Dicen que no hay mal que dure cien años. Cierto, pero hay pleitos que parecen no tener fin y también hay quienes hacen todo lo posible para que estos no se resuelvan. A pesar de que nos gustaría evitarlos, es prácticamente imposible que en nuestra vida no se susciten conflictos. Algunos serán pequeños, otros mayores, pero siempre los habrá. El que haya conflictos no es lo importante, lo fundamental es cómo reaccionamos cuando se presentan y cómo los resolvemos. Así como aceptar que tenemos un problema es el primer paso para resolverlo, la primera pregunta ante un conflicto sería cuestionarnos si queremos resolverlo.
Por supuesto que la mayoría dirá que quiere resolver el problema, pero al igual que en otras situaciones, esto no es una cuestión de palabras: tiene que existir una voluntad de los involucrados que acompañe a esas palabras para que un conflicto llegue a su fin y tristemente algunas veces, esa voluntad no existe. Esa falta de voluntad es una clara señal de que en realidad lo que quieren es seguir peleando. Hay varias señales de esta intención, como repetir las conductas que saben que molestan al otro para que estalle y empiece nuevamente el conflicto. Su necesidad de seguir en el pleito es grande, así que si la conducta inicial es ignorada, buscaran otra manera de sacarlos de sus casillas y continuar la refriega.
El aferrarse a tener la razón es una señal clara de no querer solucionar un conflicto. Los adictos a tener la razón son capaces de discutir por horas enteras para “probar” que están en lo correcto. No pueden escuchar al otro ni, mucho menos, ponerse en sus zapatos. Seguirán insistiendo en que están en lo correcto, aunque su actitud los perjudique y las consecuencias sean muy duras. Prefieren dejar de hablar con su pareja o hijos por meses, antes que aceptar que están equivocados. Es imposible negar que aceptar que no tenemos la razón y reconocer nuestros errores, es difícil, pero la adicción a tener la razón, además de que no nos permite solucionar el conflicto, lo agrava.
Hay que aclarar que una cosa es defender nuestros derechos o poner límites en una relación y otra muy diferente es querer salirnos siempre con la nuestra. Como bien saben los negociadores, hay que poder llegar a un punto en que ambas partes queden satisfechas. No importa si el conflicto es de índole laboral, familiar o sentimental, si verdaderamente queremos solucionarlo y llegar a este punto medio tenemos que tratar de entender el punto de vista del otro. No hay otro camino.
Otro indicio claro de que no queremos solucionar el problema son las formas que usamos. Si ante un problema empezamos a proferir insultos y gritos, las probabilidades de resolverlo sin que se dañe la relación, disminuyen con cada exabrupto. Y ojo, porque nuestra personalidad y educación se revelan en también en esos momentos. El tratar de tapar una mentira con otra, invariablemente nos llevará a seguir mintiendo y, por ende, a más conflictos. La honestidad es necesaria para poder solucionar un problema.
La vida no es de blancos y negros, sino de una infinita gama de grises. La mayoría de las veces las situaciones no son categóricas, sino que ambos tienen algo de razón (y culpa) en el conflicto. Un amigo hace unos años me dijo: “No pienses en ganar un pleito o una discusión, eso es aferrarse a tener la razón, y cuando esto sucede, en realidad nadie gana. Piensa mejor en que más allá de probar que tienes razón y ganar el pleito, la que debe de salir ganando es la relación. Si la relación con la persona que tienes el problema (sea tu jefe, hijo, pariente o amigo) gana, será lo mejor para la relación y, desde luego, para ti”.
Si las partes involucradas en un conflicto verdaderamente quieren solucionarlo, no hay razón por la cual no se llegue a un acuerdo. Un conocido refrán habla sobre la responsabilidad mutua en un conflicto: “No pelean dos, no queriendo uno”. Supongo que funciona también a la inversa. No se pueden reconciliar dos, no queriendo uno. Espero que nadie tenga un conflicto, pero si sucede hay que preguntarnos: ¿De verdad quiero solucionarlo o lo que quiero es seguir peleando? Si somos honestos con nosotros mismos y encontramos que lo que queremos es continuar el conflicto, quizá sea un buen momento reflexionar que lo importante no es ganar el pleito, sino que gane la relación.
http://www.milenio.com/blog/fernanda
Twitter http://twitter.com/FernandaT