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Crítica.
Con su sexto episodio, la tercera temporada de TWD parece asentarse con comodidad en el nuevo ritmo que Glenn Mazzara y los guionistas de la serie han construido. En ‘Hounded’ suceden un número considerable de eventos, pero se trata en su mayoría de acomodar las piezas para los dos episodios que restan antes de la pausa de fin de año: no es un episodio terriblemente emocionante, pero muestra que los valles y picos de la serie se manejan con creciente eficacia bajo el nuevo régimen.
Comenzamos con Merle al frente de un escuadrón de la muerte en persecución de Michonne. Al parecer el Gobernador decidió que no podía permitir que alguien opuesto a él anduviera por ahí libremente —el primer paso real para establecer al Gobernador como el gran villano de la temporada. ‘Escuadrón de la muerte’ es un decir, pues Michonne despedaza con facilidad a dos de sus miembros, dejando solo a Merle y a un temeroso joven llamado Gargulio Neil. Michonne huye con una herida de bala cortesía de Merle, quien es lo bastante inteligente para desistir de la persecución y matar a un de pronto bastante decido Neil —nada como cambiar el comportamiento de los personajes de un momento a otro, uh— para evitar quedar mal frente al Gobernador. Encomendable el manejo de Merle aquí, que de racista unidimensional ha devenido en lamebotas y brazo armado —je— del Gobernador dispuesto a lo que sea para mantener su posición: sino un gran personaje cuando menos un plot device humano más interesante.
Interesante parecía también la idea de sumir a Rick en una crisis a causa de la muerte de Lori, pero la ejecución es menos que estelar: de entre todas las posibilidades los guionistas deciden emplear un deus ex machina —en forma de una conversación telefónica con Lori y otros fallecidos del grupo— para regresarnos al impacible líder que todos conocemos. Si bien el recurso es más atractivo que la perspectiva de pasar varios episodios escuchando a Grimes gimotear y le da al personaje algo en lo que mantenerse ocupado durante la hora, le resta muchísimo peso al arco dramático del personaje.
Mientras Rick sufre, Darryl continúa dándonos razones para pensar que él debería ser el líder del grupo al limpiar el resto del bloque de la prisión junto a Oscar y Carl, y de paso crea un lazo con este último al compartir una historia sobre la muerte de su madre —lo que continúa el patrón de humanización del personaje y crea un contraste con Merle previo a su inevitable reencuentro. Con todo, el momento es flojo en comparación con la sutileza puntual de capítulos anteriores, disminuido a causa de la gordísima brocha que aqueja al diálogo de la serie. Mucho mejor resulta el reencuentro de Daryl y Carol, que acertadamente carece de diálogo.
En Woodbury, Andrea y el Gobernador comparten por fin el lecho amatorio, después de un par de escenas de ligue más o menos recicladas de episodios anteriores. Lo más interesante aquí es la idea del Gobernador como un hombre que previo al apocalipsis no era particularmente excepcional o tenía mucho de qué enorgullecerse: un hombre que enfrentado al fin del mundo ve en este una oportunidad de reinventarse como alguien de poder y recursos. Con esto en mente, no es difícil imaginar que pudiera corromperse y ceder a su lado más oscuro con relativa facilidad.
Por su parte, Andrea pronto verá su lealtad puestas a prueba: Merle cruza su camino con Maggie y Glenn mientras estos buscan fórmula para Bebé Lori y, siendo el bastardo con recursos que es, rápidamente los captura. Con esto el conflicto entre el grupo de Rick y Woodbury ya es inaplazable. Aunque no es la manera más elegante de establecerlo —si llevan la cuenta, es la tercera solución poco elegante del episodio: i) el Gobernador como villano vía el escuadrón de la muerte ii) el regreso de Rick a su status quo vía telephoneo ex machina iii) esta última—, tiene sentido y si lo desarrollan de forma adecuada, pueden explotar el conflicto sin desmantelar del todo el aire de ambigüedad con el que han dotado al Gobernador (a quien han manejado mejor de lo que esperaba) aprovechando la vileza de Merle como detonante del mismo.
Con Rick recuperado, el episodio termina con dos buenos momentos. Primero, Rick se encuentra por primera vez con su pequeña hija, en una escena tonalmente discreta. Después, Michonne —que fue testigo de la captura de Maggie y Glenn— aparece en las puertas de la prisión herida, cubierta de tripas de zombi y cargando la fórmula para bebé: una imagen que, por una vez, funciona precisamente por su falta de sutileza y que cierra el episodio en una nota alta.
Highlights y observaciones:
— Algunos de los mejores momentos de la serie vienen en la forma de las pequeñas piezas de caracterización que los guionistas sueltan, como la reacción de Oscar al encontrar un par de pantuflas. [Relacionado: Oscar debería considerar adoptar alguno de los siguientes sobrenombres: O-Dog, T-Dog II, T-Dog Jr., 2-Dog, El Hijo del T-Dog o T-Dog 2.0: Electric Dogaloo].
— “She’s sends us a bitergram, y’all” Por divertida que pueda parecer, la idea del mensaje con cuerpos no se traslada bien a la pantalla de televisión debido a su naturaleza casi caricaturesca.
— “I’m just gonna call you Neil.” Merle, nunca cambies.
— Aunque entiendo las razones desde el punto de vista de la trama, no deja de ser absurdo que este sea el segundo episodio consecutivo en el que el grupo encuentra lo que necesita cerca de la prisión, cuando la razón por la que se establecieron en esta en primer lugar fue debido a que llevaban siete meses dando vueltas sin encontrar los recursos que necesitaban.
— Urge que alguien edite las escenas de Andrea y el Gobernador en forma de trailer de comedia romántica.