El eslabón más débil
Es de lo más difícil armar equipos exitosos. Cualquier persona que haya manejado grupos lo sabe. Y es que por más que se afane uno por hacer cosas formidables, bien cuidadas, sensacionales, siempre el juicio llega por el lado de lo peorcito: no te juzgan por lo mejor que haces, sino por tus peores tarugadas.
Mientras cavilaba sobre las implicaciones de esto, recordé dos cosas. La primera, unos versos de León Felipe que vi por primera vez pintados en una pieza que me pareció de Federico Cantú. Estaba en uno de los muros inferiores de la Macroplaza, y decía esto:
Voy con las riendas tensas
y refrenando el vuelo
porque no es lo que importa llegar solo ni pronto,
sino llegar con todos y a tiempo.
El segundo recuerdo que vino a mi mente fue uno de los ejemplos que Eliyahu Goldratt apunta en su obra La meta, una novelización de la llamada teoría de restricciones, que se ofrece como una solución de raíz matemática a los problemas industriales.
Goldratt utiliza una expedición de niños exploradores como una forma de evaluar el desempeño de un sistema en el que cada uno está determinado en parte por los demás. Encuentra que la mejor manera de optimizar la velocidad de avance del grupo estriba en poner al más lento adelante. O si lo decimos de otro modo, encuentra que es el más malo el que define la calidad del grupo.
Si pensamos en nuestros gobernantes como ese grupo que en teoría debería llegar justo y a tiempo a las soluciones de todo tipo que merece la comunidad gobernada, me parece que los ejemplos encuentran una explicación cabal.
A lo mejor me ciega la amistad, pero a mí me parece que áreas técnicas como Desarrollo Sustentable y Agua y Drenaje, por hablar de instancias de Gobierno a nivel estatal, son las que tienen mejor desempeño.
Me han dicho a veces con algo de sorna que en efecto yo estoy ciego y que son áreas llenas de problemas, pero la verdad es que comparadas con otras instancias como Control Vehicular o como Protección Civil, son unas joyas de desempeño.
Y ahí es donde creo que estaría la moraleja para quienes tienen que tomar decisiones para mejorar la imagen del conjunto.
En La meta, el protagonista tiene que encargarse de que los boy-scouts lleguen a un destino en un tiempo dado, y lo consigue poniendo al frente de la fila al más lento y luego repartiendo la carga de su mochila entre los más fuertes. Dicho en el lenguaje que usa el autor, lo que hizo fue eliminar la restricción clave del proceso.
El libro de Goldratt dice que es parte de la naturaleza de los sistemas un hecho básico: si el administrador remueve una restricción que tiene atorado el flujo en un punto, no elimina los problemas del flujo, sólo traslada el punto de atorón a otra parte, el nuevo eslabón más débil.
En otras palabras, nuestros gobernantes deberían concentrarse en quitar sus eslabones más débiles para mejorar el desempeño del conjunto. A sabiendas de que en cada etapa habrá un nuevo atorón. Tal es el camino a la excelencia. m