Me cagan los Beatles

Así lo dijo el sujeto este, y no pude menos que pensar que sólo era un pobre idiota con un criterio muy limitado. Cuando le pregunté sobre si lo que le cagaba era el grupo o su música, dijo que era lo mismo.

“Insoportables”, declaró. Intenté meterle sentido a lo que estaba diciendo; “Quizá te caga lo que representa para ti el grupo. O tal vez lo que te molesta es la manera en que interpretan sus composiciones, pero te digo que las canciones están bien hechas, ejecutadas de acuerdo al estilo de la época, y han tenido un efecto tremendo en las personas. También podríamos pensar que lo que no te gusta de este grupo es su popularidad, la publicidad, el fenómeno mediático en el que se convirtieron, pero nada de eso tiene que ver con la música, porque, a fin de cuentas, son músicos, ¿sabes? y de lo que se trata es justamente de eso: música. Lo demás vale madre”.

Pero él insistió en que todo eso que llaman "Beatles" era una pendejada abominable.

Le dije que yo era el maestro Yoda, y que si cerraba los ojos y escuchaba la música, entonces escucharía sólo eso, sin la etiqueta de un grupo o su connotación cultural. ¡Sólo música!

Pero él insistió en que (los Beatles) no valían madre.

Ok.

La fiesta siguió y los alcoholes inflamaban pasiones. Por suerte el tema del cuarteto inglés no volvió a tocarse, porque bien se sabe que esta clase de discusiones casi siempre terminan en intercambios verbales acalorados, luego en golpes, y no en pocas veces, en homicidios horrendos, terribles, mórbidos. Pero de pronto algo ocurrió que hizo que las cosas dieran un vuelco insospechado; de la consola salían los gritos de Vince Neil, vocalista de Mötley Crüe.

"Look out helter skelter
She's coming down fast.
Yes she is.
Yes she is"

Entonces el tipo Beatlefóbico comenzó a seguir la letra de la canción, y con los ojos cerrados y haciendo toda clase de muecas, gritaba y se estremecía. La canción terminó y cuando salió de su delirio metalero, le pregunté si le gustaba aquella canción. "¡Es la mamada, wey!", exclamó, mientras le daba un sorbo a su jaiból. "Bueno", repliqué, "pues te informo que esa pieza es un cover de los Beatles, compuesta por Paul McCartney: es un clásico de su álbum blanco". El tipo no daba crédito. “No mames, cabrón”, espetó, y con un aspaviento me arrojó una maldición hebraica milenaria. "Googléalo", dije, apuntando a su celular. Y lo hizo. Colocó su vaso en una mesa elevada y se hundió en el Internet.

Mientras leía, los hielos de su bebida no se disolvían, se evaporaban, liberando vapores psicodélicos, frenéticos, histéricos, coléricos. Se guardó el teléfono, dobló su emoción previa por aquella canción, la metió en una bolsa para vomitar (como la de las aerolíneas) y se retiró sin decir una palabra.

"¿Qué le pasó? ¿Por qué se fue?" Preguntó un cuate que andaba por ahí. Y contemplando el jaiból que el tipo había dejado sobre la mesa eyectando supuraciones satánicas, dije:

"Le caga Mötley Crüe"