The Walking Dead T03E08: Made To Suffer

[Spoilers.]

The Walking Dead ha pasado buena parte de su tercera temporada y la totalidad de los dos episodios anteriores construyendo el enfrentamiento entre el grupo comandado por Rick Grimes y los habitantes de Woodbury dirigidos por Philip “El Gobernador” Blake. Con esto en mente, “Made to Suffer” puede sentirse anticlimático a ratos, pues en lugar de cumplir con la promesa de contestar las preguntas planteadas en lo que va de la temporada, maniobra con mayor o menor habilidad para retrasar las respuestas hacia su segunda mitad y plantear varias nuevas interrogantes. Por otro lado, esa ha sido quizá la gran virtud de la temporada: nunca deja de moverse adelante —piensen cuán lejos se sienten los eventos de este episodio de los del inicio de la temporada.

Iniciamos con un grupo de cinco caras nuevas comandado por un hombre llamado Tyrese que, huyendo de un grupo de zombis, se abre camino hacia la prisión que sirve de hogar a nuestros protagonistas. Cuando estos escuchan sus gritos, Carl decide ayudarlos —mostrando una disposición a liderar que puede ser un buen rasgo a explorar en futuros episodios—, ofreciéndose incluso a ‘encargarse’ de una mujer del grupo que ha sido mordida. La introducción de este nuevo grupo expande las posibilidades de la historia y otorga la sensación de que el universo de la serie es más grande de lo que hemos visto hasta el momento —también, no nos engañemos, provee personajes prescindibles para cumplir la cuota de muertos en los episodios por venir.

En Woodbury, Maggie y Glenn comparten algunos momentos juntos antes de que Merle y compañía los lleven a los ‘screamer pits’ por órdenes del Gobernador. Un intento de escape (vía un par de armas improvisadas de huesos de zombi) resulta infructuoso, pero para su fortuna son rescatados por Rick y el resto, que se ha infiltrado en el pueblo en una operación extrañamente eficiente —extraña porque consiste en poco más que andar en cuclillas por todo Woodbury sin que nadie los note. De ahí, la gran guerra de Woodbury parece inevitable.

En las calles (o calle) se desata la batalla entre el brazo armado del Gobernador y el grupo de Rick. El conflicto cumple en intensidad, pero en lugar de ser el punto álgido que uno hubiera esperado es más bien un punto lleno de humo y confusión donde las relaciones espaciales son difíciles de descifrar. Sí, probablemente así sería un tiroteo real, pero esto es televisión. Con todo, la escena logra su propósito: nuestros héroes apenas logran escapar, Daryl se queda atrás y nos despedimos de —sorpresa— Oscar.

Michonne se aparta del grupo para embarcarse en una misión personal. La escena que sigue es la mejor del episodio y al mismo tiempo un resumen los problemas de la serie. El mayor de ellos es que las motivaciones de Michonne para poner en riesgo su vida —y la del grupo de Rick— con tal de matar al Gobernador son cuando menos cuestionables sino directamente inexistentes, empeorado por el hecho de que su personaje está tan poco desarrollado que no existe contexto para explicar sus acciones. Todos tenemos claro que el Gobernador es el jefe final de la temporada, pero sus interacciones con Michonne, aunque ríspidas, no parecen justificar tal deseo de venganza.

Sin embargo, ver a Michonne horrorizada al descubrir a la hija del Gobernador y la subsecuente pelea cuando este arriba son un espectáculo notable —violento y urgente, ¡ese vidrio al ojo!— que completa un arco dramático para el Gobernador que, apreciado en el vacío, es quizá lo mejor que la serie ha hecho. La ambigüedad con la que se le ha manejado venía escalando hacía esto: el momento en que un hombre inestable y aferrado a lo poco bueno de su vida pasada se deja caer al vacío. Este es su origen secreto —acaso sobra el parche en el ojo, que como significante es poco sutil, aunque entendible.

Regresando a los no-personajes con motivos poco claros, Andrea interrumpe a Michonne antes de que acabe con la miseria del Gobernador. Así, en teoría se estrechan sus lazos con el Gobernador y existe un legítimo punto de ruptura con Michonne y la gente de la prisión, a pesar de que la revelación de las peceras y la hija zombi serían suficientes para hacer huir a cualquiera. De nuevo, la falta de pathos o motivaciones sólidas dejan las acciones de Andrea y Michonne —sin importar el intenso duelo de miradas— un poco a la deriva.

Fuera de Woodbury, el grupo —menos Daryl y 2-Dog— está listo para regresar a la prisión y se reúnen con Michonne, quien no ha ganado la confianza de nadie. El episodio termina con una larga escena en la que un enojado Gobernador trata de calmar a su gente y traiciona a Merle, culpándolo del ataque y dejando su suerte y la de Daryl en manos de la comunidad. Las cosas no lucen bien para ellos. Sin ser un gran cliffhanger (todos sabemos que nada le va a pasar a Daryl), la escena respira y está bien construida. “Made To Suffer” no es el final explosivo que algunos esperábamos, pero deja a todos los personajes en posiciones interesantes y cierra una sólida primera mitad de la temporada que arregló varios de los problemas que la serie venía arrastrando. Nos vemos en febrero.

Highlights y observaciones:

— La gran pregunta sin respuesta de la primera mitad de la temporada es qué fue de la guapa que se acostó con el Gobernador en el tercer episodio, ¿nadie está preocupado por sus sentimientos?

— “All this time, running from walkers, we forget what people do”: sí, Maggie, ya lo sabemos. ¿Qué necesidad hay de decir los puntos argumentales en voz alta?

— Nunca se explica en qué consisten los ‘screamer pits’. Seguramente lo descubriremos el próximo año.

— “Maggie, she’s with Glen and you’re a lesbian [...] but you got the short hair!” Me reí. Perdón. [Por otro lado, espero que Axel no intente nada con Beth. Ya nos ahorramos una violación, no queremos ir en esa dirección ahora.]

— Oh Daryl, me rompes el corazón. Su reacción al escuchar que Merle seguía con vida es de nuevo el momento más sentido del episodio.

— 2-Dog, nunca te conocimos. Aparentemente no hay espacio en esta serie para dos hombres negros. Esperemos que a Tyrese —¡Tyrese, el del cómic! pero más importante: ¡Cutty de The Wire!— le vaya mejor que a T-Dog y a O-Dog [en ese orden de ideas, acordemos llamarlo 3-Dog, Ty-Dog o Ultimate T—Dog].

— Rick alucinando a Shane (con peinado de Wolverine) en medio de la batalla de Woodbury distrae mucho, pero es bueno saber que Rick no quedó completamente curado después de la llamada fantasma.

— Qué terribles los extras de la escena final.

Pablo Alva

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