Ovejas negras

El cartujo no tiene madera de profeta: sus pronósticos resultan tan errados como las decisiones de Alberto García Aspe en la vicepresidencia de los Pumas.

Cuando supo del libro Ovejas negras (Océano, 2012), de Emiliano Ruiz Parra, se llenó de temores. Imaginó un libelo contra los santos padres de la Iglesia: Onésimo Cepeda, Norberto Rivera Carrera, Juan Sandoval Íñiguez.

La sospecha se alzaba sobre cimientos poderosos: durante mucho tiempo estos ilustres varones han sido víctimas de infundios. Pocos comprenden su calvario, el dolor de alejarse de los pobres para entregarse en cuerpo y alma a la ingrata compañía de los ricos y poderosos, única manera de llevarlos por el camino de la salvación.

La tarea no es sencilla, por algo Jesús dijo: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos”. Pero ellos han tenido fortaleza y sabiduría para colocar a sus prósperos contertulios a la diestra del Señor.

El recelo comenzó a esfumarse cuando leyó el subtítulo del libro: “Rebeldes de la Iglesia mexicana del siglo XXI”, y desapareció totalmente al ver el índice donde se enlistan nombres de sacerdotes y laicos revoltosos a quienes la Iglesia y el gobierno miran con suspicacia.

Ellos son las ovejas negras de una institución milenaria, siembran la desconfianza en los poderes establecidos y cuestionan todo, hasta la infalibilidad del Papa. Algunos van más allá y pugnan —¡horror de horrores!— por el fin del celibato eclesiástico y de la prohibición del sacerdocio femenino.

El volumen abre con el recuerdo de los obispos Sergio Méndez Arceo y Samuel Ruiz García. El primero —dice Emiliano— siempre se asumió como un hombre libre. “Solo le fue leal a su conciencia, y su conciencia no se alimentaba solo de oraciones, sino que se nutría principalmente de pensamiento”. No en balde es considerado uno de los intelectuales católicos más relevantes del siglo XX.

El segundo caminó desde el conservadurismo hasta el corazón de “una solidaridad evangélica basada en la distribución equitativa de los bienes y la promoción de los pueblos”.

Ellos son los precursores de estos hijos desobedientes entre quienes se encuentra Javier Sicilia, el poeta silenciado por el inefable dolor del asesinato de su hijo Juan Francisco, y líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Están también los sacerdotes Alejandro Solalinde y Pedro Pantoja, protectores de migrantes centroamericanos de paso hacia Estados Unidos, y el obispo Raúl Vera López, fraile dominico autodefinido como “un pastor entre los excluidos”.

José Barba, víctima y figura clave en la caída de Marcial Maciel, aparece también en la nómina de este libro en el cual uno de los personajes más atractivos es Manuel Marinero, “un cura proscrito porque se atrevió a hacer público que tenía mujer e hijos”.

Estas son, entre otras, las ovejas negras de una obra prohibida para las almas puras.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.