“La regla es romper las reglas...”

La semana pasada contaba en este espacio el vía crucis que puede convertirse el solicitar una factura, ya que hay comercios que intentan con trabas no expedirla o directamente buscan disuadirte para no solicitarla. Lo más molesto del tema es que también te tratan como si estuvieras pidiendo algo ilegal, inmoral o insólito; cuando en realidad es lo correcto y es tu derecho. “Pues no le podemos dar factura (y hágale como quiera)” dicen con las manos en la cintura y mirada retadora.

Es curioso, el emitir facturas es una obligación, pero quienes se niegan a cumplir con sus obligaciones legales se sienten con todo el derecho a hacerlo, actuando con total impunidad. Cuando pregunté a la dueña de un salón de belleza por qué no daba facturas, me respondió que porque si pagara los impuestos debidos, prácticamente no obtendría ganancias. ¿Será posible? Otros de los que se niegan a cumplir sus deberes fiscales se escudan bajo el hecho de que son muchos impuestos, que son demasiados trámites o que el dinero recaudado no se gasta en lo que se debería, dada la corrupción del gobierno.

Sin duda hay razón de sus palabras. Existe una gran inequidad en el sistema fiscal. Algunos pagan muchos impuestos, y los trámites son complicados, llenos de trabas y requisitos. Las declaraciones de impuestos no son un asunto fácil, puedo atestiguarlo. Por supuesto que un sistema así da lugar a la evasión. Por otra parte, también es tristemente cierto que la corrupción existe y nuestros impuestos no se gastan necesariamente en la manera en que se debiera. Ejemplos sobran. A pesar de ello, considero que el hecho de que algunos hagan las cosas mal no justifica a que nosotros también lo hagamos de la misma manera. La injusticia del sistema se denota cuando vemos que el incumplimiento de la obligación de emitir facturas de algunos, nos impide a nosotros deducir lo que por derecho podemos hacerlo, así que ese incumplimiento, además de afectar al gobierno, nos afecta a nosotros los consumidores también.

Parecería que entramos en un universo al revés, en donde tratar de hacer las cosas bien está muy mal y de hecho es sumamente difícil lograrlo. En este universo, la regla es romper la regla. Y la cosa se complica cuando todos prefieren que actúes como ellos. Nadie considera que eres un ejemplo a seguir o una buena ciudadana cuando tratas de cumplir con la ley. Existe una presión de los pares. Si somos honestos, tenemos que aceptar que la tentación es grande. Siempre es más fácil mezclarse y no dar problemas, que ser una aceituna en un pastel de fresas. Sabemos que al reclamar lo que es un derecho, rápidamente pasas a ser una persona complicada o latosa, por decir lo menos. Sucede algo similar con el tema de la puntualidad. Acabamos llegando tarde porque sabemos que si estamos a la hora indicada, esperaremos mínimo media hora a que empiece el evento o quizá más tiempo. Así que si nos citan a las 7 de la noche para la presentación de un libro, llegaremos a las 7:30, ya que si arribamos diez minutos antes de la hora acordada (lo que sería lógico en muchos lugares del mundo) probablemente encontremos el salón cerrado y ni siquiera el autor haya llegado.

Tristemente, el tema no se reduce a la solicitud de las facturas. Sucede en muchas otras situaciones. Mi amiga Alejandra en una cena escuchó que todos los comensales (adinerados, por cierto) compraban los trajes para esquiar en nieve, los usaban un par de veces y los devolvían a la tienda. Cuando ella comentó que le parecía decadente e incorrecto, todos se fueron en su contra. Tenía siete pares de ojos mirándola como si ella estuviera fuera de lugar.

La automedicación es otro tema. Hay quienes se autorrecetan y recomiendan a otros medicinas para el insomnio, gastritis, amigdalitis, o cualquier otra “itis” que padezcan. Si alguno comenta que prefiere consultar al médico antes de tomarse una medicina; ya que consideran que es más seguro porque ellos son conscientes que no poseen ni estudios ni el conocimiento para decidir la medicina adecuada, los automedicadotes los tachan de hipocondríacos o ridículos que únicamente quieren tirar el dinero por la coladera. La piratería es otro tema. Quienes prefieren bajar legalmente música o películas de Internet, son considerados seres de otro planeta por quienes, a pesar de tener los recursos para ello, prefieren bajarlas pirata.

Benjamin Franklin decía que la honestidad es la mejor política. Sin duda en términos de integridad, congruencia y paz interior lo es. Sin embargo, quizá Benjamin Franklin olvidó mencionar que en términos de conducta, la honestidad es la política más complicada.

Me gustaría saber tu opinión. Por favor escribe a: fernanda@milenio.com • http://www.milenio.com/blog/fernanda • Twitter http://twitter.com/FernandaT