La feria de los libros
Ya sé que algunos dirán: qué mamilas, pero la verdad es que yo no sé qué sería yo sin mis libros. Borges se imaginó el paraíso como si fuera una biblioteca; supongo que aludía a los tiempos en que podía leer; una biblioteca sin vista sería, lo sé, el infierno. Bien deseó el propio Borges: “Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno”.
Hoy, que se inaugura en Cintermex la XXII Feria Internacional del Libro, gemiré indignado por tratarse de un fin de quincena, pero no quiero dejar de compartir algunas ideas y frases y citas vinculadas a los libros.
El mismo Borges, a quien su bibliofilia redime un poco por su soberbia argentina, apuntó que “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Y agradezcamos que sus lecturas hallaron salida en textos magistrales que uno puede leer y releer sin cansarse.
“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”, dice la frase libresca más conocida del autor argentino. Yo no llego siquiera a eso. Me gustan algunas de las cosas que he escrito, me gustan muchas de las que he leído (y que por eso he releído una y otra vez), y como gato acechando tras el espejo, me placen más esos libros que, dispuestos medio azarosamente en los anaqueles de mi casa, esperan a que un día, quizás, los saque para verlos, hojearlos, quizá leerlos y ojalá disfrutarlos.
Debo admitir, no sé si con pena, que aunque esta edición está dedicada al recuerdo de Carlos Fuentes, no lo conozco suficiente para que me guste. Alguna vez leí textos suyos, los clásicos, pero no me sedujo lo bastante para hacerlo uno de mis clásicos.
¿Quiénes son los autores a los que regreso una y otra vez? A mis autores de adolescencia, por ejemplo Dumas (pero nunca más Salgari); a los divulgadores (Gould, Pinker, Morowitz, Sagan) y a la literatura cómoda, tipo Clancy, Crichton y así. A últimas fechas también empiezo a consumir e-books. No en el teléfono, porque no es manda; a veces (a ratos) en el iPad, aunque de momento sólo para lecturas pragmáticas: desarrollo web, divulgación de ciencia, historia... Otros aguardan en directorios ocultos en varios discos externos a que les llegue el momento vital de la consulta.
Pero siempre regreso a los libros físicos, al papel entintado, al contacto directo con las páginas. Hubo un tiempo en que jugué al bibliotecario e inicié el vano intento de clasificar, ordenar, cuantificar. Ya no.
He perdido libros; no tantos como para sufrir por ello. He regalado algunos; nunca los suficientes. Me han regalado más. Pero sobre todo he disfrutado, según las prosperidades de la vida, la lenta acumulación de un acervo paciente que mal que bien se acomoda en mis libreros y en mi vida.
Tengo muchos libros, y me iré del mundo sin haber leído muchos de ellos. Porque para mí son ventanas a otros universos, y no estoy hecho para ver tanta riqueza, para sondear el abismo. Pero sí me corroe la tentación, me hace cosquillas el placer anticipado, la idea de recorrer un rato, dos, los que se pueda, la XXII Feria Internacional del Libro. Ahí nos vemos.