Andar al volante en una ciudad como Monterrey no son gordas de harina. Vivimos en una ciudad de jerarquía hostil. El más amolado es el peatón, luego el ciclista, el motociclista y el conductor de un vehículo pequeño. Llevan mano (es un decir) los conductores de vehículo ajeno, los choferes de camiones del transporte urbano y los traileros.
Otra vez el agua
Después de unos días en los que la lluvia hizo retroceder el fantasmón de la sequía, al menos temporalmente, el asunto del abasto de agua para Monterrey vuelve a los despachos noticiosos con varios apuntes nacidos en Veracruz y en Tamaulipas.
Primero, movidos por quién sabe qué oscuras causas, pobladores del municipio de Pánuco (en Veracruz) y del Consejo Ciudadano del Agua del Pánuco, salieron con que rechazan que Monterrey tome agua del río homónimo, y los primeros dijeron que llevarían el caso a una controversia constitucional.
Una carrera con valor
Este sábado le di una patada a la modorra, me levanté temprano (bueno, como a las siete) y salí junto con Maribel y César rumbo a la carrera del Centro Especializado en Asesoría y Terapia del Habla, en donde se atiende a pequeños con algunos problemas de comunicación, con dificultades para hablar o escuchar, o con algunas otras desventajas.
No era una carrera endiablada como las que acostumbra Maribel, que a veces ya considera un maratón como un entrenamiento. Tampoco era una carrera de alta competitividad. Era una carrera de menos de tres kilómetros, más un símbolo que una competencia.
¿Pierden los transportistas?
Empezaron con un desplegado. En él decían que han cumplido con todos los acuerdos y peticiones del Gobierno, pero que a cambio, están hundidos en la incosteabilidad. Sacan una cifra que apantalla por la precisión: por apoyar al Gobierno en los transbordos han sacrificado sus utilidades en 29 millones 730 mil 897 pesos.
Lecturas de un domingo panista
Llegó el cinco de mayo y llegó para los grupos del PAN la hora de medir fuerzas no contra los franceses, sino unos contra otros. El botín del singular combate no era, ¡pardiez!, la libertad de un pueblo. Era algo más prosaico e inmediato: el control del Consejo Estatal del partido, que unos ven como un botín algo apaleado pero otros defienden como aún deseable.
Qué discurso tan sensacional
Ayer, mientras devoraba una deliciosa brocheta de camarones en compañía de varios buenos amigos, alguien mencionó cierto discurso que había pronunciado más temprano Barack Obama como parte de su visita a México.
Con la pena, debo reconocer que el hecho me había pasado de noche, pero algo me dijo que debía recuperarlo, así que entre mordida y mordida, busqué en el smartphone el texto que pronunció el presidente de Estados Unidos y empecé a traducirlo en voz alta.
Y sigue la discusión...
El Fondo Metropolitano fue uno de los temas que trató anoche Héctor Benavides en su programa Cambios, y aunque lo escuché de modo intermitente, fue suficiente para darme cuenta de que el alegato sigue, con el agravante de que se repiten posturas que yo creía rebasadas.
La peor sequía
Encima del techo de mi casa hay una silueta negra que recuerda otros tiempos. Es un tinaco, un enorme cilindro de plástico negro que hoy está desconectado de mis tuberías, pero que en otros días más apremiantes me sirvió para poder bañarme, para usar el sanitario, para beber un agua que no circulaba por las tuberías.
Aquellos eran años secos. No teníamos aún las aguas de El Cuchillo, y ya los caudales de La Boca y de Cerro Prieto eran insuficientes. Recuerdo en las noticias cotidianas imágenes desoladoras: colonias de precaristas literalmente asándose bajo un sol implacable y sin agua.
El Fondo no tiene fondo
La disputa sobre la gestión del Fondo Metropolitano no se enfrió ni con la llegada ayer de un frente frío. Los alcaldes panistas de la zona conurbada volaron a la capital para llevar allá su alegato de que les arrebataron dinero que era de ellos, o más bien de sus alcaldías.
En Monterrey, algo más tranquilos porque el calor cedió aunque sólo sea un par de días, en la oficina del tesorero Rodolfo Gómez Acosta hay algo de inquietud.
¿Se robó alguien el Fondo Metropolitano?
Hace siete años el Gobierno Federal inventó un mecanismo para apoyar el desarrollo de las zonas metropolitanas del país. El primer Fondo Metropolitano (2006) tenía una bolsa de mil millones de pesos, que ha ido creciendo hasta rebasar este año 8 mil 616 millones de pesos.
Para NL, la participación de 2013 anda por los 759 millones de pesos, que si bien no alcanzan para todo, sí sirven de mucho para quien les pueda meter mano. La pregunta es quién debe manejar esos recursos: ¿el estado o los municipios?