Si no fuera todo tan triste, daría risa. Si no hubiera víctimas de por medio, el cartujo arrojaría a la basura su habitual hieratismo para carcajearse sin recato con la comedia de enredos de la política y la justicia en nuestro país.
Recuerda aquella mañana del 9 de diciembre de 2005, cuando vio en el noticiario de Carlos Loret de Mola la captura de dos secuestradores —Israel Vallarta y su novia Florence Cassez— en el rancho Las Chinitas, en el kilómetro 29 de la carretera federal a Cuernavaca. Emocionado, el reportero Pablo Reinah, cuyo ascenso en Televisa parecía imparable, describía las escenas de un perfecto operativo policiaco. Daban ganas de saltar y aplaudir la preparación y eficacia de los policías de la Agencia Federal de Investigación (AFI), de bendecir a su director, Genaro García Luna.
En su crónica “La verdad secuestrada”, publicada en julio de 2011 en la revista nexos, Hector de Mauleón narra cómo la perspicacia de la periodista de MILENIO Televisión Yuli García, entonces colaboradora del programa Punto de partida, conducido por Denisse Maerker en Televisa, desbarató ese castillo de naipes edificado desde la pantalla.
Ella presintió el engaño y comenzó a investigar. Gestionó una copia del parte oficial de la detención, fue al archivo de la televisora, revisó los videos sin editar de la transmisión, comparó los horarios consignados, y encontró una maraña.
“Los AFIs estaban formados en la puerta del rancho —le cuenta a De Mauleón—, esperando la indicación para entrar. Una voz de la producción, que venía desde la cabina, le decía a Pablo Reinah: ‘Todavía no, Pablo. Vamos a ir primero con una nota de deportes y luego vamos contigo’. Pablo le dijo a los policías: ‘No se muevan. Vamos a meter una nota de deportes y luego seguimos nosotros’. Se oyó la voz de un mando que les dijo: ‘Regresen, hagan la fila, yo les digo cuando avancen’.
“No estaban ahí las voces caóticas —continúa Yuli—, cargadas de adrenalina que uno escucha en los operativos. Me resultó evidente que el rescate era actuado: en un operativo real, la policía no espera a que Loret termine de pasar una nota de deportes, entra y ya”.
Al revisar los 13 tomos del expediente del caso de Florence Cassez (de alrededor de mil páginas cada uno), Héctor se encontró en una selva de mentiras, verdades a medias y contradicciones. Las mismas víctimas ofrecen versiones distintas en diferentes momentos y las autoridades policiacas se tropiezan una y otra vez con la piedra del descrédito.
¿Es culpable Florence Cassez?, se le pregunta al escritor de La perfecta espiral. “No sé —responde—. El expediente no nos permite saber si es inocente o culpable. Eso no lo vamos a saber nunca”.
La respuesta, terrible, deja temblado al cofrade, quien lamenta los males ocasionados por un sistema ineficaz y corrupto.
Queridos cinco lectores, extraviado en el laberinto de opiniones sobre una historia sin final feliz, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.