Tercerizar el gobierno
Después de leer un par de notas, me puse a soñar con los ojos abiertos, hasta que me trajo a la realidad el gol de los Xolos que le puso a los Rayados el ánimo a nivel de cancha. En ese mismo nivel había comenzado mi ensoñación, pero había terminado en ánimo positivo.
Resulta que estaba imaginándome cómo funcionarían las cosas si las administraciones públicas se manejaran como en Estados Unidos. Por favor, ahórrenme las críticas por gringófilo y permítanme al menos explicar el sentido de esta afirmación.
Más allá del Bravo, muchas administraciones municipales y tal vez hasta estatales son más bien de membrete, porque las funciones reales de gobierno las realizan oficinas o despachos profesionales.
¿No podríamos aquí intentar en alguna parte el ejercicio? Después de todo, ¿para qué queremos una administración llena de funcionarios caros si a la hora de acometer un trabajo como la negociación de la deuda salen con que van a contratar a un despacho externo que se llevará decenas de millones de pesos por esa sola función? ¿Cuánto se llevarán además los funcionarios cuya responsabilidad precisamente reside en eso mismo, en administrar los dineros?
¿Y de qué nos sirve tener a funcionarios tan orondos y tan expertos y tan articulados si a la hora de calcular cómo se manejarán los dineros públicos le fallan tanto como lo evidencia una nota de hoy reporteada por Daniela Mendoza? ¿Para qué dicen que planean y hacen proyecciones y todo en una jerga dizque especializada si a la hora de la hora, habiendo calculado pagar cinco pesos de servicio de la deuda, resultan que pagan el triple? ¿Qué clase de cálculo es ése?
Y encima de lo anterior, en el Congreso duermen el sueño de los justos las cuentas de no sé cuántos municipios y no sé cuántos años. Y cuando las revisen saldrán tantas pifias y suciedades que uno se pregunta, de nuevo, ¿para qué tener tanto funcionario, tanto equipo de trabajo, si no son capaces siquiera de seguir sus reglas de operación?