Hay que sacarle los ojos al país
A los niños hay que sacarles los ojos. Es una creencia popular. Hay personas que creen que la única manera de detener el fin del mundo y mitigar la cólera de Dios es sacándole los ojos a sus hijos. La primera mujer que lo hizo, o de la que se tuvo noticia, preparó aquello como un ritual de misa negra, y con ayuda de sus familiares le sacaron los ojos a Fernando, un niño de cinco años. La madre, dijo en su defensa, que tal acto de crueldad (le sacaron los ojos con dos cucharas) era la única manera de detener el fin del mundo. El caso estuvo en los medios y se le dio cobertura suficiente para que todos nos horrorizáramos, pero al tratarse de un caso aislado pronto quedó en el olvido. Fernando sobrevivió aunque los daños cerebrales fueron irreversibles. Más allá del hecho, lamentable, y antes de juzgar la estulticia, ignorancia o crueldad intrínseca del acto, cabe preguntarnos de qué nos está hablando este acto de violencia cometido con todas las agravantes.
Respuestas puede haber varias: nos habla de la descomposición social que se vive en el país, de miseria humana y de fanatismo religioso, que casi siempre vienen juntos; también nos habla de desesperación, una desesperación aderezada con analfabetismo. Pero más allá de estas respuestas, de alguna manera lógicas, cabe la posibilidad de otra interpretación, quizá más arriesgada y metafórica: Fernando, el niño al que le han sacado los ojos contra su voluntad representa a este país. México es eso, o en eso quieren convertirlo, un país ciego o mutilado a quien sus padres le han arrancado los ojos en un acto cobarde. Pónganle el actor que quieran a cada uno de los roles. La madre de Fernando representa las viejas ideas de la política mexicana: el paternalismo, la corrupción y el pensamiento priísta arraigado en todos nosotros. La hermana que ayudó a mutilar Fernando es la política o el propio IFE; el sistema de partidos y los medios de comunicación completan a toda la familia involucrada en el crimen.
El país ha entrado en un franco proceso de descomposición que es, desde ya, desde que el presidente del IFE salió a aceptar el conteo del PREP, irreversible. Ahora es el momento en que los movimientos sociales existentes deben capitalizar, y los ciudadanos querellosos, junto con ellos, una política auténtica. Alain Badiou dice que la política es un acontecimiento que “crea” algo nuevo en el panorama de lo real. El voto y la representación de partidos son actos estatales, pero no son actos políticos.
Le han arrancado los ojos al país para que no vea hacia el futuro, para que no camine en aras del cambio social, pero, ahora sí, cabe preguntarnos por las motivaciones que pudieron llevar a la madre de Fernando a tomar esa decisión. Me aventuro a interpretar: Son ellos, la madre y la familia del niño, los que no toleran sus propias condiciones de existencia; el fin del mundo se les viene a ellos. También a los insensatos que pretenden mantener un sistema económico y político que se viene abajo. Son ellos quienes no toleran la mirada de ese niño sobre el mundo. Una mirada nueva, una mirada sin controversias, justa, y sobre todo, una mirada con esperanza.