La reina de Sinaloa

En uno de sus habituales extravíos, el cartujo llega a la lejana provincia de Facebook, donde encuentra una cuenta dedicada a María Susana Flores Gámez, la reina de belleza sinaloense muerta el 24 de noviembre en un enfrentamiento —uno más— entre narcotraficantes y militares en El Palmar de los Leal, en el municipio de Mocorito.

En esa cuenta, con algunas expresiones de comprensión y tristeza se leen otras de desprecio, críticas duras y aun ofensivas de quienes se erigen implacables jueces.

Algunos la llaman “basura” y cosas peores, otros se alegran de su muerte. Unos pocos la defienden, como Nora Sánchez, quien escribe: “Descansa en paz. Me indigna que haya personas que hablan sin saber… Pues muchas veces son las circunstancias en que jovencitas son amenazadas”.

La historia de María Susana, de 22 años, estudiante de Comunicación y con una presencia constante y afortunada en los certámenes de belleza, lleva sin escalas a las páginas de Cuando llegaron los bárbaros. Vida cotidiana y narcotráfico (Planeta, 2011), libro en el cual Magali Tercero recoge, entre tantos otros, testimonios de académicos, escritores, periodistas, taxistas, meseros, taqueros, conserjes, estudiantes, amas de casa y padres de familia sobre la manera como en Sinaloa el narco ha permeado la vida cotidiana.

En ese ambiente, las mujeres hermosas son vistas por los narcotraficantes como un símbolo más de su poder: tienen dinero, residencias, vehículos lujosos, joyas, y amantes guapas. Por eso muchos jóvenes —le dicen varios entrevistados a Magali— adoran a los narcos y quieren ser como ellos.

El escritor sinaloense Geney Beltrán le revela: “Aquí impera lo que llamo el mercado de piernas. En Culiacán las muchachas se arreglan muchísimo, a diario, como si siempre fuera día de fiesta. Y los narcos van a elegirlas a las preparatorias. Para ellas es bueno porque no tienen que estudiar. Ya tienen un novio que les paga todos los gastos, les pone casa, les da coche. Se sabe que hay una red de prostitución de muchachas de prepa. Está protegida por algunos políticos. Y aun así no hacemos nada”.

Algunos padres le hablan de su desesperación al ver crecer a sus hijas, y más si son atractivas. Algún narco podría fijarse en ellas —o al revés—. Por eso si tienen recursos las mandan a estudiar al extranjero; si no, con resignación las colman de consejos y bendiciones. “Con quien se junte (mi hija) de mi casa hacia fuera yo no sé. Conozco a muchos de sus amigos pero no a todos. Son decisiones que ella va a tomar. Está muy claro cómo está la situación”, le dice una madre de familia.

La muerte de María Susana es una nueva sacudida en estos tiempos violentos, una bofetada a las políticas fallidas, una llamada de atención para todos, aun para aquellos proclives a los golpes de pecho y a la condena expedita.

Queridos cinco lectores, en el amanecer de un nuevo sexenio, desde la FIL de Guadalajara —donde se extraña a Enrique Peña Nieto—, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.