieron tan cerca uno del otro —dice ella— “que un rosario de sudor, deslizándose sobre nuestras frentes, se unía mientras cantábamos”.
La publicación del libro coincide con el anuncio de un nuevo concierto de Patti Smith en la Ciudad de México (el 10 de mayo en Plaza Condesa), una noticia feliz en medio de tantos desastres y tragedias, de tanta corrupción. Una noticia para celebrar la vida, la poesía, la música, el misterio de la creación.
Tenía razón Umbral, los roqueros son perennes.
Queridos cinco lectores, con gratitud, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.