¿Quién necesita a los artistas?
Kafka en su último relato, Josefina la cantante o el pueblo de los ratones, traza la utopía de una sociedad igualitaria, un mundo con artistas, como esa cantante, Josefina, cuyo canto reúne, subyuga y deja pasmadas a las multitudes, y que es celebrada sin por ello obtener ventajas materiales.
Slavoj Zizek.
¿Qué es más importante, trabajar duro, de sol a sol, en cualquier cosa por la que nos paguen o trabajar sólo en aquello que nos guste, aquello que realmente amamos? El conflicto no es menor y pocos pueden resolver la ecuación de manera adecuada. Cuando era joven, ya no lo soy tanto, me debatía entre esas dos ideas y posibilidades. Siempre amé la escritura, luego me hice amante del teatro, un amante trágico, un amante dramático, por cierto. Nuestra relación siempre se vio amenazada por la presencia de un tercero en discordia: la vida laboral.
La vida laboral me ha causado muchos problemas en mi relación con el teatro y la escritura. Y es que son tan celosos que no aceptan que otro venga a ocupar mis pensamientos, se enojan, hacen su numerito y luego se van, indignados. Confieso que muchas veces los he dejado ir pensando, “que delicados, no aguantan nada”, pero ya volverán cuando me extrañen. Sin embargo no es así. El amante indignado no vuelve hasta que se va el tercero en discordia. Y es que es tan celoso y apasionado que no permite que nada ni nadie se interponga en su camino. Ya lo entendí. El arte no acepta un régimen promiscuo, no acepta la orgía. Es fiel mientras te mantengas fiel y es una novia o amante exigente.
Sin embargo la relación requiere más que talento, más que amor, mucho más que eso. Un artista además debe buscar la manera de vivir haciendo lo que ama.
No creo que toda la gente tenga la oportunidad de trabajar en lo que realmente le apasiona. Por otro lado, Monterrey es una ciudad en la que se acostumbra trabajar por deber. Digo, uno debe comer, pagar cuentas, renta, etc. La sociedad acepta el matrimonio, pues, pero no al amante. Y no, yo no me quiero casar, yo quiero amar y que me amen, básicamente.
Tal vez no sólo Monterrey, tal vez así sea en la mayor parte del país, tal vez así es la vida. En el terreno de quienes nos dedicamos al trabajo artístico la empresa de encontrar trabajo es dura. Por un lado la sociedad no está acostumbrada a ver en los artistas a personas a quienes se les deba pagar por su trabajo. En cambio un contador o un abogado, por ejemplo, pues ellos son más útiles a la sociedad que un artista, es decir, hasta los artistas necesitamos contadores o abogados de vez en cuando, o un médico. ¿Pero quién necesita a los artistas?
El viernes pasado asistí a una mesa sobre “autogestión” en el Teatro de la Ciudad. La reunión fue organizada por gente de teatro que está preocupada por las condiciones en las que trabajamos la mayoría de quienes nos dedicamos al trabajo artístico, sobre todo al teatro, pero aplica para cualquier rama del arte. ¿Qué es la autogestión?
Para sobrevivir en las condiciones económicas en las que nos encontramos es preciso abrir las perspectivas y los canales de comunicación de lo que hacemos. Es preciso, se discutió en la mesa, buscar otras alternativas de supervivencia. El sistema capitalista de competencia nos ha orillado a cerrar nuestras alternativas a pocas maneras de agenciarnos una vida digna, por lo general pasando sobre el otro, compitiendo con él a ver quién se lleva el premio o la beca. Es lo que tenemos quienes hemos sido becados o premiados alguna vez, de pronto vemos nuestras oportunidades expandirse y ver que nuestro trabajo es buscado y respetado, pero la verdad no siempre ganamos la beca y el premio y es entonces cuando debemos preguntarnos cómo, qué hacer sin esos incentivos económicos para no dejar de hacer nuestro trabajo.
Se mencionó, entre otras cosas que debemos perder el miedo a cobrar y a ver nuestras obras como “productos terminados” y venderlos bien. La “autogestión” implica saber vender nuestro trabajo, aunque yo prefiero la palabra “situar”, o mejor aún logras que nuestro trabajo “cohabite” en esta sociedad con otras prácticas y otras formas de pensar.
Las obras de teatro, los libros, un cuadro, deben llegar a sus destinatarios. Para saber quién es el destinatario podemos hacer un estudio de mercado. Si bien la idea me parece atractiva, también me parece difícil detectar exactamente el “target” a quien va dirigido mi trabajo. No es lo mismo ir casa por cada vendiendo “quesos panda”, que tocar una puerta para ofrecer una entrada para una obra de teatro. Obviamente no es lo mismo.
Escribir, por ejemplo, requiere tiempo libre. Pero si no tienes resuelto tu problema económico, no puedes escribir. No se puede trabajar con el estómago vacío. Y por otro lado, como dice Chejov: No hay nada más aburrido y carente de poesía, por decirlo así, que la prosaica lucha por la existencia que te quita la alegría de vivir y te sumerge en la apatía.
Pero ¿para dónde hacerse? Uno debe cubrir sus necesidades básicas y también cubrir las necesidades fundamentales. Es básico comer y pagar las cuentas, pero es fundamental, al menos para los que yo reconozco como artistas, su trabajo creativo. ¿Pero quién les pagará por eso? Otra vez, ¿Por qué son necesarios?
Aventuro una respuesta, los artistas son las únicas personas que se toman el tiempo de pensar y trabajar con ideas. Son aquellos que con conocimiento de la técnica nos pueden aportar una mirada distinta a problemas que nos aquejan. El artista es el único que puede retratar el alma humana. Los artificios propios del arte lo permiten, se pueden brindar lecturas alternativas a la realidad bajo la que sucumbimos día con día.
Entonces vuelvo a la pregunta básica ¿quién necesita a los artistas? ¿Qué son los artistas? ¿Qué papel representan en nuestra sociedad? ¿Por qué es importante el trabajo artístico y sobre todo, cómo incide en la sociedad?
Los artistas son como sacerdotes del pensamiento, son alquimistas, se parecen a monjes y aunque no lo son en términos exactos, son aquellas personas que pueden todavía preservar algo de lo humano. Hablar de lo humano que hay en nosotros, también implica, a veces, escarbar en la escoria de la humanidad, en lo peor de nosotros mismos.
Entonces son aquellos que todavía pueden devolvernos a nosotros mismos por medio de múltiples, de miles de mecanismos ya inventados o por inventar todavía que pertenecen al mundo del arte. En este sentido un artista trabaja para el bien común, trabaja con las ideas, con las emociones, en suma, para hacer un poco más inteligentes y sensibilizar a las personas. ¿Serán necesarios hoy en día?
Termino con una frase del dramaturgo y escritor ruso Anton Chejov: Nos hemos acostumbrado a vivir con las esperanzas puestas en el buen tiempo, en la cosecha, en una buena aventura amorosa, con la esperanza de hacernos ricos o de que nos den un cargo, pero las esperanzas de ser más inteligentes yo no las noto en la gente.
–Anton Chejov.