Un extraño sortilegio le impide al cartujo apartar la mirada de la hoja de marihuana tatuada en el trasero de Christy Mack, estrella del cine porno y súbita musa de la hermandad de los ojos rojos.
La observa y divaga sobre la posible legalización de la legendaria hierba en nuestro país.
En el balcón de un ruinoso edificio de Acapulco, el murmullo del mar contribuye a su ensimismamiento, al vuelo de la imaginación y al recuerdo de paladines del sagrado derecho a ser pacheco, mientras el aroma inconfundible de la golden colma el ambiente.
Entre abril y mayo —dijo el perredista Fernando Belaunzarán en la agonía del 2012—, la Cámara de Diputados organizará audiencias públicas para analizar si se autoriza no solo el consumo sino también la producción y distribución de cannabis, tan rentable en la clandestinidad para la delincuencia organizada.
La noticia coincidió con la publicación del número 90 de la revista Generación, dirigida con voluntad tenaz por Carlos Martínez Rentería, mártir de todos los estimulantes.
La edición reúne a distinguidos miembros —activos, retirados y honorarios— del Cannabis Social Club, entre ellos la fotógrafa Paulina Lavista, quien evoca “el sueño güajiro” de hacer con su marido —Salvador Elizondo— un tratado sobre la marihuana. “La idea —dice— era redactar un catálogo de terminología como guato, bacha, churro; de las distintas presentaciones, como un chiquito, un cuartito, la cola de borrego, en fin…”.
Anécdotas, historias, reflexiones, todo cabe en un número de entusiasmo compartido por la mota y sus efectos recreativos, terapéuticos, espirituales. Por su presencia en poemas como “Himno entre ruinas” (1948), donde Octavio Paz escribe: “Cae la noche sobre Teotihuacan./ En lo alto de la pirámide los muchachos fuman marihuana,/ suenan guitarras roncas./ ¿Qué yerba, qué agua de vida ha de darnos la vida,/ dónde desenterrar la palabra,/ la proporción que rige al himno y al discurso,/ al baile, a la ciudad y a la balanza?”
Más allá del panegírico, la revista llama a la tolerancia, a la sensatez.
Ya en agosto 1996, el último año de gobierno de Carlos Salinas de Gortari, Generación publicó un manifiesto en el cual intelectuales como Carlos Monsiváis, Juan Villoro, Elena Poniatowska y Germán Lizst Arzubide expresaban su preocupación por la guerra antidrogas; se referían a sus costos económicos y sociales y exhortaban “a todos los actores de la vida nacional, a las autoridades, partidos políticos y otras organizaciones sociales, así como a las cámaras legislativas para debatir, sin falsos moralismos y con seriedad, sobre la despenalización de la marihuana (…) como un primer paso para desmantelar las redes del narcotráfico y en un futuro legalizar, con las particularidades de cada caso, el consumo de otras drogas, muchas de ellas menos perjudiciales que el alcohol”.
Dieciséis años y miles de muertos después, los políticos parecen escucharlos.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.