Mi deseo para 2013

"Ten cuidado con lo que deseas, puedes conseguirlo” dice el refrán. Efectivamente, muchas veces aquello que queríamos ardientemente resulta, con el tiempo, en una gran decepción. Puede ser un trabajo fabuloso, una casa nueva o un amor, no importa. Las cosas no siempre son como pensamos que serían y con lo que soñábamos y creíamos que su posesión nos haría infinitamente felices, acaba siendo un auténtico dolor de cabeza.

El deseo, dice el líder tibetano Gyalwang Drukpa, es como beber agua salada: entre más bebes, más sed tienes. Muchas veces pensamos que una casa o un auto nuevo, tal o cual trabajo, o una pareja nos hará felices. Ponemos tanta atención al hecho de que no lo tenemos y gastamos tanta energía para conseguirlo, que perdemos de vista eso que sí tenemos cerca.

Quizá esa casa que te costó 10 años de trabajar doble turno sin ver a tus seres queridos y te ponía siempre de mal humor no era lo óptimo para la unión familiar, y después de que finalmente la obtienes, empiezas a desear muebles nuevos, objetos para decorarla, etc. El cuento de nunca acabar.

El tema del amor es especialmente complicado porque en la etapa de enamoramiento tendemos a idealizar a la persona de la que nos enamoramos. En ese periodo percibimos sus defectos como “detallitos sin importancia” o en algunos casos, hasta como cualidades. Otras veces nos engañamos pensando en que cambiará. Por supuesto que los “detallitos” sin importancia se vuelven grandes problemas y raíz de infinidad de pleitos. Aquella persona que pensábamos que sería ideal para nosotros, nos lastima.

¿Cómo es posible? Estábamos tan seguros que seríamos infinitamente felices cuando finalmente tuviéramos la casa de nuestros sueños, el auto último modelo, el trabajo perfecto, el príncipe azul y resulta que cuando llegan no traen aparejada la felicidad.

Estamos tan aferrados a esa idea de perfección que no podemos disfrutar la realidad. Creemos que eso que queremos es lo único que nos hará felices y dejamos pasar otras oportunidades, ya sea laborales, sentimentales o de vivienda en la necedad de obtener el objeto de nuestro deseo. Mi abuela, que era de Guadalajara, tenía un dicho muy simpático: “Por esperar al de a caballo, se le fueron los de a pie”.

Hace unos meses entrevisté a Jorge Bucay, psicoanalista argentino autor de varios libros, y le pregunté cuáles consideraba que eran los principales conflictos que tenemos los seres humanos en este siglo. “A mí me parece que en los últimos tiempos el peso grande está puesto en la incertidumbre mezclado con algunos otros temores, como la falta de control de la realidad. Me parece que cargamos también cada vez más con la falta de realización personal, esto es, cómo sentirse satisfecho con la vida que vivimos y con lo que tenemos, no más. Pero me parece cada vez más los temas de amor y desamor son el ABC de nuestros problemas. Digo yo siempre: si uno pudiera voluntariamente enamorarse de la persona que le conviene y desenamorarse de la que no, los consultorios de los terapeutas estarían vacíos”.

Debo confesar que no entendí inmediatamente el concepto de “te conviene” y le pregunté: “Muy bien doctor Bucay, pero, ¿qué pasa cuando esa persona de la que estamos enamorados no nos corresponde?”

“¿Enamorarse de alguien que no te corresponde?” preguntó. “Sí”, le dije. Inmediatamente respondió: “Ah, entonces no te conviene. Dije de la persona que te conviene, no de la que quieres”.

Bang, me calló el veinte. Hay una gran diferencia entre querer algo, y que eso sea conveniente para ti. Si logramos entender que eso que queremos no es necesariamente lo que necesitamos, como bien dice Jorge Bucay, nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza y corazones rotos.

Por eso, para este nuevo año que empieza, deseo que tengamos el trabajo que nos conviene, que nos haga crecer y desarrollar nuestras cualidades particulares. Ese, que nos gusta tanto, que no parece trabajo. Que tengamos amigos que nos ayuden a que nuestros pasos tengan un buen rumbo. Que nos enamoremos de la persona que nos conviene y nos desenamoremos de aquella persona que no nos acepta tal cual somos ni saca lo mejor de nosotros. En fin, para 2013 deseo que tengamos todo aquello que nos conviene, no todo aquello que queremos.

“Considero más valiente a quien derrota a sus deseos que a quien vence a sus enemigos, ya que la victoria más difícil de obtener es sobre uno mismo”. Aristóteles.

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