Tiempos de agenda

El esmero en la tipografía, el color de las tintas, las texturas del papel, son aspectos que llaman profundamente la atención de todos los que nos dedicamos a la escritura.

Por eso, cuando uno de los nuestros tiene algún tiempo libre, en lugar de escapar hacia mundos subterráneos o abismos de estimulantes, tomamos rumbo a una papelería. Ahí, somos sencillamente felices. Ahí satisfacemos nuestros deseos, porque tenemos a la vista plumas, lápices, pequeños artefactos que suelen colmarnos de placer, aunque a otros les parezcan meros útiles escolares.

Y a fin de año, los escritores tenemos una nueva oportunidad para disfrutar, porque es tiempo de agendas. Para otros, son días de pavo, piñatas y alcohol. Para mí, y para los que escribimos, es tiempo de agendas…
Puedo confesar ahora mismo que cada vez que compro una mas, pongo todavía mas empeño en su belleza y su utilidad.

En el 2012, a lo largo de todo el 2012, ha estado conmigo una agenda bellísima. Tiene una cubierta que parece de piel, es mas parece de piel de serpiente. Es verde, brillante, muy hermosa. Y adentro encierra teléfonos de emergencia, frases un tanto cursis, y amplios espacios para escribir. Me sirvió mucho, muchísimo, podría gritarlo en pleno Zócalo. Me sirvió.

Y ahora que el 2013 abre sus puertas, acabo de encontrar una que también me llena el ojo. Es de un color rojo profundo, con una pagina entera para cada día, y contiene cosas importantísimas, que jamás me van a estar de mas. Esta es italiana, y la compre en el supermercado que esta a unas cuadras de mi casa. En momentos así, me da gusto que exista la globalización, porque se pueden comprar vinos franceses, agendas italianas, y cervezas alemanas o rusas en el súper.

En fin que estoy feliz. Ignoro cual será nuestra suerte en el 2013. Pero cuando menos se que ya tengo conmigo una agenda linda para mis anotaciones.