El gasto en ciencia

Tengo que confesar que no he podido hallarle el lado a ese mamotreto llamado Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2013. Como no creo ser del todo estúpido, concluyo que el asunto está diseñado para que sólo lo entiendan unos cuantos gatos, que por tal razón puedan considerarse unos diosecillos.

El caso es que hace unos días el presidente Enrique Peña Nieto anunció que el año próximo se invertirán en ciencia, tecnología e innovación 70 mil 395 millones de pesos, monto que representa 14.6 por ciento más que el año anterior.

Antes de que alguien levante la mano para decir que se necesita invertir más, diré que sí, pero que hay que disfrutar los triunfos de este tamaño. Basta considerar que en conjunto, el presupuesto aumentó 2.3 por ciento entre el de 2012 y el pedido para 2013. O sea que al ramo científico le fue de maravilla en cuanto a lo que se está pidiendo al Congreso.

En el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2013 (el documento, no las tablas en línea) se explica que el asunto está detallado en el Anexo 11, y ahí se lee que el total pedido es de 70 mil 395 millones 133 mil 898 pesos.

El desglose dice que esos montos vienen de bolsas manejadas por distintas dependencias: para el Programa de Ciencia, Tecnología e Innovación, Relaciones Exteriores (05) pone apenas cinco millones de pesos; Marina (13) pone 15 millones. La parte del león la pone, por supuesto, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (38): más de 28 mil millones, y también participa con montos mayores Educación Pública (11): casi 18 mil millones de pesos.

Y digamos que le creemos a esta tabla, pero alguien tendría que explicarme por qué en otras tablas que hablan del gasto programable por destino del gasto, leo que el total para Ciencia, Tecnología e Innovación es de poco menos de 47 mil millones de pesos, desglosados así: 13 mil millones son de subsidios y casi 34 mil millones son de gasto directo.

Y la misma tabla divide este gasto programable como sigue: 33 mil 37.8 millones para investigación científica; mil 152.9 millones para desarrollo tecnológico, 2 mil 752.5 millones para servicios científicos y tecnológicos, y 10 mil 23.4 millones para innovación.

La mejor prueba de que la danza de los números no es precisamente clara podemos verla en el siguiente comparativo: por una parte, el presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, José Franco, luego de elogiar el avance presupuestal, dijo que con los aumentos pedidos “se llegaría a un 0.42 por ciento del PIB”, una pequeña mejora.

Pero en otra nota se dice que Gabriela Dutrénit (Foro Consultivo Científico y Tecnológico) y Tomás González Estrada (Red de Consejos y Organismos Estatales de Ciencia y Tecnología) elogiaron que en el proyecto de presupuesto el dinero destinado a investigación y desarrollo experimental permita pasar del 0.44 al 0.49 por ciento del PIB.

Los tres personajes citados le saben al asunto, así que la diferencia tiene que ser hija de la maraña numerológica que es el presupuesto. Uf.