Superando el rechazo

El rechazo es doloroso. No hay manera de endulzarlo y tampoco de evitarlo. No importa si es un rechazo en el ámbito laboral, en el terreno familiar o en la vida sentimental. Sentirnos rechazados duele profundamente y, a fin de prevenir este dolor en el futuro, probablemente nos volvamos desconfiados, ariscos y cautelosos. El miedo al rechazo, en algunos, es tan grande que paraliza. Preferimos no actuar y no arriesgar nada a volver a sufrirlo.

A pesar de lo doloroso que es el rechazo no es necesariamente negativo. Reflexionando sobre el dolor del rechazo, el otro día caí en cuenta que muchas cosas buenas en mi vida han sido a causa de un rechazo inicial, que me llevó a mejores oportunidades. Hace muchos años escribí para la editora de una revista un texto sobre los hombres que se esfuman de una relación sin dar ni media explicación; cuales expertos ilusionistas no vuelves a saber de ellos. No devuelven llamadas, correos, nada. “El houdinazo”, lo titulé. Cabe aclarar que fue la editora quien solicitó el texto. Emocionada se lo envié y la única respuesta que obtuve al día siguiente fueron dos letras: Ok. Le pregunté qué le había parecido y ni siquiera respondió al correo. Su rechazo me dolió. Coincidentemente, por esas fechas, vino mi amigo y columnista de este diario Román Revueltas, al DeFectuoso (—como él le llama—). Fuimos a cenar y le conté la historia de “El houdinazo” y lo sorprendida que estaba por la lacónica respuesta de la editora. “Imagínate, tan malo le debe haber parecido que ni me contestó”, le dije. Román me pidió verlo y se lo envié. A él le gustó muchísimo y, a su vez, lo envió a Horacio Salazar, en Monterrey, quien entonces dirigía la sección Tendencias de este diario. A Lacho también le gustó y lo publicó dos semanas más tarde, el 31 de octubre de 2004. Desde entonces, he escrito una columna semanal y con el tiempo comencé a colaborar en otros medios. No podemos saber a ciencia cierta qué hubiese pasado si me hubieran publicado el artículo en esa revista, pero de lo que sí estoy segura es de que la columna Neteando con Fernanda, en este diario ha sido desde entonces una fuente de satisfacciones.

Algunas veces pensamos que el rechazo es un NO rotundo, y con el tiempo nos damos cuenta que no era una negativa, sino únicamente una señal de espera. Un “todavía no” de parte del universo. Quizá hay que esperar porque no era el momento adecuado, la persona correcta, no teníamos la preparación necesaria, etc. María, una amiga escritora, me comentó que su primera novela fue rechazada por dos editoriales antes de que la publicaran. Si bien el rechazo fue doloroso, en cuanto se repuso del golpe, se puso a buscar a otro editor. Un tiempo después publicó su libro con una editorial de más prestigio donde la trataron muy bien. Ernesto sufrió mucho cuando recibió la negativa para trabajar en un despacho de abogados. Fue doloroso porque tenía mucha ilusión de trabajar en un lugar así. Analizó las razones de la negativa y decidió superarlas. Estudió más fuerte y mejoró su inglés. Con el tiempo entró a trabajar en un despacho mejor que lo habían rechazado. Después del shock inicial, para muchos el rechazo es un resorte que los inspira a ir más alto o a reinventarse. Una amiga, después de que la despidieron en el despacho de contabilidad en el que trabajó por cinco años, decidió volar con sus propias alas y abrió su negocio de asesoría contable. Le va muy bien y está feliz de ser dueña de su negocio y de su tiempo. El truco, me dice, está en no quedarse estancada viendo lo negativo y buscando culpables, sino en ver las posibilidades y oportunidades. Moverse.

Los sabios aconsejan buscar lo positivo dentro de lo negativo. De hecho, los americanos tienen un dicho para referirse a buscar las bendiciones dentro los problemas que reza: “Every cloud has a silver lining” (cada nube tiene un forro de plata). Sé que suena muy obvio y que es muy difícil verlo en el momento. Casi imposible, la verdad. Si, por ejemplo, tienes el corazón roto porque el hombre que amabas te dejó por otra, probablemente no tengas ni fuerzas para pensar y mucho menos para ver lo positivo que ese rechazo puede tener en ese momento o a futuro. Pero con el tiempo, al mirar atrás, te darás cuenta de que la pérdida de ese empleo, esa relación... no era la desgracia que vislumbraste en ese momento, (ni mucho menos) y que definitivamente ese rechazo tuvo su lado positivo.

Afortunadamente lo que en un momento nos dolió tanto, con el paso del tiempo toma otras dimensiones. El rechazo se vuelve simplemente en uno de los escalones de la escalera del éxito. Un escalón doloroso, pero necesario, por cierto. En vez de verlo como algo definitivo y negativo, tenemos que aprender a lidiar con el rechazo, a levantarnos al día siguiente y continuar con nuestras vidas, ya que el rechazo es algo que viviremos de un modo u otro.

Cuando algo bueno se va, estamos libres para algo mejor.

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