La televisión subversiva

En la pantalla chica lo que falta es diversidad, según la especialista en medios, Florence Toussaint, la forma ha evolucionado en mayor medida que los contenidos, que se han vuelto repetitivos hasta en las televisoras culturales. La televisión construye otra realidad aparte, el mundo real es un montaje. La televisión blanquea lo doloroso, lo corrupto, lo indigno… ha devenido en pobreza conceptual, en falta de densidad. (Florence Toussaint, Proceso, 17 de diciembre de 2012).

La re-aparición del Barrio

El Barrio Antiguo fue para muchos de mi generación el lugar de reunión por excelencia. Además de la proliferación de antros, en ese lugar repleto de lugares para divertirse y ligar, se gestaron verdaderos proyectos culturales, y muchos de nosotros trabamos amistades duraderas. Nunca fue un requisito ser joven para tomarse unas chelas en el Café iguanas o ir a escuchar música a la Casa Amarilla, tampoco era un requisito para los trasnochados que amanecían en el Esquizo. En este sentido el Barrio Antiguo fue un lugar de convivencia de más de tres generaciones.

El espectáculo de la destrucción

Casi no veo televisión, pero hace días vi las noticias en televisa. Carlos Loret de Mola transmitía desde un valle en la frontera de Israel y Palestina. Desde ese lugar se podían observar los misiles que eran lanzados de un lado y caían por el otro. Un grupo de jóvenes, o varios grupos de jóvenes, se encontraban apostados en ese lugar observando cómo su ciudad era en parte destruida y también cómo su ciudad, en parte responsable de la destrucción de otra, lanzaba sus misiles. Las razones por las que observaban eran varias. Los jóvenes entrevistados eran todos israelíes.

Lejanías

¿De quién son los negocios?, ¿Quién cobra piso? ¿Quiénes extorsionan y
quiénes son los extorsionados? ¿Dónde están los maleantes? ¿Y si
dejamos de pagar impuestos todos? ¿Y si nos cansamos de gritar? ¿Y si
nadie nos hizo caso en el pasado? ¿Y si de pronto nos asaltan las
dudas acerca de la veracidad de sus discursos? ¿Y si estamos seguros
de que falsean información?¿Y si nos damos cuenta de que el circo de
la guerra, donde la sangre no es de utilería, es sólo un invento para
mantenernos temerosos, temerosos de la muerte, temerosos del peligro

¿De qué hablamos cuando hablamos de belleza?

En un artículo reciente “Y si lo bello regresa” en el suplemento Laberinto, Heriberto Yépez, cuestiona a un crítico neoconservador que proponía a los espectadores y amantes del arte, dejar de lado la teoría y volver a disfrutar simplemente su “belleza”, esto es, volver a un estado contemplativo sin cuestionar nada.

Yépez critica esa postura conservadora, y con razón, ya que una mirada acrítica en el arte, es igual a una mirada acrítica en cualquier otro ámbito, por ejemplo en el ámbito político. Quienes desean que no haya críticas simplemente denotan una postura impositiva.

¿Quién necesita a los artistas?

Kafka en su último relato, Josefina la cantante o el pueblo de los ratones, traza la utopía de una sociedad igualitaria, un mundo con artistas, como esa cantante, Josefina, cuyo canto reúne, subyuga y deja pasmadas a las multitudes, y que es celebrada sin por ello obtener ventajas materiales.

Slavoj Zizek.

Casa tomada

La noche de este jueves tuve la buena suerte de ver el trabajo de video danza de María Eugenia Garza Oyervides y la compañía La sensación en el espacio cultural Gargantúa. El video es parte de un proyecto que incluyó la presentación en vivo de la danza Se divisa el panorama en julio pasado.

Los relámpagos de agosto

Se termina el mes de agosto. Las calles de Monterrey durante el día están siendo patrulladas por hombres encapuchados y armados, los veo en el mercado Juárez deteniendo taxis y camiones, los veo en la calle de Washington frente al periódico El Norte, afuera de Conarte. Sin embargo por las noches ni un alma, ni una patrulla en todo el centro de la ciudad. Las calles dejaron de ser nuestras.

Nuestra cultura regia

Los regiomontanos, por cultura, por historia, somos más dados al consumo, el silencio y la indiferencia, poco nos importan las expresiones artísticas, el activismo político o la defensa de nuestros derechos civiles. No somos solidarios, sino personas que disfrutan “chingando” al otro, no conocemos la palabra comunidad y además somos violentos. Nuestra televisión es paupérrima, pero aún así la vemos junto a unos caguamones bien helados, y sí, nuestra manera de beber es desmesurada, pero qué, ¿quién la hará de pedo? Los excesos nos definen y nos dan identidad.

Hay que sacarle los ojos al país

A los niños hay que sacarles los ojos. Es una creencia popular. Hay personas que creen que la única manera de detener el fin del mundo y mitigar la cólera de Dios es sacándole los ojos a sus hijos. La primera mujer que lo hizo, o de la que se tuvo noticia, preparó aquello como un ritual de misa negra, y con ayuda de sus familiares le sacaron los ojos a Fernando, un niño de cinco años. La madre, dijo en su defensa, que tal acto de crueldad (le sacaron los ojos con dos cucharas) era la única manera de detener el fin del mundo.