Hay niveles

En su búsqueda de la presidencia de la Coparmex, Juan Pablo Castañón soltó de su peculio una opinión políticamente correcta, la de que Nuevo León todavía no alcanza niveles aceptables de seguridad. En vez de echar las campanas al vuelo, dijo el susodicho, hay que asegurar que las mermas en las cifras delictivas sean auténticas tendencias y no sólo llamaradas de petate.

Su perfil dice que él nació en la Ciudad de México y que tiene tiempo como empresario en Los Mochis. Esto nos dice que al menos no es ajeno a las cuestiones de violencia, pues tanto la hay en la capital del país como en Sinaloa, uno de los sitios donde tienen su origen los principales responsables de la violencia actual en México.

Pero en estos asuntos siempre hay que recordar que las cosas son relativas. Por ejemplo, vale decir que el Semáforo Delictivo Nacional tiene a Sinaloa y Nuevo León empatados en cuanto al total de valores en rojo (3), pero en delitos violentos Nuevo León está en verde y Sinaloa sigue en amarillo (y la situación está al revés en robos). Pero en crimen organizado, Sinaloa tiene 3 rojos contra 2 de Nuevo León. Ambas entidades andan del cocol en tasas de homicidios: Sinaloa, 76 por cada 100 mil habitantes; Nuevo León, 44.

Entre 2008 y 2011, la tasa de homicidios pasó de 6 a 44 en Nuevo León, un aumento desmesurado, en tanto que en Sinaloa la misma tasa pasó de 44 a 76. O sea que en términos absolutos allá matan más, pero el crecimiento creció menos en términos relativos. Y ahí es donde reside la cuestión: todo depende de cómo se vean las cosas, de cómo se midan, respecto a qué parámetro: hay niveles, y la relatividad es un valor a considerar.

O sea, ¿cómo medimos el nivel de violencia? Si optamos por medir el número absoluto de homicidios, Sinaloa es el segundo estado del país, con su tasa de 76 crímenes por cada 100 mil habitantes, sólo superado por Chihuahua. En esto Nuevo León ocupa el cuarto lugar, con sus 44 homicidios por cada 100 mil habitantes. Ambos tienen niveles elevados si se comparan con la media nacional de 20 muertes, con el promedio estadunidense de 4 y por supuesto con los 0.5 homicidios por 100 mil habitantes que tienen en Japón. La referencia internacional más violenta, Colombia, tiene 68, menos que Sinaloa y más que Nuevo León.

Por supuesto que Castañón no tiene la culpa de que en el estado donde vive haya tanta violencia, pero yo preguntaría qué ha hecho el empresariado sinaloense por apoyar a su gobierno en este combate, nomás para tener una referencia apropiada.

Nuevo León está de la fregada porque hace unos años éramos un remanso de paz y llegaron los malandros a sacudir el árbol y dejarnos con el Jesús en la boca. Pero no estamos en la peor de las situaciones. Quizás la pasamos hace unos meses, o quizás lo peor está por venir. Yo creo más bien que ya tocamos fondo y vamos en recuperación, y que el valor de las declaraciones de Castañón reside en recordarnos que no volvamos a dormirnos. No estamos en el peor de los mundos, pero sí debemos exigir volver no al mejor, pero sí a uno donde vivamos mejor todos.