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Crítica.
Internet es un edificio con un número indeterminado, probablemente incalculable, de ventanas. He aquí dos, chiquititas:
Uno. Durante 2012 aparecieron en internet algunos ensayos realmente extraordinarios. Algunos fueron exactamente como serían en papel. Por ejemplo, Louis CK and the rise of the laptop loners de Adam Wilson en la LA Review of Books, tal vez la aproximación más detenida, hasta ahora, a los alcances del drama que es esa cosa cambiante e inasible: Louie. (La misma Review había posteado otro buen ensayo meses antes: In Hell “we shall be free”: On Breaking Bad de Michelle Kuo y Albert Wu; y otro de Phillip Maciak: Old media: On Aaron Sorkin. Hay que seguirlos de cerca.)
Otro al que siempre hay que tener a la mano: el profesor David Bordwell. Él tampoco explota a fondo las posibilidades de internet (aunque ya intentó un primer video ensayo: Montaje constructivo en Pickpocket de Robert Bresson) pero el rango de su inteligencia y la apertura de su aproximación son desarmantes. Obsérvese por ejemplo Return to paranormalcy, donde inspecciona una de las claves de su poética del cine: ¿cómo puede un creador hacer algo nuevo dentro de un ecosistema y, más aún, dentro de un ecosistema extremadamente limitado? El ecosistema es la serie Paranormal activity y los límites son los que ya sabemos: todo lo que vemos tiene que haber sido grabado dentro de la película. Las respuestas del viejo maestro son sabias. (El tipo publicó un libro en mayo, en pdf, como quien enchila otra tortilla: Pandora’s digital box: Films, files, and the future of movies. Lo vende a cuatro dolaritos. Cómprenlo, no mamen.)
Tom McCormack es otro crítico “tradicional” agudísimo. En Laws of desire investiga en qué tenía razón Videodrome: Cuerpos invadidos de David Cronenberg; en Dance dance revolution analiza la dimensión política de Girl walk // All day. Pero el que promete ser un ensayo seminal –yo le veo los alcances del mítico Une certaine tendance du cinéma français de Truffaut– es Pussy galore, sobre el video de gatos, ese género cinematográfico simbólico del siglo 21. Se agradece, de paso, la muy tensa prosa de McCormack. (Mucho mejor que la del alrevesado Truffaut.)
Más dotado de recursos tecnológicos, Jim Emerson no publicó en 2012, lástima, uno de sus excelentes videoensayos (¿recuerdan In the cut: Deconstructing the action sequence?; era grande). Suerte para todos, su examen de los colores en De entre los muertos fue uno de los posts más inteligentes, ¡y bellos!, de la crítica gringa. Favor de no perdérselo: Verdant Vertigo: Dreaming in Technicolor.
Oh, que no se me olvide la última gran pirámide de la crítica en internet: The Blue Velvet Project de Nicholas Rombes. Construida entre agosto 2011 y agosto 2012, está hecha de 152 textos sobre la película de David Lynch. La estrategia: freezear Terciopelo azul cada 47 segundos, sacar un pantallazo y escribir un ensayo sobre esa imagen. Obviamente el resultado es variadísimo: hay posts poéticos, teóricos, freudianos, marxistas, bobos, pachecos, iluminadores. Todo el proyecto puede leerse acá (como es blog, va en orden cronológico inverso); la intro está aquí y el primer post es este. Nicholas Rombes, claramente, está loco.
Dos. Internet es el planeta de los videos de gatos, ya lo sé, pero también del videoensayo inteligente. En 2012 treparon varios de gran perspicacia. Van dos: Dreaming of Jeannie de Tag Gallagher ya se convirtió en un indefectible para estudiar La diligencia (Stagecoach) de John Ford –y el western en general–, y Style in The Wire de Erlend Lavik es un impresionante cállense la boca a quienes creen que la serie de David Simon era, estilísticamente, poco imaginativa. (Professor Bordwell dijo hace un par de años que The Wire le había parecido “uninspiringly shot”. Tal vez ya cambió de opinión.)
Que el videoensayo es un género aún en gestación lo confirma el hecho de que sus límites son extremadamente borrosos. Nelson Carvajal considera su Behind you un videoensayo “sobre ese momento en que sientes que alguien, o algo, está detrás de ti: volteas y no hay nada”. A mí me parece una obra de ficción hecha y derecha; además: inquietante, incómoda. (Tal vez sea por la música, ‘Hands & feet’ de Jon Brion.)
Tal cual la obra de kogonada, un maestro editor donde los haya. En 2012 subió dos piezas hermosas: Wes Anderson // From above (música: ‘More to see’ de Jonathan Ellis) y Kubrick // One-point perspective (con ‘Lux æterna’ de Clint Mansell), y una obra maestra: Ozu // Passageways con música de Ólafur Arnalds y Nils Frahm. Ojalá kogonada haga una instalación con ella y ojalá, si no es mucho pedir, la traigan al Muac o de perdis al Tamayo.
La que sí es una instalación es Rear window loop (2010) de Jeff Desom. Se proyecta en una superficie de 10x2 metros y dura 20 minutos. El año pasado Desom hizo un remix de esa instalación y lo subió a vimeo. Todo lo que se ve en La ventana indiscreta de Hitchcock en un sorprendente copy-paste sobre la danza húngara no. 5 de Brahms rebajada a easy-listening: es Rear window timelapse. ¿Cómo chingados lo hizo?
Para acabar: un largo y un corto de ficción que llegaron a internet en 2012 aunque fueron completados en 2011 y 2010. El largo es Girl walk // All day de Jacob Krupnick: una sinfonía de la ciudad (Nueva York, arrancando en Staten Island), una mentada de madre al cinismo y una pintada de wevos al sistema y sus engranes de fierro. #Occupyeverything. El corto es The eagleman stag de Mikey Please, una película no sólo técnicamente deslumbrante sino también poderosa, reflexiva. Su sujeto es el valor del tiempo y su conclusión: decreciente. Véanlo. Véanlo.