Otro año que vivimos en peligro
Según la autoridad, la solución vecinal en cuanto a seguridad no pasa por cerrar las colonias y blindar las casas. Las bardas, las rejas, los vigilantes privados, no son una respuesta apropiada al reto de la delincuencia. Dicen.
Qué monada. A la autoridad le pagamos los ciudadanos para que nos brinde una serie de servicios, en particular el de la seguridad: sólo la autoridad tiene permiso para ejercer el poder físicamente, para aplicar la justicia, y si uno se la quiere tomar por propia mano, puede salir hasta perjudicado.
Pero si los vecindarios estamos poniendo cercas, alarmas, perros, bordos, portones y demás obstáculos o disuasores, no es porque nos encante blindar las casas y las colonias: lo estamos haciendo porque la autoridad no ha resultado confiable y porque así tenemos al menos una mínima ilusión de mantener cierto nivel de control sobre nuestra integridad física.
Hace un par de días fui de compras a un supermercado y me tocó ver que a la salida llegaba al estacionamiento una camioneta de Fuerza Civil. Reconozco que a la vista del vehículo y de los elementos armados, me sentí más seguro. También admito que salí del complejo pensando cómo cambian las cosas: hace una década nos habríamos reído si alguien nos dijera que la seguridad nos la brindarían policías enmascarados.
A todos nos ha tocado, directa o indirectamente, padecer la inseguridad que aún vivimos. Platicaba anoche con una compañera que salió de festejos a un poblado tamaulipeco, donde hicieron sus celebraciones con alegría pero con discreción, pasando el resto del tiempo encerrados a piedra y lodo para minimizar el riesgo.
Y luego dialogamos un poco la plática que se ha vuelto tan común: cómo el riesgo define ya no sólo nuestros movimientos, entradas y salidas, sino hasta el tiempo de nuestras fiestas, nuestras comidas, nuestras rutinas.
No es justo, pero la injusticia es más o menos pareja para nosotros los que no disfrutamos (por decir) la posibilidad de tener escoltas que nos cuiden el pellejo. Y aunque la situación está mejor que hace un año, cerramos 2012 todavía con la idea de que vivir en esta ciudad es vivir en peligro.