Soy la tez del indio y el tinte del traje del empresario. El boleado en los zapatos del cliente y en las manos del boleador, la barba regada en el suelo del barbero. Soy las llantas del coche y del columpio, la gasolina en el motor y en la garganta del mendigo. El taco en boca de todos.
Soy la limosna y la propina, el bono y el aguinaldo, la comisión y la mordida. Soy el cheque y el efectivo, los plazos y el límite de crédito; la hipoteca, la casa, el sueño y la libertad. Soy la inflación y las prestaciones, la nómina, el SPEI, las remesas. Soy el guardadito y el monte de piedad. Soy el crecimiento de los ingresos familiares, el patrimonio bien y mal manejado. Soy la inversión en la educación y la dilapidación. Soy la cuenta de banco y el tapete, los billetes nuevos y arrugados.
Soy la democracia y sus errores, el tiempo y sus progresos. Soy la transparencia naciente y la obscuridad en los congresos. Soy la sociedad civil, la prensa, la expresión, la decreciente represión. Soy los sindicatos y los patrones, las marchas y los plantones, las negociaciones, los acuerdos, las prestaciones familiares y la reanudación de actividades. Soy la iniciativa privada, la buena y la mala, soy los contratos, las licitaciones, el crecimiento genuino y el Salinato.
Soy las balas asesinas en Chihuahua y celebratorias en Real de Catorce, la mota y el té, la Coca-Cola y la Cocaína. Soy el pegamento inhalado y el Resistol utilizado en el proyecto de primaria. Soy las pastillas psicotrópicas y los trópicos de Zacatecas, el aire del campo y el aire comprimido.
Soy también el tráfico de Reforma y el andar de las hormigas en la selva Lacandona. Soy los azules en Cancún y en los ojos menonitas. Soy el polvo en los huaraches y en el desierto de Sonora. Soy la risa a la carta y la brisa en Vallarta. Soy la espuma en la cerveza y en las costas de Guerrero.
Soy la corona de Maximiliano y la Corona con limón. Soy el Indio obscuro y la Indio obscura. El sol del atardecer y la Sol al atardecer. La victoria de la selección y la Victoria en la celebración. Soy una Pacífico en el Pacífico, una Tecate en Tecate, y un Nochebuena en Nochebuena
Soy la sopa caliente y el recalentado en Navidad. Soy el queso asadero recién empaquetado, los frijoles rancheros, las salsas, los limones, y el cilantro. Soy la crema y el huitlacoche, la quesadilla sin queso, el pozole y el hueso.
Soy la masa de las tortillas y la harina de la hostia. Soy el sacrificio y el júbilo, la penitencia y la recurrencia, el vino y el pan, los cánones y los santos. Soy la reverencia, la virginidad, la virtud y el escándalo. Soy la ambivalencia benigna, el saludo de la paz, la señal de la cruz y la mentada de madre.
Soy la virilidad explícita, el machismo atarantado. Soy la mujer enaltecida pero insegura. Soy el sexo cotidiano, la puerta que le abro y la cuenta que le pago. Soy las rosas que recibo, los cariños que le doy, las comidas que le preparo y su rumbo que corrijo. Soy la boda de blanco, el abrazo a los parientes, el hijo venidero, las lágrimas y la sonrisa sin esmero.
Soy la novela de las diez y la novela de Fuentes. Los escritos de Octavio Paz y las canciones de Espinoza Paz. El libro de Esquivel y el libro vaquero. Las obras de Orozco y las obras del metro. Soy los chismes y los estudios, Fama y Letras Libres.
Soy el pie que se planta y la mano que tiembla, el optimismo justificado y el fatalismo justificado. Soy el verde de los campos, el blanco de la pureza y el rojo de sangre. Soy un águila invencible y testaruda, que igual se cae que se levanta, igual se eleva que se estanca, igual es noble y real en el cielo o en el suelo.
Viva este pueblo complejo y este país complicado; hoy y por siempre. Pues no hay nada mejor que este lugar… ni más hermoso que su gente.
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