Elba Esther vs The World

Elba Esther contra el mundo

Por
Víctor Hugo Michel

Elba Esther Gordillo ha dictado la que pareciera ser su propia sentencia de caducidad y hoy podría afirmarse que sus días como una fuerza política incontrolable en México están contados. Al amenazar directamente al gobierno de Enrique Peña Nieto y a sus aliados en la reforma educativa, la lideresa del magisterio ha fijado un curso que bien puede culminar con su caída, bajo una u otra forma.
Si lo que sigue es una remoción abrupta o un descenso suave y negociado, eso queda por verse. Pero tras afirmar que irá en contra de la reforma educativa con todo el peso del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Gordillo Morales quemó literalmente todas sus naves y dejó la mesa puesta para que la administración peñista emprenda una gran cruzada en su contra. Hoy, la todopoderosa maestra se encuentra a punto de sufrir un asedio sin precedentes. Ha dado la herramienta perfecta a sus enemigos.

Por partes. A pulso, Gordillo Morales ha logrado convertirse en una de las figuras más odiadas dentro de la política mexicana en los últimos años. No hay una figura con negativos tan elevados y positivos tan bajos, tendencia reforzada por las constantes polémicas que le han perseguido y que ella misma se ha encargado de atizar. Controla vitaliciamente un sindicato ampliamente percibido como corrupto, poco transparente y que ha sido un lastre para el avance educativo a nivel nacional, elementos a los que se suman las hummers, la casa en San Diego, la ruptura con el PRI en 2003 y su operación a favor de Felipe Calderón en 2006.
Con antecedentes como esos, difícilmente hay forma alguna en la que logre aglutinar apoyos desde la sociedad ante un eventual y predecible embate del gobierno federal en 2013. Su situación es tan complicada que los únicos aliados con los que podría contar en este momento son dos de sus rivales más encarnizados: la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y el Movimiento de Regeneración Nacional de Andrés Manuel López Obrador.
Ambos están en contra de la reforma educativa, pero también detestan a Gordillo. Irónicamente, todo apunta a que terminarán luchando en la misma trinchera y a que juntos harán el mayor ruido posible para dificultar lo más que se pueda el tránsito de la reforma en los congresos estatales. Pero eso no quiere decir que levantarán un dedo para proteger a la maestra cuando el momento llegue.
En otros rumbos, sus respaldos políticos también son limitados. PAN, PRD, PT y Movimiento Ciudadano tienen cuentas pendientes por cobrarle y no estarán muy tentados a tender una línea de flotación a Nueva Alianza y la cúpula del magisterio, si es que éstas llegarán a pedir auxilio en el Congreso de la Unión.
Que nadie se sorprenda con lo que viene en los primeros meses del próximo año. Estaba, en cierta medida, anunciado. Y medido: con su amenaza de iniciar una resistencia civil pacífica en contra de la reforma, Gordillo cumplió con lo que se esperaba de ella. Es un escenario que ha sido analizado en más de una variante por parte del equipo peñista, que por obvias razones no puede dar ni un paso atrás ahora que ha echado andar la maquinaria para deshacer el poder fáctico ejercido por los maestros –y su dirigente—desde hace una década.
Si desde Los Pinos se ordena meter reversa, la imagen cuidadosamente construida por la Presidencia de Peña se rompería y quedaría irremediablemente dañada a solo unos meses de haber iniciado. El trabuco, el equipazo de gobierno que tanto se ha presumido, llegaría a su fin ante su primera gran prueba. En cambio, si logra vencer a la mítica líder de los maestros, saldría muy fortalecido para encarar su siguiente gran reto, que podría ser la reforma energética o la reforma hacendaria.
Por eso y más, todo hace pensar que la maestra ha llevado las cosas a donde el gobierno quería: al terreno de una confrontación final, del todo por el todo. A estas alturas, con tanto en juego, ninguno de los dos puede ordenar retirada.