Ya salió el peine...

Hace unas semanas escribí acerca de los amores prohibidos y me preguntaba por qué los hombres o mujeres que son infieles y se quejan de estar en una mala relación no dejan a su pareja. Bueno pues parece que la ciencia y la sociología ya tienen la respuesta. Por una parte, mi amigo Martín Bonfil Olivera, que publica una columna de divulgación científica en este diario titulada “La ciencia por gusto” me mandó un texto en el que habla del tema: “Qwerty, una historia de amor” (http://lacienciaporgusto.blogspot.mx/2004/06/qwerty-una-historia-de-amor...) y por otra parte, leí en la página de la revista Contenido un artículo titulado “¿Te fue infiel? Seguro te ama” (http://contenido.com.mx/2013/02/te-fue-infiel-seguro-te-ama/) que explicaba las razones de la infidelidad.

En el artículo de Contenido, el sociólogo Eric Anderson, autor del libro La brecha de la monogamia: hombres, amor y la realidad del adulterio, sostiene la tesis de que la infidelidad no es lo mismo que el desamor. De acuerdo con Anderson, el culpable de la infidelidad es el aburrimiento. Por ello, los hombres que son infieles únicamente buscan tener sexo con diversas personas para romper la monotonía, existe una insatisfacción sexual, pero se encuentran satisfechos con su pareja en otros niveles. Aman a sus parejas y no quieren abandonarlas. Es justo porque las aman y quieren quedarse con ellas, que las engañan ya que de lo contrario, la opción sería romper la pareja para disfrutar el sexo con la amante. Eric Anderson llegó a estas conclusiones al entrevistar a 120 hombres quienes manifestaron que la razón para ser infieles no era la falta de amor, sino el aburrimiento.

Por su parte, Martín Bonfil se pregunta por qué preferimos a un amor maduro que a uno nuevo, aunque a veces parezca más atractivo, con el siguiente ejemplo: “¿Por qué un hombre maduro —digamos— que tiene una amante más joven y guapa que su esposa, con la que vive un nuevo enamoramiento, no se atreve a dejar a ésta y vivir el nuevo romance en forma total?”. Martín niega que sea por un egoísmo cómodo, sino que después de tantos años, hay algo mucho más sólido que lo vincula a su esposa que la atracción o el enamoramiento que sienta por su amante: una historia compartida, a la que compara con lo que la ciencia evolutiva llama “fenómeno qwerty”, el cual explica por qué las especies biológicas pueden tener algunas características que no mejoran —y hasta estorban— su adaptación al medio, pero que tienen su explicación en la historia de esa especie.

La palabra qwerty se refiere a las cinco letras que aparecen desde la esquina superior izquierda en el teclado de una computadora. Contrario a lo que uno pensaría, las teclas fueron colocadas de esa manera para que se dificultara la manera de alcanzarlas, la escritura no fuera demasiado rápida y así evitar errores en las antiguas maquinas de escribir. Hoy, que contamos con computadoras, no hay esa necesidad pero a pesar de ello y de que existen distribuciones de teclado más cómodas que permiten escribir con más velocidad —como el llamado teclado Dvorak— no hemos cambiado la distribución del teclado porque tendría un costo irracional. El que continuemos usando el teclado Qwerty es un ejemplo de una solución histórica, no racional a un problema. En biología sucede lo mismo. Hay características poco adaptables de los organismos que pueden entenderse debido a su historia evolutiva. La razón por la que están ahí es porque ya existían en sus antepasados y resulta imposible eliminarlas, como el apéndice, que no sirve más que para infectarse de gravedad, o el diseño deficiente de nuestros ojos en que las fibras nerviosas pasan por delante de la retina estorbando la visión y facilitando el desprendimiento de esta membrana. Martín concluye que en cuestión de amores, sucede lo mismo que con la evolución, la historia decide con qué nos quedamos.

Supongo que algunas historias de amor en las que aparece la infidelidad podrán explicarse por medio de alguna de estas teorías. Sin embargo, creo que resulta imposible generalizar los sentimientos de los seres humanos y las tantas razones que los llevan a la infidelidad y a preferir seguir en la relación donde están. En algunos casos serán razones económicas, en otros los hijos y mil situaciones que pueden presentarse que no tienen que ver con el aburrimiento o la historia compartida.

Debemos de sacudirnos los conceptos de “relaciones perfectas”, “amores eternos” y “vivieron felices para siempre” para darnos cuenta que la capacidad de compromiso de cada uno es diferente. Las relaciones no funcionan por arte de magia, hay que echarle ganas todos los días, la pasión no dura para siempre y no todos tenemos la capacidad —o la decisión— de mantener una relación monógama a largo plazo. Quizá, lo que necesitamos es desarrollar una mejor comunicación con nuestras parejas, ser honestos, expresar nuestras necesidades y así forjar una historia compartida en donde no quepa el aburrimiento; o bien, aceptar que no podemos ser monógamos y así comunicarlo a nuestra pareja.

fernanda@milenio.com
http://www.milenio.com/blog/fernanda
Twitter http://twitter.com/FernandaT