El EZLN que viene en 2013.
Por
Víctor Hugo Michel
Tras un largo periodo de hibernación –uno más de sus repliegues tácticos--, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha iniciado un intento más por regresar de lleno, con todo su peso, al centro de la vida política del país. La confirmación del arranque de su cíclico retorno, el pasado 21 de diciembre, no pudo ser más contundente, con la marcha de miles de simpatizantes de base del zapatismo a distintos municipios chiapanecos. Las cifras hablan de hasta 50 mil indígenas. Un número para tomarse en cuenta y que en las agencias de inteligencia y seguridad del Estado mexicano debe tener a más de uno preocupado.
Si el mensaje era advertir que no se han ido, lo lograron. No había habido una demostración de poder zapatista así en años, es cierto. Movilizar a decenas de miles de personas ya habla no solo de una nada despreciable capacidad logística y de comunicación, sino de que nuevos cuadros y generaciones se han sumado al movimiento insurgente.
Pero tras el indudable impacto de ver Ocosingo o Las Margaritas pletóricos de encapuchadas y encapuchados, queda verse cuál es el resultado que tendrá este nuevo descongelamiento guerrillero. Hay dos antecedentes muy claros. O se alcanza un triunfo inicial como el que vivió el EZLN en 2001, cuando dobló al gobierno de Vicente Fox y terminó por entrar triunfalmente al Zócalo capitalino, o las cosas se quedan en la más tibia Otra Campaña, que en 2006 pasó a segundo plano en medio de una encarnizada lucha por la Presidencia de la República entre el PAN y el PRD.
Aunque todavía falta mucho, se antoja que el EZLN llega a 2013 en condiciones muy diferentes a las de 2006. La sociedad civil está mucho más articulada que en el pasado –Movimiento por la Paz, #yosoy132-- y existe una fuerte corriente de descontento con el sistema. Las atrocidades de la guerra contra el crimen organizado y un sexenio de anormalidad política han dejado el campo fértil para que un mensaje como el zapatista tenga éxito.
Sea lo que fuere, obviamente estamos solo ante el principio de un nuevo capítulo. Los comunicados emitidos por el subcomandante Marcos en los últimos días abren la interpretación a que la cúpula zapatista ha estado trabajando arduamente en una estrategia encaminada a reubicar al EZLN en el debate nacional.
En primera lectura, el EZLN recalca su vieja exigencia de cumplimiento total a los Acuerdos de San Andrés Larrainzar y de elevar a rango constitucional los derechos y cultura indígenas. No hay sorpresas ahí. Pero añade elementos más nebulosos y que pueden significar de todo: adelanta que vendrán iniciativas de “carácter civil y pacífico”, además de que se buscará construir puentes con otros movimientos sociales. Qué serán éstas y cómo tenderá éstos, es cosa de esperar a verse.
Luego entonces, bajo una forma u otra, todo hace pensar que veremos al zapatismo salir del aislamiento que se autoimpuso desde 2007 y retomar un lugar importante en 2013. Es decir: apenas hemos visto los primeros pasos de una estrategia de mayor envergadura.
Cómo reaccionará el gobierno de Enrique Peña Nieto a lo que vendrá en los próximos meses es una gran incógnita. Todo dependerá de qué es lo que se le exija. Pero, sin duda, subirse a la agenda zapatista le representa un gran riesgo.
Otro antecedente viene a mente: Vicente Fox intentó, en los primeros días de su sexenio, hacer del EZLN y Chiapas un tema prioritario de su administración. Al final, Marcos terminó por darle la vuelta. Y gran parte del capital político que había ganado en las elecciones de 2000 se le fue por la borda.
Alguien en Los Pinos debería estar desempolvando los libros de historia por estos momentos.