2012, el año en en cine: Luis Reséndiz

Selecciones del cine de 2012.

Hacer tops de cine al año es un poco una masturbación mental: no establecemos nada de relevancia, no decimos algo que no pueda ser mejor dicho en un ensayo y no impresionamos a alguien. Ni modo: así son las aficiones y así la cinefilia; hacer el respectivo top del año que terminó es un inevitable y lúdico ritual que todos disfrutamos hacer y, algunos pocos, leer. Así, 15 obras cinematográficas de 2012 en estricto orden alfabético. Precaución: si me pregunta mañana, la lista puede ser o no totalmente distinta.

Amour, de Michael Haneke

El más paciente Haneke vuelve con una sobredosis de paciencia. Si una palabra define a Amour es precisión: ajá, parece que es emotiva y nostálgica y miserable; y sí lo es, pero Amour –el cine de Haneke en general— es una lección para los supersticiosos: esa conexión emocional no se logra con puras vísceras, “honestidad” o “alma”: se logra con trabajo, puntualidad y, claro, precisión. El método de Haneke, la observación, ya había alcanzado un punto de obra maestra en La cinta blanca: Amour es, acaso, sólo acaso, más paciente que aquella –menos hermosa visualmente, quizá. Pero a estas alturas esas comparaciones ya son necedades.

Boardwalk Empire, T03, creada por Terence Winter

Imposible ver a Boardwalk Empire como una serie de capítulos o temporadas: es mejor contemplarla como una obra en proceso. Como tal, y sin saber qué nos depara la cuarta temporada, parece que la de este año fue la mejor de todas: un paciente tejido –no tan paciente ni contemplativo como el que se vio en las primeras dos temporadas— que terminó en cuatro capítulos intensos, en los que se cosecharon los frutos sembrados por acciones de una o dos temporadas atrás. La obsesión de Winter y su equipo por el plano secuencia; el cuidadoso retoque digital; la inclusión de músicos contemporáneos covereando canciones de los años 20; un impresionante cast de actores secundarios y otros no tan conocidos que resultan tan buenos como los más conocidos: ¿alguien puede decir que Boardwalk Empire no es la cosa más emocionante, mejor hecha, más importante que están pasando en la televisión?

(Más sobre la tercera temporada de Boardwalk Empire en este ensayito en Letras Libres.)

Breaking Bad T05, creada por Vince Gilligan, AMC

A estas alturas de la serie ya estábamos borrachos: ejecución y concentración habían ido en aumento desde el inicio –que nos hizo pensar en la plausibilidad de la serie— hasta este, el capítulo “western” de Breaking Bad. Un ejercicio de concentración –la primera secuencia del episodio ya prefigura el territorio western—, inteligencia –el tinglado va armándose con velocidad, sin distracciones– y precisión –todo cae en su justo lugar. El asalto del tren del capítulo 06 logra mandar al diablo –gracias a dios— a la plausibility tan en boga; la tensa calma del octavo episodio –que precede a un malogrado plot twist que empujará la segunda parte de la temporada, a estrenarse en octubre— es también otro punto alto de la serie. Nunca como hasta ahora, los guionistas, directores y el show runner de Breaking Bad habían logrado tal estado de gracia: la serie sigue siendo imperfecta, pero es también emocionantísima.

Community, T03, creada por Dan Harmon, NBC

Después de incubar por dos temporadas un delicioso caldo pop de referencias cruzadas, Community estalló con fuerza en la tercera –¿acaso prefiguraba Dan Harmon su salida de la serie y echó toda la carne al asador?—, escalando hasta materializarse en los tres capítulos finales. La temporada fue de Doctor Who a un homenaje a los videojuegos de 8 bits; con Abed tomando al fin posesión del protagonismo de la serie e inundando todo con su espíritu metaficcional. Nada se escapó a la precisión y puntualidad de la tercera temporada de Community, hasta hoy la mejor y, quizá, la última –los retrasos de la cuarta temporada, la salida de Chevy Chase y Dan Harmon parecen estar matándola.

Django Unchained [primeros 65 minutos], de Quentin Tarantino

Una cosa cierta: Tarantino no sabe quedarse callado. Menos en este punto de su carrera: su verborrea es tan fascinante, tan referencial, tan rica y divertida –para él y para sus fans— que no sabe cuándo parar: es el tipo fascinante y brillante que abruma con su cháchara después de una hora de conversar con él. Y en Django Unchained sucede exactamente eso: la primera hora es un vigoroso pastiche que narra una historia, en primer lugar, y que refiere y parlotea, en segundo. El problema con la cinta aparece minutos después de la aparición del personaje de Leonardo DiCaprio: en este punto sin retorno todo se vuelve plática, conversación cultísima que detiene al filme y le impide avanzar durante una hora. Una hora de diálogo que se vuelve pesadísima, paralizante; una hora que precede a los últimos 40 minutos donde, ya ni modo, todo está perdido. Los primeros 65 minutos de Django Unchained están entre lo mejor del año: los siguientes 100, no.

Frankenweenie, de Tim Burton | Paranorman, de Christ Butler y Sam Fell

Aunque puede parecer tramposo enlistar a ambas películas en un mismo apartado, no lo es: no es común ver a dos cintas tan apasionadas con temas y nostalgias similares. Ambas son la reivindicación del outsider –algo que Burton ha hecho desde siempre—, y ambas cuentan con un guión cerrado –Frankenweenie ligeramente mejor–, que remite al viejo cine clásico hollywoodense; personajes interesantes –tanto en su dibujo como en su personalidad— y una vigorosa forma de estar contadas y filmadas. Una cosa más: Frankenweenie, además, es un elogio de la brevedad y la síntesis.

Holy Motors, de Léos Carax

Carax filma una serie de viñetas que están relacionadas entre sí por un actor –Denis Lavant tocado por la mano de dios— y que refieren en varias formas al cine: a su historia: a sus actores. Cierto es que no todas las viñetas están logradas al mismo nivel; cierto es que la interpretación de Lavant parece cojear en una y en otras no. Pero todo esto importa poco para el resultado final: cada secuencia contribuye un poquito más a la antología de Carax, un bonito libro de cuentos con múltiples interpretaciones.

Les Géants, de Bouli Lanners

Pudieron verse algunos filmes de coming-of-age en el año –la argentina Abrir puertas y ventanas y la china 11 flores—, pero pocas con el humor de Los Gigantes. La anécdota del par de hermanos casi huérfanos que se ven involucrados con delincuentes en algún lejano lugar de la campiña francesa es una cinta divertida y melancólica a manos iguales: siempre buscando la catarsis visual; brevísima, simpática. Un filme bello.

Escribí sobre Les Géants en las crónicas del Riviera Maya Film Festival.

Louie T03, creada por Louis C.K.

¿A dónde va Louie? Ni idea, pero el recorrido está siendo fascinante. Lo que comenzó como una especie de atrevida reescritura de Larry David –Seinfeld, Curb your enthusiasm—, ya a estas alturas es una obra única: los intertextos surrealistas, la chorreante tristeza en contraste con el descarnado humor de Louis C.K., los subrayados y las burlas a manos iguales del oficio de la paternidad. El final de la tercera temporada de Louie –la cacareada Late Night Trilogy— es miserable e hilarante a manos iguales.

Luck T01, de David Milch

La tragedia cinematográfica de este año fue la desaparición de la única temporada de Luck: pacientísima serie que, durante sus primeros –y desafortunadamente únicos— nueve episodios, comenzó a mostrar las capas de la vida en y alrededor del hipódromo de Santa Anita. A través de un método de observación que Milch ya había aplicado (cf. Deadwood), Luck va mostrando paulatinamente las progresiones, las acciones y sus consecuencias, la trama que transcurre sin alguna prisa y sí con logradas catarsis visuales. Para bien o para mal, la serie –igual que su hermana mayor, Deadwood, que al menos alcanzó tres temporadas— se malogró: tristemente, esas bellísimas carreras de caballos no volverán jamás. Te extrañaremos, Luck.

Alonso Ruvalcaba escribió un ensayo sobre Luck en este blog, y aquí hay otro más en Letras Libres.

No, de Pablo Larraín

Si Argo de Ben Affleck fue elogiada por su ‘cuidada’ ambientación y su recreación de una época, No de Pablo Larraín fue entonces la más ninguneada –y la que de verdad estaba cuidando y recreando. Menos pomposa que Argo y con varios puntos de conexión entre ambas, No relata el diseño de la campaña publicitaria que vendría a terminar con la dictadura de Pinochet en Chile. Con humor, brío y oficio fílmico –nótese, nomás, esa secuencia del personaje de Gael García Bernal en patineta por la calle, refiriendo al mejor Martin McFly: un momento fuera del tiempo—, Larraín hizo una película que merece reconocimiento.

Oslo, 31 august, de Joachim Trier

El cine de Trier llega siempre con retrasos: su primera cinta, Reprise, apenas se estrenó este 2012 en USA –pese a que compitió por el Oscar a Mejor Película Extranjera el año de su lanzamiento, 2006. Oslo, 31 august, no es la excepción: casi un año después de su estreno, apenas aparece en torrents y iTunes. La anécdota de un drogadicto en rehabilitación que busca un motivo para no suicidarse es una muestra de las mejores cualidades de su director: contemporaneidad –prácticamente todas las canciones son de 2011—, simetría, tomas largas, exploración de la autodestrucción –con varios vasos comunicantes con otro posible e incipiente auteur: Steve McQueen. Trier tardó cinco años en estrenar su segundo filme: valió la pena la espera.

Post Tenebras Lux, de Carlos Reygadas

Quizá la cinta que más polémica levantó en las discusiones cinéfilas mexicanas, la quinta película de Reygadas narra la historia –cercana al cine de horror— de una familia clasemediera defeña que se muda al campo mexicano. Intertextos, actores no-profesionales; una muy trabajada edición de sonido y el uso de la cámara en formas que no se ven constantemente en el cine nacional –largos planos secuencias, tomas largas, encuadres trabajadísimos—; la imaginación y los riesgos que toma Carlos Reygadas no los está tomando otro cineasta nacional.

Alonso Ruvalcaba separó unos interesantes apuntes para Post Tenebras Lux en Letras Libres.

Premium Rush, de David Koeepp

Al diablo la exposición: o prestas atención al ver una película o no lo haces –y entonces, no la estás viendo. Los cinco minutos iniciales de Premium Rush merecen ya un lugarcito en las clases universitarias de teoría cinematográfica que refieran al planteamiento: explican brevemente lo que está sucediendo, por qué está sucediendo y qué tiene que pasar para que sucedan/no sucedan cosas. Nada que ver con los 40 minutos de planteamiento de la verbosa Django Unchained.

Un ensayo sobre Premium Rush –más sobre sus cinco minutos iniciales— en Letras Libres.

Sherlock, T02, creada por Steven Moffat, BBC

La brevedad y concisión británica acostumbradas tienen en Sherlock un gran exponente: la revitalización de un mito –Sherlock Holmes en el siglo XXI, sin ciencia ficción de por medio—; la inteligencia y economía en el uso de los recursos –la kinetic typography, sin ir más lejos—; los guiones que reciclan las líneas argumentales de las historias de Conan Doyle, pero con una vigorosa puesta al día que incluye smartphones, videollamadas, GPS. La segunda temporada de Sherlock, compuesta por tres episodios de hora y media cada uno dejó en claro que la primera temporada apenas estaba poniendo los cimientos del gran cuadro que será la serie –programada para finalizar en 2013—. El boom de la televisión gringa no despeina a los ingleses, quien más bien parecen decir: ¿se tardaron tanto?

Apuntes sobre la segunda temporada de Sherlock, aquí.

-Luis Reséndiz