Diez años después, aparece la edición conmemorativa de Diablo Guardián, la obra con la que Xavier Velasco perfeccionó su vocación de “funámbulo errante” —nadie como él para huir de la certidumbre y la inmovilidad, de la maldición eterna de las zonas de confort tan apreciadas por los mediocres y medrosos.
Carlos Fuentes
A un año de su muerte, el cartujo recuerda a Carlos Fuentes. Lo admiró desde la adolescencia, cuando, con fascinación e inevitable zozobra, leyó Aura, esa novela breve poblada de fantasmas.
Jamás imaginó tener una conversación con él, preguntarle de sus libros, de los vaivenes políticos, de sus amigos, de sus adversarios, de sus hijos, de la muerte. Pero, quizá por pura suerte, la tuvo; conoció su amabilidad, la precisión y contundencia de sus respuestas, su discreto y lapidario sentido del humor.
La voz del poeta
En el prólogo de Jaime Sabines. Apuntes para una biografía, de Pilar Jiménez Trejo, Daniel González Dueñas afirma: la voz del poeta “se escucha en cada página, en cada párrafo, en cada apunte” de este libro escrito desde las profundidades de la perseverancia, desde las alturas de la admiración y el afecto.
Todo Sabines está en estos folios: su infancia, sus poemas, las mujeres, la muerte, la soledad, la tristeza, la enfermedad, pero, sobre todo, su amor por la vida. “La vida es maravillosa —le comenta a Pilar—. Y me dispongo a vivirla”.
Un cross a la mandíbula
El cartujo se frena al llegar a la página 299 del libro Plano americano (Ediciones Universidad Diego Portales, 2013), de la periodista argentina Leila Guerriero. Después de haber leído 19 perfiles suyos de creadores de Hispanoamérica, duda entre continuar y oscurecer sus sueños con la historia de un escritor tormentoso, exasperado, o cerrarlo y olvidarse de él.
El niño y el maratón
Un texto del extraordinario libro Dibujos y fragmentos póstumos de Charles Baudelaire (Sexto Piso, 2012), pone al cartujo contra las cuerdas. Dice el poeta:
“Todo periódico, de la primera a la última línea, no es más que un tejido de horrores. Guerras, crímenes, robos, impudicias, torturas, crímenes de príncipes, crímenes de naciones, crímenes de particulares, una embriaguez de atrocidad universal”.
Entre Sara Montiel y Manuel Acuña
Una saeta desinfla las suspicaces consideraciones del cartujo sobre el Premio Internacional Manuel Acuña de Poesía en Lengua Española —convocado por el gobierno del Estado de Coahuila— cuyos pormenores se darán a conocer este martes en el Museo de la Medicina Mexicana en un acto encabezado por Rubén Moreira Valdez, quien nada de a muertito frente a la monumental deuda de su entidad, inefable legado de la administración de su hermano y predecesor Humberto, perseguido por la mala fama y la tragedia.
El discreto encanto de Volpi
Pasan los días y el cartujo no sale de su asombro. En vez del beneplácito unánime por el nombramiento de Jorge Volpi como Director General del Festival Internacional Cervantino, por aquí y allá surgen las críticas, las voces discordantes, alentadas, tal vez, por la incomprensión, el resentimiento, o esa serpiente llamada envidia.
Los maestros y el mar
El cartujo se conmueve con el sonido del mar. Lo escucha mientras reza el santo rosario en un balcón frente a la playa de Icacos, el último de sus refugios para estos días de guardar.
Al terminar, se pone la capucha y sale a la calle. Lo asustan los gritos y las risas de los jóvenes sobre la Costera Miguel Alemán, sus atrevidas caricias. No puede verlos sin sentir la brutal amenaza del pecado en su carne débil.
El filósofo declara
En lo alto de un árbol, sentado sobre una poderosa pero crujiente rama, el cartujo se transforma, pierde el decoro y, con los ojos apretados y la boca abierta, deja escapar una imponente carcajada.
En el monasterio, los monjes la escuchan y caen de rodillas, esa algazara parece provenir del Infierno y, sin embargo, no es sino el efecto de la lectura de El filósofo declara, la segunda obra de teatro de Juan Villoro, elogiada aun por los críticos más severos en su temporada inaugural en 2011.
La voluntad de Dios
Inoportuno, en el refectorio el cartujo rompe el silencio monacal con una risa veloz y sibilina. Todos voltean a verlo con enfado, él se sonroja y baja la cabeza. La noticia de la elección de José Mario Bergoglio como sucesor de Benedicto XVI lo ha hecho recordar un chiste indecente:
Un argentino se encontraba haciendo el amor con su novia, en el momento más ardiente ella grita:
—¡Ay, Dios mío!
Satisfecho y comprensivo, él le dice:
—Bueno, en la intimidad me podés decir Arturo.









