Los sueños de Andrés Granier

Hace poco saqué mi tarjeta Black de American Express en la sección de relojería de una exclusivísima tienda departamental en Polanco y, al no saber cuál de todas las marcas disponibles era la más demandada, me compré un reloj de cada una. Luego desperté en mi cama individual del multifamiliar en el que vivo.

Casi nunca hablo de futbol

Suelo no hablar de futbol, aunque no por las razones que algunos podrían llegar a suponer. Estratégicamente evito hablar del tema, pues sé muy poco del mismo, y el interés que detona en el mundo es de tal magnitud que no faltará un verdadero experto a la mano que tendrá un comentario exponencialmente más atinado que el mío. Mis detractores dirán que lo mismo sucede con cualquiera de los demás temas que toco, pero bueno, en gustos se rompen géneros.

Maestros del desmadre

Hijos de sus mamás y de sus papás. Hablo tanto en términos literales como figurativos y hablo, por si no lo han intuido, de los benditos maestros del CETEG y sus emuladores. En términos literales menciono que los docentes son hijos de sus padres, ya que buscan heredar las plazas que éstos han ostentado. En término figurativo lo digo porque simplemente no valen madres.

¡Dame tu lonche! (Norcorea y los "teachers")

Están locos. Es lo más contundente y elegante que puedo decir al respecto. Entiendo el concepto de la estrategia, y lo contra-intuitivas que suelen ser ciertas acciones radicales que al final terminan dando resultado; pero por más utilitaria o premeditada que sea una acción, si ésta involucra la violencia, quienes la planean y ejecutan irremediablemente están locos.

¡Ha muerto Chávez! (minuto y medio de silencio en una caja de metal)

Es incomprensible para mí, pero a la vez es verdad. No sé si debería abordar este tema, ya que se trata de una muerte de alto perfil, pero el suceso es tan relevante –y comentado– que no podría hablar de algo más. Aun así supongo que debería arrojar un poco de contexto.

¡Feliz Día de las Muchachonas!

Son más que un par de piernas, un abrigo rosa o un olor a canela condensada.
Son más que una lágrima breve, una carta con aroma o un postre después de la ensalada
Son más que una estructura corporal deseada –aunque vaya que son deseables-
Son más que una caricia sutil, perfecta, imperceptible; fresca como el aire

Son más que un grupo demográfico al que se le debe dar la mano
Más que un índice de diversidad laboral
Son más que acompañantes políticamente correctas al ir de la mano
O presidentas de los clubes de asistencia social

Por supuesto que iba a hablar de los Oscares

Ya me veo los dedos manchados de mantequilla, y las semillitas regadas por mi suéter como niño de 12 años. Vislumbro con claridad mis pantuflas, medio puestas y las luces apagadísimas; habiéndole yo manifestado a mis roomies la clarísima directriz de no interrumpirme al menos de que quieran recibir un trancazo en la quijada. Me anticipo con el celular apagado, el volumen prendido y mis quehaceres en standby; pero más que eso me imagino –por sobre todas las cosas- sentado y notablemente estimulado; inclusive nervioso.

¡Devalúame Ésta! (Dijo el Chamo indignado)

Ya no les creen ni sus mamás. Ni sus santas madres en plenos días festivos y rodeadas de fotografías de antaño, envueltas en una ráfaga de euforia y remembranza, tendrían la capacidad de cegarse a tal grado como para escuchar declaraciones de sus hijos, similares a la que estoy a punto de citar, y creerlas de manera sincera.

Permítanme toser, aclarar mi garganta y proceder con la cita:

Lincoln Tarantino

La esclavitud americana fue una aberración de la historia semi-moderna; no conozco alguien que me lo disputaría. Lo que sí varía a niveles esquizofrénicos son los dos grandes caminos que hoy se nos presentan para lograr interiorizar la trascendencia que tuvo aquel punto de choque de la Guerra Civil Norteamericana.

El Cártel del Eructo

Existe una cepa de individuos que me enchina la columna vertebral: un subgrupo dentro de nuestro gran abanico de categorizaciones homo sapiens que es responsable del tallado que realizan mis dientes caninos superiores contra los bordes internos de mis premolares inferiores cuando, entre pesadillas, me revuelco por las sábanas en las noches. Hablo de una colección de bocas desocupadas que no hacen más que fomentar una ósmosis de bilis en nuestras calles, diarios y redes sociales.