En pleito con la realidad

Las cosas son como son, no como queremos que sean. Es tan lógico, sensato, e infalible que debería ser piedra angular en nuestra conducta. Sin embargo, con frecuencia me veo a mi misma y a gente a mí alrededor en pleito con la realidad, o dicho en otras palabras, sin poder aceptar las consecuencias lógicas de nuestras elecciones. De alguna manera, es como entrar en una vida paralela en la cual nuestra percepción de lo que sucede no es congruente con lo que está pasando. Por supuesto que esta vida paralela no encaja con lo que otros ven y lo que la realidad muestra.

Esta forma de autoengaño sucede cuando elegimos en mayor o menor medida culpar a otros de lo que está pasando en nuestra vida, en vez de tomar el “toro por los cuernos” y entender que estamos en esta determinada situación a causa de nuestras decisiones. Mi amigo Martín perdió su empleo debido a un recorte de personal en su empresa. Culpó a la crisis, a su jefe, a las políticas corporativas que, a su decir, eran crueles e insensibles. Sentía que era una víctima de la situación y estaba muy resentido. Por supuesto que buscaba trabajo con ganas de encontrarlo. Finalmente, acudió a una terapia en donde se dio cuenta que si bien la crisis y las malas políticas de la empresa eran ciertas, también lo era que su actitud en el empleo había sido deficiente. No era un empleado puntual ni tenía una buena relación con sus compañeros. Frecuentemente, no terminaba el trabajo que le encargaban a tiempo. Cuando pudo entender que su deficiente actitud era la verdadera culpable de su situación de desempleo dejó de sentirse víctima. Comprendió que, si bien no podía cambiar lo que había pasado en su empleo anterior, sí podía modificar su actitud y echarle todas las ganas en su próximo trabajo. Se puso a buscar con mucho entusiasmo uno nuevo, mismo que por supuesto encontró.

Es necesario enfrentarse con la realidad, amigarse con ella y aceptarla para poder cambiarla. Si no la puedes cambiar, entonces es menester tratar de vivir lo mejor posible con la realidad que te tocó. Para esto hay que dejar la autoflagelación y dejar de sentirnos víctimas de las circunstancias. Porque en realidad somos víctimas de nosotros mismos y de nuestro engaño. Una cosa es que otros te mientan, y otra muy diferente es que te mientas a ti mismo. ¿Qué es lo que estás ganando? En realidad nada, solo una ilusión que en el fondo ni tú mismo crees. Podemos contarnos mil cuentos, pero sabemos que son solo eso, historias.

Durante la semana pasada, leí, no recuerdo en dónde, un artículo que mencionaba que 30 por ciento de las parejas declaraba que su matrimonio era semifeliz, entendiendo por esto un matrimonio que no está tan mal como para dejarlo, pero tampoco está tan bien para que te haga sentir pleno. En estas relaciones, por lo menos para uno de los integrantes, el matrimonio carece de algo. A pesar de que su hogar funciona eficientemente, y no se están aventando los platos en la cabeza, algo no está funcionando. En algunos casos, el matrimonio se ha transformado en una mera amistad, y es una pareja sexualmente inactiva. En otros casos, la pareja ha perdido todo sentimiento de conexión intelectual o afinidad, o bien, los cónyuges no han crecido al mismo ritmo.

Me parece que son un buen ejemplo de este pleito con la realidad. Sabes que hay algo mal, pero prefieres ignorarlo. Cada una de estas parejas en esta situación se cuenta una historia para justificarse y continuar con la misma vida. Para algunos serán los hijos, otros dirán que es lo más cómodo y lo mejor para todos, otros se preguntarán a sí mismos si no es egoísta esperar más del matrimonio. Quizá algunos pretendan engañarse y pensar que esto es lo mejor a lo que pueden aspirar dadas las circunstancias, o que es algo “temporal”. Lo cierto es que hay un problema, que no nos sentimos bien y que es nuestra responsabilidad y producto de nuestras elecciones encontrarnos en esa situación de “semifelicidad”. Nos peleamos con la realidad o entramos en este mundo paralelo para evitar sentirnos fracasados o frustrados. Desafortunadamente, el negar el problema no lo resuelve, por el contrario, nos condena a seguir en la misma situación de mediocridad.

Si así lo elegimos, podemos vivir en pleito con la realidad durante años, aunque en el fondo sabemos y no queremos aceptar que somos responsables de nuestra situación. Cuesta trabajo aceptar la realidad; sin embargo, ¿qué clase de vida puedes tener si tú mismo te engañas? No podemos evitar que haya gente a nuestro alrededor que nos mienta, y algunas veces nos enteraremos de la verdad y otras no. Pero podemos evitar mentirnos a nosotros mismos y dejar de seguir viviendo en una situación dolorosa, teniendo una vida a medias.

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