El fin de una diva
Hace unas semanas cambié el convertidor de mi televisor principal por uno de alta definición, y con ello gané acceso a una veintena de canales con tal calidad que puedo ver la tele sin usar mis anteojos. Ese día anduve pajareando por los distintos canales, y me tropecé con una grabación de un recital de Jenni Rivera, “Joyas prestadas”.
Como en los diálogos con el equipo de Espectáculos siempre salía a relucir el nombre de Jenni Rivera como una mujer polémica pero bien bragada, como una estrella de una pieza, me puse a escucharla. Y encontré que, más allá de su evidente lucha contra el peso, más allá de sus adornos y joyas un tanto kitsch, había en ella una energía, una voz privilegiada, un talento indiscutible. Qué barbaridad.
Platicando luego con compañeros, me dijeron que en persona era quizás de un exterior áspero, a veces, pero que se trataba de alguien que había sufrido mucho, que logró florecer a pesar de mil conflictos y que tenía un corazón tan grande como su talento.
Poco podía yo imaginar que ayer estaría marcado por el protocolo que rige el fin de una vida, de varias vidas. Pude ver a un reportero de Espectáculos presentando al aire sus comentarios, visiblemente conmovido pues le había tocado apenas unas horas antes entrevistar a “La Diva de la Banda”.
Pero lo que llegó primero en forma de mensajes, alertas, tweets, posts en Facebook, se fue convirtiendo poco a poco en una realidad cada vez más innegable, a medida que se acumulaban las evidencias de que no había esperanzas.
Ya de noche, fue triste examinar las pruebas, las imágenes, los materiales que resumían en notas compactas el telón de varias vidas: Jenni Rivera y sus acompañantes, uno de ellos su hermano, llevaron una vida vertiginosa que tuvo también un fin vertiginoso en un choque directo contra la montaña.
La cantante había dicho que no le gustaba pensar en el mañana y prefería vivir el presente. Creo que no lo dijo, pero tengo la impresión de que su muerte fue como ella la hubiera querido: instantánea y en la cumbre, en un momento de felicidad y prosperidad. Que descanse en paz.