Homeland, T03E05-09

[Este recap es una puesta al día desde el quinto episodio hasta el noveno, de acuerdo a la continuidad que sigue la serie en Estados Unidos. Si estás siguiendo la serie en FX México, recomiendo esperar un par de semanas: encontrarás spoilers.]

Digamos, para establecer una forma de medición entre televisión y literatura, que una película es el equivalente a un cuento. En el cuento, como en la película, la mayoría de las veces —o las veces en las que estamos ante algo que es “narrativa clásica”, en literatura, o “narrativa hollywoodense”, en cine—, se trata de evitar lo que no ayude a la trama a avanzar. Así, si vemos una película de acción o espionaje o thriller o suspense o terror —igual que cualquier cuento de alguno de esos géneros—, esperaremos que todo lo que se ve en pantalla sirva para que la trama avance: sea que esté cargado de significado o que adquiera significado más adelante, pensamos que si está allí, es por algo. La serie de televisión podría parecerse más a aquel formato de novela serial, o novela por entregas: fragmentada, cada una de las piezas puede leerse de forma independiente, pero adquiere un sentido mayor —digamos, que opera en otro nivel— si se lee el conjunto en su totalidad. Esto explica porqué en una novela serializada como Arthur Gordon Pym o en una serie de televisión como Homeland —un cine serializado—, hay abundantes cliffhangers, giros de tuerca, trucos que enganchen al espectador a seguir viendo la obra. Esta característica de extensión también permite que la serie se detenga en cosas que pueden ser importantes más adelante o no. Así como la novela se enriquece con detalles que en cuento parecerían nimios o fútiles, la serie de televisión también amplía su cuadro cuando incluye cosas que pueden ayudar a avanzar a la trama o no. La línea entre esos detalles enriquecedores y lo que comúnmente se llama “paja” es muy fina.

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Los recaps han sido una forma de razonar e invitar al diálogo en torno a una serie —en este caso, Homeland—, pero una de las mayores virtudes de la serie ha sido la capacidad de engañar al espectador, destruyendo la mayoría de sus especulaciones. Homeland, frecuentemente comparada con 24, tiene la capacidad de retar al ritmo convencional de la serie de televisión promedio: al comenzar la temporada, existía el convencimiento de que Carrie se reintegraría a la CIA, pero no en el primer episodio; la posibilidad de descubrir a Brody existía, pero no antes de la primera mitad de la temporada; la persecución del exmarine se antojaba larga, acostumbrados como estamos a la extensión de argumentos, pero terminó resolviéndose en un episodio. El cuarto episodio, al que corresponde el último recap publicado aquí, dejó a Carrie sola en una habitación, justo después de capturar a Nicholas Brody, exmarine, congresista y terrorista. La captura de Brody ocurrió en tres actos: un largo diálogo entre Carrie y Brody en un bar; duelo actoral que sirve de preámbulo al siguiente diálogo entre ambos —el segundo acto de la captura—, en el cuarto de hotel —justo el momento de la captura—. La tensión sexual que conocemos gracias a la primera temporada no se resuelve; Carrie se aguanta y apresura la acción de atrapar a Brody, lo que da comienzo al quinto episodio.

Después de la captura de Brody, comienza un interrogatorio inicialmente a cargo de Quinn, ese tipo misterioso en el que aprendimos a confiar en ocho episodios y en el que después del noveno quizá ya no confiamos tanto, y termina hasta que el mismo Quinn le entierra un cuchillo en la mano así nomás, por sus huevos. Ese arrebato de ira (¿o “ira”?) termina dando pie a la segunda parte del interrogatorio: el conducido por Carrie. El quiebre, el dolor, la mirada del sargento Nicholas Brody, que recarga su cabeza en la mesa y mira a Carrie, convertido ya en piltrafa, en un último momento suplicante: este episodio de Homeland es, quizá, el más importante hasta el momento. El duelo actoral que ya se intuía en el cuarto episodio aquí estalla y se revela: el nervio de Carrie, el no saber si miente o no; si está segura de lo que siente o no; si actúa en interés de la CIA, en suyo propio, o de ambos: la ruptura definitiva del alma, cada vez más quebradiza, de Brody.

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El quinto episodio trajo consigo la apertura de una línea argumental que palpitaba pero no se había hecho explícita: la de Dana, la hija mayor de Brody, y Finn, el hijo del vicepresidente. Convertido en un choque que se convertirá en un asesinato imprudencial, esta línea argumental que se desarrolla a veces con pereza —el dilema de Dana, que suele culpar a sus padres por guardar secretos, se vuelve paradójico ahora que ella también oculta un secreto—, a veces con vigor —Dana visitando a la mujer atropellada en el hospital— y es resuelto más o menos con chambonería —los niños confiesan y la esposa del vicepresidente soluciona todo con un soborno del que nos enteramos después, en un acceso de culpa de Dana—. Ahorita, episodio nueve, esa línea está parada: ¿se reactivará al volver los Brody a casa? ¿Terminó en ese chambonsísimo soborno?

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¿Quién es Peter Quinn? En el sexto episodio pudimos ver el que parecía su final: un comando atacó al equipo que registraba la casa del sastre que elaboró el chaleco explosivo que usó Brody en la primera temporada. Milagrosamente, Quinn salió vivo —justo cuando varios pensábamos que el espía oculto que podía tener Nazir en el equipo era Gálvez, quien pereció en el asalto— y se recuperó menos de medio capítulo después, en el séptimo. El octavo episodio transcurrió con relativa normalidad para él —su mayor sobresalto fue escuchar coger a Carrie y a Brody en lo que debe ser la escena más incómoda de la televisión en un buen rato—, pero el noveno lo ha tomado —y a nosotros— por sorpresa: Saul ordenó que se le investigara y siguiera. La investigación dio resultados. Peter Quinn no es Peter Quinn; vive como si estuviera a punto de escapar de algo y tiene un hijo del que nadie sabía algo. Saul lleva la investigación un paso más adelante —intentando confrontar directamente, pero con discreción, a David Estes acerca del misterioso Quinn— pero su primer acercamiento resulta infructuoso: Estes asegura que el agente está allí “to kill terrorists”. Dicho lo cual: ¿quién es Peter Quinn?

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Homeland se encuentra a tres episodios de terminar la segunda temporada. Sabemos que ha sido renovada por una temporada más. Hasta ahora, la serie ha logrado jugar con el tiempo y el ritmo tradicionales; ha introducido líneas argumentales que por momentos parecen fútiles pero luego toman relevancia, y ha mantenido un número de cliffhangers y giros de tuerca quizá poco plausibles —Abu Nazir confiando nuevamente en Brody, sin ir más lejos—, pero efectivos a nivel cinematográfico. La serie no mostró en tiempo real el encuentro —sucedido en algún lugar entre el octavo y noveno episodio— de Abu Nazir, supuestamente en territorio estadounidense, y Brody, lo que da pie a la duda: ¿de qué lado está nuevamente Brody? ¿Todo lo anterior fue un rebuscado giro para terminar donde estábamos al principio de la temporada? El décimo episodio resolverá algunas cuestiones. Mientras tanto, pocas cosas más emocionantes que seguir Homeland.

Highlight:

—Brody secuestrado por un helicóptero.
—Carrie y Brody cogiendo durante cuatro intensos segundos; todo Langley escuchándolos coger. Incomodísima escena.
—Brody sumergiéndose en una alberca, reflexivo. Alguien escriba ese poema.
—Brody recargando su cabeza en la mesa y mirando, suplicante. El hombre en proceso de convertirse en un trapo.
—El rostro de Dana, iluminado por luz roja. Cf. Carrie, de De Palma; Los Malditos, de Visconti.
—Todo el interrogatorio de Carrie a Brody.
—Esta es, de forma casi innegable, la temporada del sargento Nicholas Brody. Una de las mejores actuaciones disponibles en la televisión de hoy.

—Luis Reséndiz