Tangos pueblerinos
Hace más años de los que quisiera acordarme, podría decirse que una parte de mi personalidad era de ave nocturna. No es porque tuviera complejo de búho o de lechuza, sino porque me daba por ir a echar unos tragos con amigos a la salida del trabajo.
Cuando hacía esto en un empleo ordinario, digamos, cuando trabajé en una industria, esto significaba que a veces llegábamos a un club (eufemismo por bar o cantina) a eso de las seis de la tarde, para salir haciendo eses o levemente achispados, según el aguante y la jornada, cerca de la medianoche.
Eran otros tiempos, y salir de copas entre las seis de la tarde y medianoche no era algo para considerar peligroso, como no sacara uno su lado apache. Yo tuve experiencias de todo, entre ellas una emboscada en la que probaron la resistencia de mi cráneo con una botella. Perdió mi cráneo.
Pero pasados los años, empecé a trabajar en periódicos, y en vez de salir a las cinco de la tarde, salía a medianoche, a la una, las dos de la mañana. ¿Qué hacer? A veces me iba a casa, claro, para echarme ahí unas copas mientras veía televisión. Pero otras veces me iba, como antes, acompañado de amigos, en busca de unas copas. Eran éstas, copas madrugadoras, y debo admitir que más de una vez, como dice la canción: nos sorprendió la luz de la mañana.
Tampoco en buena parte de esos años veíamos el asunto como peligroso. Claro que, como siempre, era cosa de elegir a dónde ir.
Luego pasaron los años, tantos que le perdí el gusto a las desveladas alcohólicas. Para mi fortuna, eso coincidió con el crecimiento del riesgo, así que ahora no me siento ni de lejos tentado a frecuentar algunos de los changarros que pisé antaño en busca de un trago tardío.
Estos antecedentes me sirven para preguntar cuál es el tango con el asunto del cierre de los bares. Entiendo que las discusiones en buena parte tienen que ver con lo que dicen los reglamentos: si dicen que a las dos, pues a las dos, pero ¿cuál es el problema de que los bares estén abiertos a la hora que los dueños consideren rentable?
¿Es la inseguridad? Ellos más que nadie saben de qué tamaño son los riesgos, y por supuesto que no van a poner el cuello en peligro. ¿Es que, como dicen, tener las cantinas abiertas estimula la inseguridad? No entiendo cómo: ¿Acaso los delincuentes sólo pueden reunirse en bares? Si cada cliente evalúa su riesgo igual que cada dueño de bar, pues que lo corran en la medida en que quieran. Para eso son adultos.
¿O es que la ingesta de alcohol es más dañina de madrugada que por la tarde? ¿O es más dañina en Monterrey que en San Pedro? Porque en las tierras del sudoeste las cantinas (tan finas que les dicen antros) cierran a las cuatro, y no se ve como que estén ahogados en delitos.
La clave está, claro, en que se apliquen leyes y reglamentos a rajatabla. Si alguien se pone hasta las manitas en el bar, pues que se ponga, pero que no salga a manejar así, y si sale, que le quiten la licencia para que esté obligado a andar en taxi, a ver si no empiezan todos a cuidarse más. O sea que en el fondo, esa actitud ranchera de querer cerrar los bares en realidad refleja el miedo que tenemos a que la ley no se aplique. Eso es lo que hay que corregir; lo demás son excusas mojigatas.