Carta a Margarita

Hay una Margarita que recuerdo de mis lejanos días de la niñez, la Margarita del poema de Rubén Darío, aquella de “Este era un rey que tenía/ un palacio de diamantes,/ una tienda hecha de día/ y un rebaño de elefantes;/ un quiosco de malaquita/ y un gran manto de tisú,/ y una gentil princesita,/ tan bonita, Margarita,/ tan bonita como tú…”.

Pero esa es la Margarita de los cuentos y los poemas. Yo estoy pensando ahora en otra Margarita más real, la que en poco tiempo ocupará por primera vez la Presidencia Municipal de Monterrey, Margarita Arellanes.

A esa Margarita le quiero pedir, como regiomontano, tres cosas. Nada qué ver con los cuentos de hadas; nada que ver con estrellas ni cosas de esas. Mis peticiones son sencillas y claras.

Eso no significa, por supuesto, que sean peticiones fáciles. En la vida real, donde las princesas primorosas sólo existen como horizontes o sueños, las cosas más valiosas siempre son difíciles.

¿Qué le quiero pedir a Margarita? Van mis tres deseos:

Primero, me gustaría que el trabajo municipal fuera transparente. ¿Tratos en lo oscurito? ¡Son cosa del pasado! Además, y ahí está Larrazabal para demostrarlo, todo acaba aflorando tarde o temprano. La transparencia ayudará mucho a que confiemos en nuestra primera alcaldesa.

En segundo lugar, qué bueno que tiene la intención de poner a un marino al frente de las dependencias donde hay más tentación y donde hay más riesgo de corrupción: ojalá no olvide que hay otras dependencias y otras tentaciones, y si bien todos queremos que los funcionarios dejen su administración más ricos que cuando llegaron, preferiríamos que fuera en el ámbito de aquella “honrada medianía” de que hablaba Benito Juárez.

Por último, como sabemos que la verdad verdadera no es la misma que la verdad política, y aunque estamos conscientes de que a veces hay imperativos políticos más allá de lo visible, queremos pedirle que no nos mienta. Si va a decirnos una mentira, mejor guarde silencio.

Transparencia, modestia y verdad. ¿Verdad que no son imposibles?

Atentamente, un ciudadano.