2013: El año del ciudadano

Hace medio siglo, cuando mi hermana celebraba uno de sus primeros cumpleaños, en Estados Unidos se realizó un evento histórico. Después de una marcha masiva en Washington que también escuchó las voces de Bob Dylan y Joan Baez, el ministro bautista Martin Luther King, Jr. pronunció su célebre discurso: “Yo tengo un sueño”.

Después de lamentar que la libertad de los negros fuera todavía más un deseo que una realidad, debido al poder de la mentalidad segregacionista, discriminatoria, aquel orador formidable que recibiría al año siguiente el Premio Nobel de la Paz, recordó a los suyos que la búsqueda del bien no debía ir asociada a hechos reprensibles. “No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio”, dijo. “Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina”.

Luego explicó su sueño: el de un país donde negros y blancos fueran iguales en derechos y hechos, libres de prejuicios y discriminación.

Medio siglo después, yo tengo otro sueño. Por supuesto que es un sueño más modesto y limitado, sin que esto quiera decir que es un sueño menos importante. Es un sueño utópico, cual debe ser, pero en teoría es alcanzable.

Sueño con que un día nuestra democracia incipiente distribuya más poder en manos del ciudadano, para que los tres poderes en verdad estén acotados por las decisiones de las mayorías.

Sueño con que la mediocridad rampante en nuestros representantes populares ceda paso a espíritus propositivos y positivos, que vean más allá del partido político hasta las necesidades del ciudadano de a pie.

Sueño con que pasemos como país, como estado, como ciudad, del dicho al hecho, de modo que ciudades, estados y país vivamos en paz, en una armonía discutidora pero constructiva, donde nuestros descendientes tengan un futuro deseable y no sólo rutas ásperas que conducen a la destrucción.

Sueño con que vivamos en una sociedad transparente, que castigue al malo y sus conductas, pero que también premie al bueno y sus valores, donde la transa sea como un mal sueño del pasado y donde cada uno recibamos en proporción a lo que ponemos.

Mi faceta escéptica me dice que los anteriores son sueños guajiros, imposibles para el humano real. Mi faceta esperanzada pregunta: ¿puede la oruga soñar a la mariposa?