La ideología del taco

El taco es un alimento que marca la existencia de las almas, no se trata solo de darle sustento al cuerpo con la energía nutricia, se trata del cuasi-pecado de disfrutar erótica/sensualmente el envuelto de chicharrón, barbacoa, bistec o chile con rajas. Es la categoría fuera de la ciencia política que cohesiona pueblos, jurisdicciones, estamentos, mafias, preferencias sexuales y estéticas.

Al fin comida, los tacos tienen una demanda alucinante, en cualquier tramo de avenida o boulevard se pueden encontrar mínimo 5 taquerías, la ciudad de Monterrey debe ser la más densamente poblada de las mismas. Es por eso que a toda hora se antoja un taquito: para el desayuno, unos al vapor; para la comida, unos tacos de cabrito o arrachera; para la cena, unos al pastor o de molleja. Todo se puede hacer taco, hasta los chiles jalapeños, mostrando su nobleza, maleabilidad, ductibilidad; la tortilla de maíz o harina es el lienzo donde se devoran los sabores. Es sorprendente que Andy Warhol no hubiera pintado una serie dedicada a tan mexicana expresión de sencillez culinaria, manjar existencialmente valioso para la vida tan llena de sinsabores del mexicano contemporáneo. Quizá sea la razón porque todavía la locura no se apodera de mis-nuestras conciencias.

Alguna vez llevado por amigos eternos me encontré con esa visión del taco como acto sacramental, como objeto divino. En la colonia Niño Artillero (Army Boy), nos recibían unas bancas en la espera que a las 10 de la noche abriera sus puertas ése templo de los tacos con dos salsas. Se hacen las filas largas, pero nadie se raja y llega el feliz destino de comer con avidez esos tacazos de bistec, los cuales he podido constatar que tienen propiedades curativas.

En otra parte de la ciudad, frente a la Facultad de Economía se encuentra una camioneta-puesto de tacos, donde la comida no está mal, pero lo que podía causar que asiduamente no dejara de comer ahí, era ése temperamento del dueño, el cual en algún momento un amigo describió como “El taquero más soez del mundo”. Y sí, de su boca bigotona salían cantidad de tacos, tepocatas y víboras prietas, que hacían de cada visita un espectáculo de comedia.

Tantos tacos, tantas salsas han pasado por el sistema digestivo de la gran mayoría de los mexicanos, que eso de la vitamina “T” debiera estudiar algún laboratorio farmacéutico ponerlo en cápsulas. Desde los tacos matamoros, hasta los gobernador, la industria taquera mexicana es franca competidora de las hamburgueserías. La herencia prehispánica tacomaniaca nos sigue hasta estos tiempos de franquicias chatarra.