Persépolis y otros imperios en ruinas

Una visión de Persépolis, el cómic.

No había batallado en leer un libro desde hace mucho tiempo. Siempre los tomaba, los bebía como agua, y los terminaba a gusto. Daban de qué hablar y pensar, pero – a excepción del Atrocity Exhibition de J.G. Ballard, que me causaba náuseas - nunca ocasionaban dolor físico o mental.

Gracioso que el libro que ahora me hace llorar, vomitar, y sentir que el corazón literalmente se rompe, sea una novela gráfica. Un “cómic”, como le llamarían los incultos (dijo la Reina de Francia).

Persépolis es la obra maestra de Marjane Satrapi, originaria de Irán y expatriada en Francia. Quienes prefieren al Séptimo Arte por encima de la literatura, recordarán la adaptación animada dirigida por la misma autora y nominada a un premio de la Academia. Los devotos a la novela gráfica, por su parte, quizás estén también familiarizados con otras obras como Pollo con Ciruelas (llevada al cine de carne y hueso a finales del año pasado) y Embroideries.

Esta historia en dos tomos es una crónica de la infancia y la adolescencia de Satrapi en una Irán que pasa de la mano aprehensiva del Sha a un intento de revolución comunista al infierno en vida bajo el poder del extremismo religioso. Bajo el nuevo orden, los disidentes de viejos órdenes morían en misteriosas circunstancias, la gente se fugaba del país de forma legal o ilegal, y la educación era manipulada cual plastilina. Todo aquello alejado de la aprobación de los fundamentalistas era prohibido, y las mujeres tenían que cubrir sus cabezas lo quisieran o no. El pueblo buscaba un cambio, pero les dieron atole con el dedo. Y censura de la más violenta calaña. Y un conflicto bélico con Irak. Marjane y su familia no quisieron permitir que los cambios alteraran su estilo de vida. Con un historial izquierdista, incluyendo a un abuelo que pasó de príncipe a Primer Ministro a comunista a prisionero político, seguían organizando sus fiestas con juego y bebida a escondidas de los delatores islámicos, y Marjane se regodeaba con la cultura popular de Occidente. Pronto ya no pueden más, y los padres de Marjane la mandan a Austria a continuar sus estudios.

En el segundo tomo, “The Story of a Return”, Satrapi habla del choque cultural y contracultural que sufre durante y después de su estancia en el extranjero. Estará físicamente libre de la tiranía, pero no mentalmente. El conflicto te sigue a todas partes. A eso, se le suman otros problemas que serán tontos y superfluos, pero para la mente de una adolescente, lo son todo. Conflictos con los renteros, el primer noviazgo, malas influencias, trabajos malpagados, y los vicios que comienzan a notarse en tu rostro. La chica que sobrevivió a masacres sociopolíticas y muertes cercanas, se quebrantó por completo tras una decepción amorosa. Terminó viviendo en la calle, fumando sin cesar, desaparecida del mapa por un par de meses, hasta que acabó con bronquitis y casi murió en el hospital. Vaya que las prioridades del alma y la mente están más que podridas, pero no pasa nada. Así funciona el ser humano. Entonces volvió a su país, con depresión clínica, a una nación que ya nunca volvería ser la misma. En casa, Marjane sobrevivió una sobredosis, se volvió instructora de aerobics, y en la escuela de artes combatió al régimen con pequeños actos revolucionarios como reír en voz alta y usar lápiz de labios. A los veinticuatro años, tras un breve y fallido matrimonio, se fue a Francia. Esta vez para siempre, y esta vez con mejores resultados: libros publicados, una relación estable, una película nominada al Oscar, y convirtiéndose en un gran ejemplo a seguir para las mujeres de tinta y papel.

No es de sorprender que su mentor en el mundo de la novela gráfica haya sido David Beauchard, mejor conocido como David B. y como el autor de La Ascención del Gran Mal, una autobiografía en la que incluye el deterioro físico y mental de su hermano epiléptico. Satrapi comparte con Beauchard tanto el dibujo en blanco y negro como la honestidad dolorosa. Uno con un monstruo en la cabeza de su familia, la otra con un monstruo en la cabeza de su país.

Quienes me conocen saben que vivo fuera del país. Si han pasado tiempo en la sección de noticias de esta publicación, no bastará explicarles el por qué. La tragedia mexicana no es equiparable en lo absoluto con la tragedia iraní, y ninguna es peor que la otra. Las dos, con sus respectivas circunstancias y reacciones, son igualmente aterradoras. Quizás no tengamos conflictos vecindarios – aún -, pero esta guerra civil es terrible y desconcertante. No dejo de pensar en mis primas y sobrinas que están creciendo bajo esta nube de tensión y muerte. ¿Se sentirán como Satrapi? ¿Llegarán, como ella y como yo, a fugarse pero jamás a olvidar? ¿Habrá un punto en el que se viva con más ligereza, o la mente seguirá condenada a vivir en estado de sitio?

Por cierto: como este sitio tiene reputación compartiendo proyectos, aquí pueden descargar Persépolis 2.0, un pequeño relato sobre las elecciones del 2009 en Irán. Las imágenes fueron tomadas con permiso de la autora, y los editores Payman y Sina están más que contentos con que se comparta por Internet y por twitter.

Cynthia Rodríguez