Esa maldita costumbre de revisar los cajones

¿Recuerdan aquellos consejos de las abuelas de no revisar los cajones de tu pareja a fin de encontrar evidencia de que son infieles porque seguramente acertaríamos. ¿Y sus intentos de disuadirnos con las palabras: “el que busca, encuentra”? Siempre he tenido mis dudas sobre las bondades de seguir este consejo. Entiendo que para muchos resulte más conveniente dejar las labores detectivescas y vivir tranquilamente con una venda en los ojos. Sin embargo, evadir un problema no lo soluciona y si existe una infidelidad es mejor que lo sepamos, aceptemos que hay un problema y tratemos de resolverlo.

A pesar de que no nos gusta aceptarlo, supongo que todos hemos revisado en algún momento los cajones (o la versión moderna de los mismos: teléfono inteligente, iPad, correo electrónico, mensajes directos en Twitter, o lo que sea) de nuestra pareja. Sabemos, que de ser descubiertos en esta grave violación a la privacidad, quedaremos muy mal parados y que seguramente nos traerá un buen pleito. A pesar de ello, sucumbimos a la tentación.

Una amiga me confesó que revisaba regularmente el correo de su marido. Había empezado hace años, cuando eran novios a buscando pruebas de una infidelidad y, a pesar de que no encontró prueba alguna, sigue haciéndolo ya que encontró que su novio le había mentido vilmente sobre las razones de no poder devolverle un préstamo que ella le había hecho. No pudo reclamarle nada, ya que su información provenía de vías “ilegítimas” y decidió seguir con la relación. Desde entonces, ella revisa el correo de su marido no solo porque quiere saber si le es fiel, sino también si le miente sobre otras cuestiones. ¡Qué locura!

Sabemos, la curiosidad humana no tiene límites y, a pesar de ser cuestionable, no podemos resistirnos a revisar “los cajones” de nuestras parejas para confirmar sospechas de infidelidades; noticias e información que bien pueden desembocar en un divorcio. A este respecto hay quienes ya pusieron manos a la obra y aprovecharon la tecnología para impedir que nos entrometamos en asuntos de privacidad de otros. De acuerdo con una nota publicada en La Vanguardia el 4 de diciembre (www.lavanguardia.com/local/barcelones-nord/20121204/54356902369/badalone...) Sergi Solé y Xavi Vinaixa, crearon una app para encriptar los mensajes. El funcionamiento es sencillo. Cuando escribes un mensaje, lo haces protegiéndolo con una contraseña. La app PrivateMSG genera un enlace que envías al destinatario a través de WhatsApp, email o SMS. Cuando la otra persona lo recibe, puede leer el mensaje a través de la aplicación instalada en su teléfono. Este sistema de encriptación es el mismo que utilizó Julian Assange para los archivos de Wikileaks y que nadie ha podido descodificar. Ellos creen que así pueden evitar que algunas parejas se separen al encontrar pruebas de las infidelidades de su pareja en su teléfono celular.

¿La tecnología está al servicio del amor o de la infidelidad? Después de todo, la app lo único que impide es que el marido o mujer puedan verificar sus sospechas, pero esto no garantiza que no sigan buscando en otros cajones, o que el matrimonio sea bien avenido, ni que el infiel deje de serlo. Además, mensajes encriptados o no, la verdad tarde o temprano sale a la luz y quizá, ante la crisis, vendrá el divorcio. Además hay otro problema, si encontramos mensajes cifrados en el teléfono de nuestra pareja ¿confirmará nuestras sospechas? ¿no será hasta más evidente de que nuestra pareja tiene algo que ocultar?

Existen varios puntos para reflexionar cuando revisamos los cajones de nuestra pareja. Habría por empezar por preguntarnos ¿por qué estamos en una relación con una persona en la que no confiamos? ¿Es un temor fundado en su conducta o es producto de nuestras inseguridades? ¿Qué es lo que esperamos encontrar y qué pensamos hacer con la información que nos lleguemos a topar? Si encontramos que nuestra pareja es infiel ¿será esta información lo que nos de fuerza para salir de la relación o elegiremos actuar como si “no pasa nada” y seguir casados por la razón que sea?

El hacer que sea tecnológicamente más difícil que nuestras conversaciones amorosas con otros sean leídas por nuestras parejas, no nos hace fieles, ni mejora la relación. Tristemente no tenemos todavía una tecnología que detecte inmediatamente las razones por las que revisamos los cajones de nuestras parejas, ni que nos ayude a solucionar los problemas de desconfianza, falta de autoestima que nos llevan a hacerlo.


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