Y la vida sigue
Ya les dije que mi mamá se fue. Hoy sólo quiero aprovechar esta tribuna para decirles a todos los que se acercaron a nosotros en esas horas oscuras nuestro agradecimiento. Es de gente bien nacida dar las gracias por lo recibido y repito aquí en público algo que le dije a muchas personas en Facebook, por correo, por teléfono y en persona: todos esos abrazos, reales o virtuales, nos hicieron sentir menos mal por lo ocurrido.
Muchos me han hecho discretas críticas por ser incapaz de ver a Dios en la vida de mi madre, y a ellos y ellas les digo que en mi ya larga vida he pensado mucho y en muchas ocasiones acerca de estos temas. Y si bien muchos parecen conformarse con una fe de dientes para afuera, diciéndose devotos cuando su vida es prueba de lo contrario, yo creo que la fe no es una cosa veleidosa o superficial. Tiene que nacer del interior.
Mis hermanos habíamos programado una cena prenavideña con mi mamá, y por eso andábamos todos muy encuerdados. Obviamente ya no hubo cena, pero sí nos reunimos a comer, a recordarla, a hacernos compañía y a recordarnos que, a pesar de nuestras frialdades, seguimos teniéndonos unos a otros.
La vida sigue. Uno de mis hermanos tenía programado casarse el sábado, y mi mamá también estaba contenta por eso; la sepultamos con el vestido que se había comprado para la boda. Y como sin duda ella habría querido, el sábado mi hermano se casó, y los demás estuvimos ahí con él, contentos pese al hueco familiar, pensando que Coínta habría disfrutado mucho estar ahí.
Un compañero del trabajo me comentó de otros chavos que también se quedaron, como nosotros, sin su madre. Ellos son más jóvenes: tienen más tiempo para vivir, para hacerse de una vida sin ella. Nosotros, como dijo alguien durante el velorio, tenemos ya mucha juventud acumulada, y tenemos cada quien otras responsabilidades: ahora nosotros somos los papás y las mamás de otra generación. Quizás algún día, en un futuro que espero sea remoto, también alguien nos evoque bien con una lágrima temblando en el corazón; quizás algún día alguien diga que también fuimos buenos padres. Así que a trabajar, porque el título no viene gratis. La vida sigue.