El trabajo más triste y feliz del mundo.

Por
Víctor Hugo Michel, enviado
León, Guanajuato

El doctor Miguel Ángel Martínez toma un respiro y se seca el sudor de la frente. Acaba de leer un encefalograma que le confirma la muerte de un adolescente y está por comunicarle la peor noticia del mundo a una familia. Y ni siquiera son las 12 del día.
--Quizá no haya trabajo más difícil, le digo.
-No sé si sea el más difícil –responde un poco tímidamente. Pero sí tengo que hacerlo con mucho cuidado. Hay que ser muy delicado con ellos en este momento. Guiarlos. Hablarles. Y un poco… sufrir con ellos. Hay que saber explicarles claramente lo que pasó para poder pasar después a lo que sigue.
--¿Y qué sigue?
-Convencerlos.
Y dicho eso entra a una sala adyacente a la Unidad de Cuidados Intensivos de la ciudad de Salamanca, en donde le esperan la madre, el padre y el hermano de un joven acuchillado que minutos antes ha sido diagnosticado con muerte cerebral. Un muchacho que estaba por cumplir 18 años y que sacó la peor parte de una riña callejera y que deja atrás una viuda de apenas 16 años con 8 meses de embarazo. Por ahora, permanece en estado vegetativo en una sala de cuidados críticos, conectado a una maraña de tubos y cables que a manera de umbilicales le mantienen “vivo”, aunque en el sentido estricto de la palabra ya no lo esté.
Le quedan pocas horas, pero a sus órganos no: su cuerpo es una potencial arca de tesoro que podría salvar a 105 personas. Sus riñones, corazón, córneas y tejidos musculoesqueléticos pueden ser “cosechados”, como se dice en jerga médica. Aunque la puñalada dejó inservible el hígado, el resto de los órganos están ahí, prácticamente listos para que un enjambre de médicos descienda sobre el cuerpo y les extraiga. Pero para llegar a eso Miguel Ángel debe convencer a la familia de dar su permiso. Y primero tiene que informarles. Primero y antes que nada, a la madre, una mujer de 30 y tantos años que tiene el rostro desencajado y mira al doctor con la esperanza de que su hijo saldrá adelante. Eso no pasará.
--Señora… desafortunadamente Dario perdió mucha sangre –admite el médico que debe mantener la cara firme a lo largo de lo que sigue: los aullidos, los llantos, el desmayo de una mujer que cae en seco al suelo después de gritar, la mirada de un niño que está a punto de llorar desconsolado porque se ha vuelto hijo único y la huida del padre que no quiere enfrentar el tema. Simplemente ha salido corriendo por la puerta.
Por espantoso que parezca, para Miguel Ángel este es un día más en la oficina. Es un coordinador de trasplantes, lo que en argot hospitalario se conoce como un procurador de órganos. Dar las peores noticias, absorberlas, sobrellevarlas y procesarlas: ese es su trabajo.
--¿Quieren ver a Dario para despedirse? -pregunta.
No lo añade. Pero nada más le falta decirlo: y después quisiera hablar con ustedes.
***
Algo está sucediendo en Guanajuato. En menos de media década, el estado se ha convertido en un marco de referencia en materia de trasplantes cadavéricos. Este año, ha superado por primera vez al Distrito Federal y a Jalisco –las superpotencias tradicionales—en trasplantes de riñones obtenidos de personas fallecidas. Ya es también segundo lugar nacional en producción de córneas, por encima de entidades con más recursos y población como Nuevo León y el Estado de México.
“En 2006 nuestro centro estatal de trasplantes inició con dos personas y creo que se hicieron 20 operaciones en total. Cinco años después, llegamos ya a 322. Hemos entrado en un boom”, dice el urólogo Rodrigo López Falcony, director del Centro Estatal de Trasplantes de Guanajuato.
Por primera vez, el estado es autosuficiente en materia de córneas, que antes se importaban de Estados Unidos. La producción local de órganos ha crecido de forma tal que incluso se ha comenzado a exportar a otros estados del país. En lo que va de 2012, se han producido 8 corazones, 58 riñones, 127 córneas y 4 hígados.
¿Los corazones que se están trasplantando en el Distrito Federal? Algunos hasta provienen de los hospitales del Bajío. (“Ese que se cayó el otro día en la calle en el DF, lo obtuvimos nosotros”, recuerda López Falcony).
Según explica el médico cirujano, el crecimiento en la obtención de órganos se debe en buena medida a la labor de un grupo de jóvenes doctores a los que se ha pedido emprender uno de los trabajos más difíciles del mundo. “Desde hace 3 años tenemos a 5 coordinadores que escudriñan todos los días las salas de emergencia y las áreas de cuidados intensivos en busca de potenciales donadores”, detalla.
A lo que se refiere, en términos llanos, es a que su equipo está buscando moribundos para salvar otras vidas.
Oficialmente se les denomina coordinadores de trasplante y hoy están apostados en cinco regiones de Guanajuato. Extraoficialmente, entre el personal médico que aún no se acostumbra a su presencia en los hospitales, se les llegó apodar de varias formas: carroñeros, zopilotes, caníbales, aves de mal agüero… todo porque deben permanecer muy cerca de las camas de los pacientes que están a punto de morir, esperar a que fallezcan y después acercarse a sus familiares, ayudarles a procesar el duelo y convencerles de donar.
“Ellos son verdaderos héroes de los que no se dice nada”, sostiene López Falcony. “Todo mundo habla de los grandes cirujanos, del médico tal que trasplantó un corazón o el doctor tal que puso un riñón. Pero los que están en la trinchera, los que se están llevando la parte más ruda son estos muchachos. ¡Imagine, tener que vivir el duelo de una familia no una, sino varias veces a la semana!”
(Hace unos meses, la Secretaría de Salud federal organizó un encuentro entre controladores aéreos y coordinadores de trasplantes. Se enfrascaron en un debate: ¿quién tiene el trabajo más estresante? ¿El que coordina aviones y tiene cientos de vidas en sus manos, o el que debe vive cotidianamente con la muerte?)
***
El candidato de Miguel Ángel no llegó a buen puerto. Después de pasar tres horas con la familia y de presenciar el desmayo de la madre del joven acuchillado, el ministerio público de León se negó a la posibilidad de que donara los órganos. Esta es la conversación telefónica:
MA: ¿Oiga y por qué no?
MP: Porque no. Es homicidio doloso y tenemos órdenes de la superioridad de no entrar a donaciones.
MA: ¿Pero no hay nada que podamos hacer?
MP: No. Así es esto. Hay investigación en curso.
Esos órganos, que pudieron ayudar a un centenar de personas, no pudieron ser utilizados.
***
La Organización de Trasplantes de España (ONT) ha detectado entre los coordinadores de trasplante un fenómeno conocido como “burnout”. Dada la complejidad de estar lidiando con duelos una y otra vez de forma repetitiva, algunos cosechadores simplemente terminan por agotarse física y mentalmente.
“Resulta imposible expresar con palabras la dureza de tener que comunicar a unos familiares el fallecimiento de la madre, el hijo, un hermano… y después hablarles de la necesidad de donar los órganos. Son profesionales entrenados para hacerlo (…) Pero esto no anula la persona que hay dentro de cada profesional. Sienten, padecen, sufren como todo el mundo. Y cuando este proceso de enfrentarse a situaciones tan delicadas se repite unas cuantas decenas de veces al año, la sobrecarga psicológica que implica puede acabar sobrepasando al coordinador”, asegura la ONT en su página web.
Los coordinadores en Guanajuato no están exentos de ello. Después de un caso, Miguel Ángel se enfoca a la natación. Se va a la alberca municipal a dar varias vueltas. López Falcony se concentra en el ecosistema que ha creado en una pecera con corales.
Otro caso es el de Kenia Reyes, adscrita al hospital general de León y quien con seis meses de experiencia en el equipo es una de las más recientes procuradoras. Hace poco debió enfrentar el caso de un atropellado de 22 años de edad.
--Aunque uno no quiera, se siente mal –admite la doctora. Pero tienes que respirar para continuar. Lo que estamos haciendo está ayudando a mucha gente a salvar su vida.
Ella ha dedicado sus tardes recientes a la lectura de El Loco de Gibran Jalil Gibran. En particular un poema. El que dice: “No cambio la alegría de mi corazón por la tristeza de la gente”.