Para Joaquín González
Seguridad, territorio, población: curso en el Collège de France: 1977-1978 —1ª ed. 4ª reimp. — Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011. 488 p.; 23x15 c. –(Sociología). Traducido por: Horacio Pons, ISBN 978-950-557-671-5
La obra del psicólogo Michel Foucault, nacido en Poitiers, profundizadora del conocimiento humano desde la historiografía de las ciencias y de las instituciones conformadoras de la modernidad, conforma todo un despliegue de argumentos que analizan la historia para explicar las instituciones políticas, culturales, científicas y económicas actuales. Ejercicio no exento en la obra Seguridad, territorio, población (FCE, 2011), donde se inaugura un nuevo punto de partida en el pensamiento de Michel Foucault, enfocado en el proceso de conformación de los dispositivos de gubernamentalidad.
Como es costumbre en la obra de Foucault, sus textos son sendas invocaciones a la arqueología de la modernidad, como se observa al abordar la obra de Alexandre Le Maître quien en La Métropolitée (Lo Metropolitano, 1682), se preguntaba sobre si era necesario que un país tuviera una capital, a lo cual se responde que el Estado debe ser como un edificio, en donde los diferentes elementos del mismo deberían estar dispuestos de la siguiente manera: “los cimientos serán los campos, donde deberán vivir los campesinos; en las pequeñas ciudades deberán residir los artesanos; y por último, en la capital, parte noble del edificio del Estado, deben vivir el soberano, sus funcionarios y los artesanos y comerciantes indispensables para el funcionamiento mismo de la corte y el entorno del monarca”. De ahí nace la idea de que la capital debe guardar una relación geométrica con las demás regiones de un país, donde “en un buen país tiene, en suma, la forma del círculo y la capital debe situarse en el centro de éste”.
De tal forma se constituye no solamente una topografía del poder, sino también la idea de que las leyes y ordenanzas deben tener en el territorio una especie de implantación tal que ningún rincón del territorio escape a esa red general constituida por las disposiciones normativas del soberano.
Se comienza a racionalizar el territorio y la población, sobre todo cuando por motivo de las emergencias sanitarias, se inicia el control de la demografía desde un tipo de vista estadístico. A partir de tales temáticas, Foucault emprende el análisis de las raíces de la potestad del soberano, y las encuentra en la literatura griega y, en los textos institucionales del cristianismo, encarnados en la figura de la pastoral. Más adelante se mencionan las disidencias que surgen contra el poder del soberano y del detentador del pastoreo, propiciadas por una conducta diferente a la prescrita por la autoridad. Contracultura, la cual deviene naturalmente a hacerle frente a las disposiciones ortodoxas y despóticas, a los discursos únicos y modelos totalizantes.
De acuerdo a la tendencia de gubernamentalidad que viene conformándose desde el siglo XVII, hace su aparición en las ciudades toda una serie de reglamentaciones de buen gobierno y de conducta de sus habitantes, las cuales se le conocían por lo general como “policía de la ciudad”. Destinada con el objeto de generar virtud en la comunidad, tal institución con el paso el tiempo y la cada vez más numerosa población de las ciudades, se transformó en lo que ahora conocemos como policía, la cual es una institución de imposición del orden público.
Por lo anterior, el libro de Foucault, el cual es la transcripción de un curso impartido en el Colegio de Francia, es un libro de imprescindible consulta para quien deseé adentrarse en los temas de la cosa pública, no solamente desde el aspecto de la administración, sino en lo referente al tema tan vigente sobre la seguridad de las personas y la consolidación del estado de derecho.
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