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Crítica.
Hay que reconocerle a Glenn Mazzara que bajo su supervisión The Walking Dead se ha alejado completamente de aquellos aspectos que generaron mayores críticas durante la segunda temporada de la serie. Esta tercera temporada ha tenido un ritmo frenético y su cuarto episodio trae consigo multitud de cambios en el status quo del grupo, algo rarísimo a estas alturas de la temporada --no sólo para esta serie, sino para cualquier otra.
Los minutos iniciales de Killer Within brindan a Rick y los suyos un breve pero necesario momento de calma antes de que todo se derrumbe. No es la técnica más sutil para construir tensión, pero el ver a los personajes interactuar sin el peso del desastre bien lo vale y los dota de un bienvenido aire de ligereza. Esto no dura, y las maquinaciones de un preso que Rick había dado por muerto ponen a nuestros protagonistas a merced de un grupo de zombis.
La tragedia no se hace esperar: separada del resto del grupo junto a Carl y Maggie, Lori entra en labor de parto. Lo que sigue es una escena durísima: desgastante. También mucho más explícita de lo que uno podría esperar. Aún con todos los defectos que el personaje ha tenido, la muerte de Lori produce una de las mejores -¿la mejor?- escenas de la serie, tan buena que uno desea que los escritores le hubieran dado un mejor trato al personaje durante el resto de la serie. Puestos a buscar alguna objeción, sería esa: el drama se siente hasta cierto punto inmerecido porque la serie no ha pasado suficiente tiempo construyendo a los personajes como para justificar que suframos por ellos. La escena es dura porque las circunstancias son las más oscuras imaginables, no tanto por los personajes. Sin embargo, el momento es tan logrado que tales preocupaciones pasan a segundo término.
Ahora, lo importante: T-Dog. Theodore Douglas, nunca te conocimos. T-Dog estaba muerto desde el momento que mostró el más ligero destello de caracterización, y su partida encapsula lo mejor y lo peor de TWD: aquí está la muerte de un personaje que genera un momento impactante y técnicamente bien montado, pero que en el gran esquema no significa nada. Dudo que exista otra serie donde la muerte de un personaje que estuvo presente durante dos temporadas enteras sea tan poco significativa. Sí, T-Dog se fue como un héroe, pero su muerte -a diferencia de la de Lori- modifica muy poco la dinámica del grupo. El oficio de la serie para eliminar a su elenco es inversamente proporcional al tiempo que dedica a desarrollarlos. Y es que si bien debe aplaudirse el atrevimiento de los guionistas de matar a dos personajes centrales -“centrales”-, a la larga debe haber una razón para ver la serie cada semana más allá de ver quién va a morir en esta ocasión.
De entre todos los personajes, Carl es quien sale mejor parado en esta tragedia -desde una perspectiva de arco argumental, cuando menos: está creciendo en el peor de los lugares y debe cargar con la culpa de haberle disparado a su madre. Ahora mismo su personaje podría ir en cualquier dirección (compárese con Rick, quien salvo el reglamentario periodo de duelo es poco probable que vea su arco argumental o motivaciones modificadas) y eso genera un tipo de expectación rarísima en esta serie.
La acción dentro de la prisión se intercala con escenas más pausadas dentro de Woodbury, que si bien no aportan nada nuevo -Michonne desconfía, frunce el ceño y se quiere ir; Andrea quiere tener bebés con el Gobernador; Merle es obstinado y terrible ligando; el Gobernador es excelente ligando, manipulando y tiene el mejor chupe de este lado del fin del mundo- funcionaron para dotar al episodio de un ritmo notable donde nada sobra y ninguna escena se alarga más de lo debido.
A The Walking Dead todavía se le ve el plumero desde muy lejos: su ejecución y diálogo carecen con frecuencia de cualquier tipo de sutileza, pero a base de fuerza ha entregado sus mejores cuatro episodios hasta el momento y parece no bajar el ritmo. Es una apuesta arriesgada y de ninguna forma una que pueda funcionar a la larga, pero el equipo de Mazzara parece decidido a encontrar el balance adecuado y la búsqueda hasta el momento ha probado ser más que interesante.
Observaciones y highlights:
- Descanse en paz, Theodore ‘T-Dog’ Douglas. Amigo. Guerrero. Creyente. Token Black Guy. Héroe.
- Quizá insisto demasiado con esto, pero de verdad los escritores necesitan encontrar maneras más efectivas de desarrollar los personajes. Ese intento de darle profundidad a T-Dog quince minutos antes de que lo mordieran no puede calificarse de otra cosa que de penoso.
- Lori estaba lejísimos de ser buen personaje y es poco probable que se le extrañe, pero las implicaciones de su muerte no dejan de ser problemáticas: no es difícil ver a esta como un castigo por su ‘desliz’, como si por ello su vida fuese menos valiosa que la de su bebé.
- David Morrissey como el Gobernador juega en una liga actoral diferente al resto de los actores de la serie.
- Una explicación alternativa para las muertes de Lori y T-Dog: en lugar de corregir el rumbo de sus personajes, los escritores están limpiando la casa e introduciendo nuevos personajes para hacer las cosas bien desde un principio con ellos. Cuando menos Oscar se siente con mayores posibilidades y tiene mejor caracterización de la que T-Dog tuvo jamás -Andrew, por otra parte, no parece vaya a durar demasiado.
- El mayor triunfo de este episodio: la colita de caballo de Hershel.