En cualquier tipo de situación es mejor saber dónde estás parado, por incómodo y pedregoso que sea el terreno. Por difícil que sea, siempre es mejor conocer la verdad. Las mentiras, o verdades a medias, acaban por romper el más sólido de los romances. Hace tiempo en una reunión de amigos, Julieta nos contó que después de su divorcio se había enamorado perdidamente de un hombre casado. Lo conoció por azares del destino mientras esperaba en el consultorio de un médico. Empezaron a hablar y el flechazo fue instantáneo. Desde un inicio él le dijo que era casado. Le explicó que su matrimonio estaba en “etapa terminal” pero sus hijos eran pequeños y no quería divorciarse en ese momento. Sin embargo, dijo que quería pasar el resto de su vida con Julieta y le pidió tiempo. Ella le preguntó cuánto tiempo necesitaba para resolver su situación y él respondió que cinco años. Julieta accedió pensando que después de un tiempo estarían juntos para siempre.
Durante cinco años Julieta llevó el romance con extrema discreción, al grado que no se enteró ni su hermana. Tenían una gran relación, a pesar de las limitaciones que ella consideraba temporales, y por ello no le importaba estar siempre en segundo plano. Pasó un año y después otro. Finalmente el plazo se cumplió. Él le dio, como todos los años un lindo regalo de aniversario, pero no hubo mención de cuándo iniciarían una vida juntos. Julieta decidió darle un poco más de tiempo y después de unos meses, sacó el tema de su divorcio. Él respondió con pretextos y evasivas: que si sus hijos aún eran pequeños, que ya estaba viendo el tema con un abogado pero que era una situación complicada ya que su mujer no quería divorciarse y bla, bla bla. Julieta me contó que en ese momento sintió que su mundo se venía abajo. Sus sueños de una vida en común se derrumbaron. Ella había creído en su palabra y había respetado el tiempo que le había pedido. No pudo decir nada y tampoco quería escuchar nada más. Pidió un taxi y no lo volvió a ver. Julieta dijo que si él le hubiera dicho desde un principio que no pensaba divorciarse, ella seguramente habría aceptado la relación —algo así como la canción de Pablo Milanés “Lo prefiero compartido antes que vaciar mi vida” — pero como él siempre fue tan claro en que quería divorciarse para iniciar una vida con ella, le creyó.
El darse cuenta que no tenía la menor intención de cumplir con su palabra y sentirse engañada, fue tan doloroso que terminó con lo que sentía por él. Supo que todos esos años habían sido en vano y se sintió como una tonta por haber pensado que algún día dejaría ese matrimonio que desde hacía cinco años estaba en “etapa terminal”. Julieta reconoce que todavía no puede entender por qué alguien que decía estar profundamente enamorado de ella, prefirió continuar con un matrimonio infeliz. En algún momento pasó por su cabeza la idea de darle más tiempo, pero entendió que si no había podido o querido terminar su relación en más de cinco años, probablemente nunca lo haría y ella no quería seguir así el resto de su vida. “El amor prohibido funciona muy bien de lunes a jueves” dijo Julieta. “Pero llegó un punto que yo quería toda la semana. Estaba harta de esconderme, de no poder salir juntos, pasar sola Navidad, Año Nuevo, cumpleaños y los fines de semana”.
Los triángulos amorosos han existido siempre. Por eso, hay quienes dicen que es mejor estar en igualdad de circunstancias y si tienes un amor prohibido lo ideal es que los dos tengan una relación. Así, los dos disfrutan el tiempo que pasan juntos sabiendo que ninguno va a dejar a su pareja, es algo delicioso pero pasajero y sin futuro. En una relación así no hay engaños, falsas expectativas, ni promesas sin cumplir. Entrar en una relación desigual no es buena idea. Y peor aún si tienes la expectativa de que algún día tu situación cambiará. De acuerdo con un amigo que es psicólogo, entre sus pacientes hay muchos hombres y mujeres que son infieles pero que no piensan dejar a sus parejas por muy enamorados que estén de su amor prohibido, y aunque a éste le digan que sí lo harán y le pidan tiempo y comprensión. El entablar una relación con un hombre o mujer casados, con la expectativa de que dejará a su actual pareja, resulta, en la mayoría de los casos, en una dolorosa pérdida de tiempo.
Algunos dirán que siguen casados por los hijos, que las infidelidades no son importantes y no afectan su relación de pareja; o bien, que consideran que el matrimonio es para toda la vida. No es cuestión de juzgar si los amores prohibidos son algo moralmente bueno o malo. Es algo que sucede y cada uno conoce las razones que lo llevan a ello. Más allá de los acuerdos que existan entre las parejas, y si conocen o no sus infidelidades; si alguien decide vivir un amor prohibido, la clave está en no engañar, ni engañarse. De lo contrario, esos amores prohibidos serán profundamente dolorosos e improductivos.
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