MILENIO DIARIO MONTERREY
OCTUBRE 30 DE 2012
Hay preguntas que tienen muchas respuestas o ninguna. Poetas de Colombia y otros países participamos en las Jornadas Universitarias de poesía en torno al tema. La actividad, promovida por las universidades: Pedagógica Nacional, Javeriana, Lasalle y Nacional, complementa el Festival de Poesía que organiza el poeta Rafael del Castillo desde hace 20 años.
Ante la imposibilidad de ofrecer razones concretas del por qué la poesía, se acude a las salidas metafóricas. A continuación una especie de decálogo sobre el uso de la poesía.
Uno: Para ocultar el lado oscuro del mundo.
Dos: Para dar claridad al lado oscuro del mundo.
Tres: Para despertar de la barbarie que atomiza, globalizando y uniformando todo, y le da al hombre condición de zombi o de maniquí.
Cuatro: Para jalarle las orejas a la imaginación y al miedo, recuperar la alegría y la esperanza, dar fe de las nupcias entre el cielo y el infierno.
Cinco: Para derribar estatuas y caminar junto a los que no se conforman con que los dados que dan cuerda al mundo caigan del mismo lado.
Seis: Dice Roger Bartra: “Poesía, matar a los inviernos. Salir de un bosque de hierro y espejos con un ramo de flores en la mano: escribir letras de nieve en el ala de la golondrina. Creer en la sonrisa del gato de Alicia, esperando desde el principio de mis palabras, ha permanecido aquí dentro, en el aire, invisible, planeando sobre nosotros, para aparecer de nuevo ahora flotando como una voluta-arco iris bajando, descendiendo como una pequeña corona de humo, como el signo de interrogación de la esfinge, como el círculo de semillas del eterno retorno”.
Siete: Para desafiar la noche mexicana viajando 11 horas en autobús de una ciudad a otra, volar más de dos mil millas, a 35 mil pies y tratar de encontrarle el hilo a la poesía.
Ocho: Para recuperar la memoria del otro, el hipócrita lector, el semejante, el hermano, al que apuntaba Baudelaire.
Nueve: Para aullarle a la luna y escuchar la música de las piedras.
Diez: Para seguir preguntándonos para qué diablos sirve la poesía.
Para Neruda la poesía está gastada como por un “ácido por los deberes de la mano, penetrada por el sudor y la luz, con olor de orina y azucena salpicada por las diversas profesiones que se ejercen dentro y fuera de la ley. Una poesía impura como un vestido, como un cuerpo, con manchas de nutrimiento, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilias, profecías, declaraciones de amor y de odio, bestias, trompazos, idilios, creencias políticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos...”