A la carpeta de “Spam” llegan un montón de correos de personas que dicen ser alguien con mucho dinero y quieren implicarme para hacer algo con intenciones no muy claras. La mayoría involucra un muerto, una transferencia millonaria, un miembro del ejército, bancos, Dios, una buena obra y jugosos porcentajes si uno accede a lo que piden. Estos intentos de fraude son bien conocidos; la mayoría vienen de Nigeria y siguen un mismo patrón, fácilmente reconocible. Todos están redactados en un español terrible; mientras hay partes que no se entienden del todo, al final resulta fascinante leer la carta con esos tonos y errores, pues le otorgan personalidad y la hacen interesante; casi puede uno escuchar al personaje que los envió hablar de esa manera, e imaginar su físico y la forma en que mueve las manos y los músculos del rostro. Los argumentos son buenos (“soy un empleado del banco y tengo acceso a este dinero, nadie más sabe sobre este asunto”, “voy a morir y quisiera que este dinero fuese usado para ayudar a otros en nombre de Dios”, etcétera) y los personajes involucrados bien podrían haber sido creados para una película de intriga internacional. Un buen novelista tiene un recurso enorme en estos correos que, aunque breves, contienen todo lo necesario para desarrollar una magnífica narración. Hoy me limito a “arreglar” dos cartas que me han llegado, agregando algunas cosas en sitios que presentaban claras lagunas, huecos e inconsistencias. Quizá en un futuro cercano elabore un texto con la carta y con el personaje de la moribunda como protagonista o de la joven asediada. Es interesante cómo uno puede viajar con la imaginación a sitios exóticos (Abidjan, en este caso) e intentar recrear estas tramas e intrigas en un ambiente desconocido, con personas mal intencionadas, piratas, estafadores y similares. Por lo pronto los correos me llevaron a curiosear sobre Costa de Marfil, su historia, recursos y sitios de interés; algo que no creo hubiera hecho nunca, de no haber sido por estos correos. Algo nuevo se aprende siempre. Con Google Maps viajé por Abidjan y pude ver las casas de los ricos, hospitales, estadios, terminales de autobuses, parques, avenidas y el aeropuerto. Todo ello me sirve para imaginar los escenarios donde se pudieran dar estas tramas increíbles.
Nota: el segundo correo me llegó en inglés; lo traduje e hice las correcciones y añadiduras correspondientes. No pude evitar el incluir algunas escenas, frases y supuestos salidos de mi imaginación y que encajaron perfecto en la trama original. Ambos correos fueron enviados desde la misma dirección, con el mismo nombre pero con motivos distintos. Como ya indiqué, estos ejercicios pueden servir como fragmentos para ser incluidos en una narración más extensa.
Por lo pronto estoy tentado a regresarle las cartas corregidas al nigeriano que me las envió y ofrecerle mis servicios. En un descuido y me contratan.
Estimado en Cristo,
Soy la señora Rita Daniel, de Kuwait. Soy la esposa del Sr. John Daniel. Él trabajó en la embajada de Kuwait aquí en Costa de Marfil por nueve años antes de que muriera en el año 2002. Estuvimos casados once años y no tuvimos niños. Él murió después de una breve enfermedad que duró solamente cuatro días. Antes de su muerte él y yo nos convertimos al cristianismo. Debido a nuestras convicciones religiosas y morales, decidimos que después de su muerte, yo no volvería a casarme o a tener (o adoptar) hijos: respetaría nuestro acuerdo matrimonial hasta mi muerte.
Meses antes de morir mi marido depositó la suma de $ 3.5 U.S. Million (tres millones quinientos mil dólares estadounidenses) en un banco aquí en Abidjan. Recientemente, mi doctor me dijo que tengo una enfermedad grave y terminal: cáncer. La muerte no me asusta ni me acongoja; lo que me molesta es que mi enfermedad haya caído de golpe, igual que la que se llevó a mi marido.
Después de reflexionar sobre mi condición y el tiempo que me queda de vida, he decidido donar este fondo a una iglesia o individuo que utilice este dinero de la manera correcta y se lo voy a encargar de esta manera: quiero que la donación sea a una iglesia cristiana o católica, o que este fondo beneficie a los orfanatos, a las viudas, a los ancianos, a los niños sin hogar o a las personas víctimas de la guerra. Quiero que este dinero sea utilizado para propagar la palabra de Dios y al esfuerzo que la casa de Dios hace en el mundo. Dice la Biblia que “bendita la mano que da”.
He tomado esta decisión porque no tengo ningún niño que herede este dinero y mis parientes cercanos no son cristianos y no deseo que nuestro dinero y esfuerzos sean utilizados por incrédulos e infieles. No deseo una situación donde este dinero será utilizado en una manera incorrecta, por gente impía u oportunistas que sólo buscan su bienestar propio. Esta es la razón por la cual estoy tomando esta decisión. No me asusta la muerte, porque se adonde voy; se que pronto estaré junto al Señor. Recordemos las palabras de la Biblia: “el señor luchará mi caso y yo llevaré a cabo mi paz”.
Convalezco en mi casa; como mi marido, quiero morir aquí, atendida por los empleados que nos han sido fieles durante tantos años. Mi estado de salud es delicado; me cuesta trabajo hablar por teléfono con usted, además estoy rodeada por los parientes de mi marido; están a todas horas y no quisiera que supieran sobre este desarrollo. Creo sospechan algo y por esta razón prefiero que nuestra comunicación sea a través del correo electrónico y mantener el asunto lo más discreto posible. Ellos saben que hay mucho dinero en una cuenta, han intentado meterse en mi computadora e incluso quisieron sobornar a mi abogado hace unas semanas. Ellos no se van de casa y cuando duermo a causa de los somníferos que me suministra el médico para el dolor, ellos buscan documentos firmados por mi marido para ver qué bienes poseía. Se muestran atentos y serviciales, rezan a Alá pero en el fondo solo quieren quitarnos lo que tanto trabajo nos costó acumular a lo largo de años. Ellos están resentidos de que nosotros nos hubiéramos convertido al cristianismo y mientras finjo dormir, los escucho maldecir constantemente y decir cosas terribles.
Pero con Dios todas las cosas son posibles. Tan pronto como reciba su contestación le daré el contacto del banco aquí en el Abidjan, y un abogado de mi confianza entrará en contacto con usted para transferir el fondo a su cuenta. El abogado se encargará de redactar una letra que le otorgue a usted autoridad sobre este fondo, nombrándolo beneficiario total.
Quisiera que usted y la iglesia rogaran siempre por mí. Mi felicidad y consuelo es que viví una vida de un cristiano digno. Quien quiera que desee servir al señor debe servirlo en espíritu y verdad. “El señor es mi pastor, nada me faltará”.
Mi salud decae rápidamente y los médicos no esperan que viva más de un par de meses, además, temo que los parientes de mi marido lleven con éxito la rapiña que han estado planeando. Le pido tome una pronta decisión, no queda mucho tiempo.
Ruega siempre a Dios por su misericordia; Él le tendrá en su gloria si obra en su nombre.
Confío plenamente en ti, pues se que eres cristiano y sólo buscas el beneficio de otros, porque eso es lo que hubiese querido Cristo. Sigue sus pasos y que Dios te bendiga siempre.
En espera de tu respuesta,
Rita Daniel
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Estimado:
Le escribo pues quiero establecer una relación de negocios con usted. Obtuve su nombre y sus datos a través de la Cámara de Comercio de su país; lo seleccioné a usted por las recomendaciones que me enviaron mis contactos, quienes lo refieren como una persona honesta y confiable. Así, no dudo en confiarle un negocio sencillo y sincero. Permítame presentarme: soy Rita Daniel, la única hija de la señora y el señor Michael Nambele. Mi padre fue un acaudalado empresario dedicado al comercio del cacao en Abidjan. Murió envenenado por su hermano (mi tío) por una disputa sobre sus bienes. Mi madre murió cuando yo era pequeña y mi padre cuidó de mí durante todos estos años. Mi madre era una enfermera francesa que prestaba servicio en la jungla de Costa de Marfíl a campos de refugiados cuando fue atacada por guerrilleros, quienes le dieron muerte en una emboscada donde murieron monjas y un sacerdote católicos. Desde entonces mi padre no volvió a casarse y se dedicó enteramente a sus negocios. A principios de este año cayó enfermo. Una debilitación progresiva lo llevó a quedar postrado; su hígado estaba irreversiblemente dañado y los médicos no encontraban la causa de la enfermedad. Fue una noche cuando él me llamó, y ahí, en su lecho de muerte, me dijo que sospechaba que su hermano le hubiera estado suministrando veneno durante meses. Me pidió que no investigara más y que tuviera precaución, pues mi tío está involucrado en negocios ilícitos y es frecuentemente investigado por la policía. -Vete de Costa de Marfíl, -me dijo, pues sabía que corría peligro. Esa noche me confió que tenía una cuenta con diez millones de dólares norteamericanos ($10,000,000 US) en una cuenta secreta. En caso de morir, el dinero quedaría a mi nombre, como su única heredera, además de las acciones del negocio del cacao, la casa, un pequeño yate y otras propiedades tanto en la ciudad como en el país. Le expongo el problema: mi tío sabía que habíamos descubierto lo del homicidio y cuando mi padre murió, él y sus socios se dedicaron a buscarme con el fin de secuestrarme y obligarme a ceder el dinero y los bienes heredados. Fueron meses de estar siendo perseguida por vehículos misteriosos, huidas precipitadas y vivir en escondrijos. Tienen vigilada mi casa y los negocios de mi padre. Viví dos semanas en un barco mercante en el puerto de San Pedro, en la costa norte, pero un empleado me delató y dieron conmigo. Escapé hacia la jungla y di con un campo de refugiados, donde me oculté hasta hace unos días. Mi padre sugirió buscara un socio de confianza en el extranjero con el cual pudiera entablar una relación honesta y así invertir el dinero de la herencia. Por eso lo busco a usted ahora, usted es esa persona honesta que yo estoy buscando. Estoy segura que aceptará mi propuesta, ya que me encuentro en una situación desesperada y necesito salir del país antes de que mi tío me encuentre. Reclamo su comprensión y su amistad. Requiero su asistencia de la siguiente manera: que sea usted el guardián de mi fortuna, y que ejecute los trámites necesarios para viajar a su país y establecer legalmente mi residencia en él. Posteriormente pasaremos a definir la naturaleza de las inversiones que hagamos juntos. A cambio de hacer una transferencia de mi dinero a su cuenta, estoy dispuesta a ofrecerle un 15% del total del depósito como compensación por su ayuda y servicios. Debo insistir en que este asunto es de suma urgencia; me encuentro escondida en un pequeño pueblo costeño y temo ser encontrada por mi tío; hay muchos intereses involucrados, ellos han sobornado a la policía y sólo es cuestión de tiempo antes de que me encuentren otra vez, y presiento que esta vez no correré con tanta suerte.
Dios lo bendiga.
Espero su pronta respuesta.
Rita Daniel