Las redes sociales, sin duda, han cambiado la forma en que nos relacionamos. De hecho, compartir lo que hacemos, pensamos, vemos o comemos en las redes sociales es algo común y cotidiano. Tanto así, que hasta Benedicto XVI ya tiene su cuenta de Twitter. No podemos dudar de las ventajas de las redes sociales, pero tampoco podemos ignorar nuestra dependencia a ellas. Por ese lugar preponderante que las redes han tomado en nuestras vidas, que hay quienes afirman que nos hemos convertido en una sociedad obsesionada con los que sucede en este “mundo virtual”.
¿Obsesionados? ¿No es una exageración? Por una parte hay todavía millones quienes no tienen ni quieren ser parte de las redes sociales, pero por otra parte también hay quienes no se despegan de Facebook y están al tanto de todo cuanto acontece por ahí. Muchos revisamos el Twitter antes del desayuno, actividad que repetiremos frecuentemente durante el día. Para algunos, las redes sociales son el primer contacto con el mundo cuando abren los ojos y el último antes de dormir.
La mayoría de mis amigos dijeron estar poco más de una hora, (dividida a lo largo del día), revisando las redes sociales. Otros confiesan muchas más. De hecho, alguien dijo estar permanentemente conectada y al tanto de las redes mientras está despierta. Un amigo me comentó que se prohibió a sí mismo entrar a Facebook cuando estaba en su oficina ya que le quitaba demasiado tiempo. (Hay empresas que tienen bloqueos para el internet, para prevenir el problema). Según dijo, había veces que estaba más de tres horas revisando que hacían los demás y salía muy tarde de trabajar.
¿Qué tanto es tantito? Cuando llegué a los 25 mil tuits, hace unas semanas, me pregunté si no eran demasiados. ¿Cómo saberlo? Lancé la pregunta en Twitter. Algunos opinaron que el número de tuits no era importante, ya que dependía del tiempo que había pasado desde que habías abierto tu cuenta. Estoy de acuerdo. Sin embargo, el factor tiempo tampoco es determinante ya que hay quienes después de 4 años en Twitter, no llegan a los 5 mil tuits; y yo, hace mucho que superé esa cantidad. Otros indicaron que más de cien tuits al día era un exceso. De acuerdo a esta última medición estoy muy por debajo del promedio, pero tampoco dice mucho. Creo que más allá de promedios o estadísticas la pregunta clave es: ¿Qué estoy dejando por estar horas en las redes sociales? ¿Mi familia? ¿Amigos? ¿Momentos?
Durante mis vacaciones, después de visitar un sitio extraordinario, escuché en la mesa de junto a una adolescente quejarse con su padre que no podía subir a Facebook las fotos que recién había tomado por que no había señal de celular ni WiFi. Su padre le dijo que no se preocupara, que más tarde podría hacerlo desde el hotel. La explicación no dejó convencida a la chamaca. Miró a su padre, hizo una mueca y volvió la vista al teléfono con desesperación. Después hizo un gesto que simulaba tratar de ahorcar al teléfono. No pude evitar sonreír. No basta con que tus padres te lleven a visitar un sitio extraordinario, y al finalizar te inviten un refrigerio mirando la naturaleza antes de regresar a la “civilización”. En ese momento, lo único importante para ella era compartir la experiencia con sus amigos en las redes. Desde éste ángulo, la afirmación de que somos una sociedad obsesionada con las redes sociales, puede tener algo de razón.
Como sabemos, el problema no está en las redes sino en nosotros. Cualquier cosa que nos consume y obsesiona no puede ser positiva. No importa si es la lectura de un libro, la revisión de los cambios de estatus en Facebook o Twitter o un videojuego; si por ello dejas de ver a tus amigos, o de asistir a reuniones familiares, es una señal clara de que hay un problema.
Nos encantan las redes sociales, elegimos libremente el tiempo que pasamos en ellas. Sin embargo, hay que caer en cuenta que cada momento que estamos absortos en nuestra computadora o teléfono revisando las cuentas de Twitter y Facebook, estamos perdiendo una oportunidad de “conectarnos” con la vida real, mirar a nuestro alrededor y disfrutar el momento. La adolescente con la que me topé en vacaciones, me recordó que todo en la vida son elecciones. No importa si hay conexión a internet o si estamos de vacaciones. En cada momento podemos elegir aprovechar los momentos en que estamos con amigos o familia para estar presentes o bien, podemos elegir estar pegados a las redes sociales e ignorar a quienes estén a nuestro alrededor. Cada uno sabe si es una buena elección. Si no lo es, no nos engañemos, aceptemos que estamos obsesionados con las redes sociales y que es el momento de hacer algo al respecto.
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