¿Teles o contenido?

Hace un par de semanas en Las Vegas tuvo lugar uno de los eventos más grandes en el mundo de la electrónica de consumo, el "Consumer Electronics Show" o CES, donde muchas empresas presentan sus últimas novedades, con las notables excepciones de Apple y Google.

El CES tiene mucha influencia como detector de las tendencias del año, tanto por hacerse en enero, como por la gran importancia que le dan empresas como Microsoft y Samsung.

Este año, como hace un par de años, las estrellas fueron los televisores, tanto por las nuevas tecnologías que se presentaron como por las que no se presentaron. Entre estas últimas, llamó la atención a muchos expertos la ausencia de televisores de 3D, que en el CES de 2010 se presentaron como la gran novedad que revolucionaría el mundo de la televisión. Aparentemente no tuvieron la acogida que se esperaba, y por otra parte el contenido en 3D sigue brillando por su ausencia tres años después. En todo caso, la capacidad de reproducir 3D se está volviendo una característica más de muchos televisores nuevos, pero la verdad no ha sido de gran interés para los consumidores dada la falta de contenido.

En el lado de las nuevas propuestas, los fabricantes de teles, liderados por Samsung, presentaron el nuevo estándar 4K, también llamado UHDTV, "Ultra-High Definition TV", que tiene cuatro veces más puntos en la pantalla que el llamado "Full-HD". Esto es, la pantalla tiene 3,840 × 2,160 pixeles.

Aquí el problema es que las transmisiones de televisión en 4K todavía no existen, y ni siquiera se ha terminado de reemplazar el DVD por el Blu-Ray. La mayoría de las transmisiones en alta definición son de 720 líneas, ni siquiera las 1024 de la alta definición completa. ¿en qué cabeza cabe que vamos a lanzarnos a comprar estos nuevos televisores cuando el contenido no existe?

Esta avidez de los fabricantes por meter a como dé lugar nuevas características para que les compren más teles, contrasta con lo primitivo que es la experiencia de ver la tele por parte de los espectadores. Sin meterse a comentar sobre la pobreza de contenido de los canales de TV (sobre la que mucho se ha dicho ya), a mí me llama la atención lo primitivo de la forma en que manejamos las opciones de programas.

Dice Tim Cook, y yo estoy de acuerdo, "cuando llego a la sala y prendo la televisión, siento que hago un salto en el tiempo a veinte años atrás". Nunca mejor dicho. Y eso que en la casa tengo un DVR para grabar los programas con antelación, para no depender de lo poquísimo que puede estar disponible en el preciso momento en que prendemos la tele.

El problema con la forma de acceder al contenido por los espectadores es que los distribuidores nos ponen obstáculos que no dependen de la falta de tecnología. Por ejemplo, una limitación básica de los grabadores de tele que nos distribuyen con Sky o Cablevisión es que hay que grabar los comerciales (ocupando espacio de disco) y si se los quiere uno saltar, hay que avanzar a mano, tratando de atinarle al momento exacto en que reinicia la programación, lo que requiere algo de pericia. Uno entiende que las cableras y las televisoras ganan dinero poniendo comerciales, pero me llama la atención que ofrezcan la posibilidad de avanzar los comerciales, pero no de hacerlo fácilmente. El chiste es que el usuario batalle.

En efecto, tecnológicamente sería muy simple poner una opción de "saltar comercial", pero las empresas de cable no se atreven a hacerlo por temor a ofender a los anunciantes. Es más, el cliente no tiene opciones para elegir la caja que va a controlar la programación de la tele, y la verdad, el software de las cajas ofrecidas tanto por Cablevisión como por Sky es muy pobre y primitivo.

Adicionalmente, dichas empresas de cable o satélite eliminan algunas opciones originalmente ofrecidas por el equipo, como la de accesar el contenido del disco de la grabadora por medio de un USB. Tienen miedo de que el cliente "copie" en USB las películas que grabó y solo Dios sabe lo que hará con dichos archivos. En otras palabras, el cliente es el bandido potencial a quien en vez de ofrecerle opciones hay que limitarle hasta donde se pueda, quedando solo la funcionalidad básica con la que el proveedor de contenido y los anunciantes no se sientan inquietos.

En este contexto, las maravillas ofrecidas por exposiciones como la CES chocan con una realidad en que los intereses comerciales más retrógradas son realmente los que limitan una mejor experiencia del espectador de televisión. Tal vez, como promete Tim Cook, Apple o alguien más ofrezca una "caja" inteligente conectada al televisor que sí nos ofrezca las opciones demandadas por los clientes, tales como saltar comerciales, o ver el contenido en las pantallas complementarias que tenga el usuario (computadora, tableta), o finalmente, la posibilidad de elegir una opción de "caja" para conectar a la tele y disfrutar el contenido como quisiéramos.